domingo, 26 de agosto de 2007

El Morenito

Hay sucesos en este maravillosomundo que sólo pueden calificarse de extraordinarios o espectaculares. Sucesos que transcienden sus coordenadas originales espacio-temporales y si no se encuentra una explicación racional a los mismos terminan teniendo la catalogación de leyenda, mito o -es el caso que nos ocupa- milagro. Milagro, según el diccionario de la RAE, es un hecho sensible, superior al orden natural, debido al poder de Dios. Por tanto, un milagro, en garbanzos y chícharos, es lo que ha sucedido en cierto hospital de Bormujos con una señora de ochenta y siete años, que se dice pronto, llamada Carmen Navarro Cansino. Esta señora, de la que les he hablado en mi anterior escrito y que, por más señas, es abuela de este humilde juntaletras, sufrió, en su cerebro, entre el lunes y el sábado de la pasada semana, cinco, repito, cinco infartos. La situación no ha sido grave sino crítica hasta el punto que la medicina no podía hacer más por ella. Allí, física y espiritualmente, hemos estado todos los realmente importantes en su vida y las muestras de interés por su estado han sido constantes por parte de personas que, sin conocerla, han llegado a quererla gracias a testimonios directos. Ahora bien, el hecho que, a mi juicio, ha sido determinante en su recuperación sucedió el pasado domingo. Eramos conscientes por el repaso que, a su caminar, estábamos dando, de lo fervorosa y devota que era de El Morenito, como lo llama cariñosamente uno que tiene la inmensa fortuna de pasearlo por las calles de Castilleja de la Cuesta cuyo nombre es Miguel Rafael Llorente y a quien tengo la dicha de tener, no de amigo sino de hermano, en el sentido metafórico, claro está, del término... Y no estaba allí de manera presencial. Así que, se buscó una imagen y se colocó sobre su cabecero. A las pocas horas la consciencia volvió a su ser y el reestablecimiento a esta hora es cuasi pleno. Casualidad o no, el detalle es cierto y convenía no dejarlo pasar por alto en estos tiempos en que por ser anticlerical se niega la capacidad de las personas de sanar por medio de su propia Fé, esa que ella no perdió porque tiene a su icono, que siempre la acompaña y, de alguna manera, le trasladó que aún no era su día para postrarse ante Él. Por cierto, de todo esto tuve certidumbre cuando me enteré que unos ángeles del Grupo Joven chorreón habían bajado del Cielo a traerle un precioso ramo de flores. La nota, parece ser, la firmaba simplemente Jesús del Gran Poder, con domicilio en su Iglesia de la Calle Real.

viernes, 17 de agosto de 2007

La abuela

Porque puede que nunca te lo diga si no lo escribo y porque quiero que el maravillosomundo lo sepa, por eso Abuela, emocionado, me siento ante el teclado para, en unas cuantas líneas, decir lo importante que eres para mi. Quizás no esté tan brillante como en otras ocasiones, quizás no alcance con mi humilde prosa a explicar, a contar que más que una Abuela, fuiste, eres y serás mi segunda Madre. Se que es la ley de la naturaleza que tengas que partir y espero que sea más tarde que pronto, pero no me resigno y se que tú tampoco lo harás. Has sido una luchadora y entregaras tu vida como todos lo haremos, cuando te llegue la hora, mirando a la que no quiero nombrar serenamente, consciente de que no hiciste mal a nadie y de que te toco vivir un tiempo que no era el tuyo, consecuentemente con tu manera de vivir, sí, vivir, eso tan bello que hacemos todos pero que algunos se resisten a dejar hacer a los demás, libre, apasionada de su familia y de su pueblo, de su Calle Real y de su Betis, de su casa, esa a la que no dejas de ir ningún día por más que haga casi veinticinco años que no es donde vives. Por donde empezar. Son tantos los sentimientos que se agolpan en mi ser. Cariño, ternura, pasión, rabia e impotencia, amor (mucho). Confieso que estoy llorando, no puedo hacerme a la idea de una vida sin ti. Son tantas las cosas que le han pasado últimamente a tu niño y que tu has podido ver. Son tantos los secretos que hemos compartido. Me he enamorado, me voy a casar. Sabes Abuela, sigo teniendo miedo cuando duermo solo, pero hasta en eso, tu me vas a ayudar hoy, porque como estas en el Hospital, ese sitio en el que entras muy pocas veces y del que sales asombrando por tu fortaleza, voy a dormir esta noche junto a ti, una vez más, aunque ahora seré yo quien te vele, huyo de la oscuridad de ese unifamiliar tan grande donde habito, así, Pilar, podrá ir a tomarse ese descanso que tanto merece de este pesado, que no quería ir y he tenido que hacer algo que a ti no te gusta que haga (aunque mira que me los ha hecho veces a mi), mentir...le he dicho que te han dado el alta, porque puede que no lo sepas Abuela, pero de esta también vas a salir, vamos a salir y ella empuja como una nieta más. Doble infarto cerebral, uno el lunes, ese desmayo que te sentó en el escalón de tu zaguán y que te dio lo mismo porque seguiste con tu rutina, con tus desayunos de hotel, con tus siestas eternas y ese trasnochar ante la tele que mata a mi madre, con tus paseos Maternidad cuesta arriba hasta la calle Nueva y de allí al Carnerillo, para sentarte con tu sobrino Antonio en la tertulia de su zapateria de tu Plaza de Santiago; otro ayer, cuando nos fuimos a probar el menú del banquete. Abuela, aguanta, tienes que hacerlo, ayer ganamos el Carranza y lo mismo esta temporada no pasamos las fatigas de años anteriores (recuerdas que alegría más grande cuando fuimos campeones de Copa), pero sobre todo, tienes que hacerlo porque no va ser lo mismo traer al mundo ese biznieto que tu tanto anhelas si tu no estas. Vuelvo a tener lágrimas en los ojos. Se me amontonan los recuerdos. Abriguito de paño en la jornaita, desayunos en el Santamaría cuando se recogía nuestro Gran Poder, las veces que pusimos el himno cuando los de las tercibarradas verdiblancas les ganaban a los otros y como nos reíamos cuando, tomando el Sol en un banco, me enseñabas los números romanos en el campanario y las letras en la cartilla Palau, lo contento que me quedaba cuando se iban mis padres de viaje y nos sentábamos en la puerta al fresco antes de acostarme en la camita plegable...Y pienso que pueden esperar aún, ahí arriba, tu hermano el Puya y Manolito, tu hermana Dolores, tus cuñados Luis y Dolores la del aguador, tu Padre y tu Madre, Placidita, Conchita Vega, los Padrinos, Manolín y la tata Amparo...Y por más que ahora estés escuchando la radio de Encarnación a toda voz, no subas, no es tu momento. Te quiero Carmelita, te quiero Abuela.

lunes, 13 de agosto de 2007

Atardecer en Don Lorenzo

Ahora que tanto se habla de la vuelta a lo auténtico. Ahora que tanto se pregonan las bondades de la vida sana, del contacto con la Naturaleza, de vivir con los valores de antaño. Ahora, precisamente ahora, conviene recordar que hay regiones que nunca, NUNCA, abandonaron esa senda. Nuestros vecinos de maravillosomundo, sin ir más lejos, los de la azotea y eso, porque son gentes apegadas a sus ancestrales costumbres. Costumbres heredadas por vía genética. Costumbres que les hacen ser genuinos y fácilmente reconocibles. Costumbres recibidas con mimo de sus mayores. Mi abuelo, al que desgraciadamente tan poco tiempo tuve, era de allí, pacense por más señas de Segura de León, como mi abuela, como la mitad de mi sangre y, si es verdad que en el mestizaje está la riqueza, soy rico y no porque mezcle mi corazón Andalucía y Extremadura (que también), sino porque he sabido interpretar la voz de la dehesa, del campo, de ese inmenso trozo de Iberia que sigue siendo fiel a sí mismo, algo tan ajeno a nuestros días. Puede que por eso me encuentre tan inmensamente dichoso entre estos benditos catetos.
Tengo constancia del momento exacto en que sucedió. Estrenaba coche (y digo lo de estrenar si obviamos el importante detalle de que el vehículo en cuestión tenía dieciocho años) y para disfrutar un poco del artefacto, cafetera o molano (que con este extraño nombre conocemos en casa los chismes más propios para desguace que para circular) programamos una excursión a las raíces familiares. Padre, Madre y el firmante (después fuímos muchísimos más de los que tenemos mi segundo apellido). Allí, en ese concentrado habitáculo, recordando vivencias a lo largo de la corta hora y cuarto que duró el viaje, mientras caía desde la Cuesta de la Media Fanega a El Ronquillo en dirección, primero a Santa Olalla, luego Cala, Arroyomolinos, todo derechito por la carretera a Fregenal, pero sin llegar, que antes te para un Cristo abrazado a una Reja, allí, me reitero, sucedió. Gané una tierra como los Templarios de Tentudía, recuperé fantasmas de mi infancia, unos que habían marchado a buscarse, como tantos de ese lugar, los chícharos, andando sin mirar atrás, a conquistar otros amaneceres con un único patrimonio, sus manos. Allí, contemplando mientras tiritaba de frío, absorto por la sencilla belleza, la pétrea muralla de un Castillo que rasgaba el horizonte, entendí que mi alma también era segureña, y allí también, recibí el único legado que mis difuntos abuelos dejaron para sus nietos y que, por el momento que se sepa, sólo he recogido yo, la llamada de la tierra. Abuelo, Abuela, Tía Carmen, Tías abuela Isabel y Francisca, únicos Barrera con la dicha de ser nacidos donde tantos Conquistadores, este humilde juntaletras os escucha alto y claro, mirando el hermano Castillo de Medellín, desde este tibio estío de la Dehesa Don Lorenzo, Don Benito al fondo, el Sol perdiéndose entre las aguas del arroyuelo, justo ahora que atardece, seguid hablando donde quiera que estéis, seguid mirando por todos nosotros, decirle al viento que seguiremos luchando, como nos enseñasteis, por más que nos sople en la cara, por más que nos intente alejar de nuestra cuna, porque somos, ahí es nada, EXTREMEÑOS.

domingo, 5 de agosto de 2007

Silencio

Se lo ha dicho Diego, el de los Hermanos Reyes, a Calichi, Camarón de la Isla, que pasaba por allí, a Paco Toronjo y este a Antonio Mairena. El rumor tiene alborotá a media gloria. Cantiñean la Paquera de Jerez y su paisana, Lola Flores, con Manolo Caracol y el Pescailla. Rocio Jurado, que está escuchando y no da con su compadre Juanito Valderrama para que lo confirme, le dice a Estrellita Castro que le haga el favor de decirle a doña Concha Píquer -que usted sabe que no andamos bien las dos- que le pregunte a Antonio Machín si es cierto que llega. Bulería, tango, fandango, sevillana, alegría, soleá, martinete, copla, todos buscan a su hermana, que está rodeada de ángeles que la consuelan. Una madre, Carmelita, a la que acompaña el Tiquitá viejo, mira, por entre las nubes, a esa Plaza de Santiago donde hasta los naranjos callan tristes, mientras Leopoldito busca esa enorme llave -que abajo abría una carnicería y aquí menea el cerrojo de la cancela del cielo- para tenerla a mano, y, así, cuando llegue Rogelio, el chófer, con el taxi al que esta tarde le ha mirado el aceite Tortosa, el del taller, y Valencia de acompañante con él, estar preparados. Don Andrés Gaviño le ha encargado a Inés Rosales que prepare la merienda. Cortadillos, bizcochadas, polvorón y tortas de aceite con café de Abelardo. Simón, el del vino, a Joselito, el de los langostinos, por si se alarga. Don Rufino de los Reyes le ha mandado recado a don Rafael Bellido, el cura, para que tenga listo el recibimiento y lo ha apuntado en la libreta donde los tiene censados por orden de llegada...Y San Pedro, atónito ante tanta revolución, ha tenido que subir desde la portería a pedir silencio. Silencio, dicen que le dijo la chatita, ¿cómo el que se hacía el Viernes Santo cuando salía el Señor?. Sí, dicen que repuso este, silencio que acaba de llegar Luis Cabrera y viene cantando saetas.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Cuatromil y pico kilometros despues...

...Aquí estoy. Porque me gusta mi pueblo, mi gente, mi familia, mi casa. Aquí estoy. Porque no sé vivir de otra manera pero me gusta comparar como se vive en otros sitios. Aquí estoy. Porque viajar es un placer y, en mi caso -soy curioso- una necesidad. Aquí estoy. Porque tengo un vicio que es compartir mis pensamientos, los mios, con ustedes y lo echaba terriblemente de menos. Aquí estoy. Porque si las vacaciones son necesarias para desconectar como, en mi humilde opinión, soy un animal de costumbres aspiraba a volver a mi rutina vital. Aquí estoy. Porque aunque en muchos sitios nos sintamos como en casa, cada uno de nosotros sólo tiene una y te llama (aunque te vayas al último confín del maravillosomundo). Aquí estoy. Porque hay que dejar espacio para que a los que les gustan las mismas cosas que a ti, puedan ir a comerse ese helado que con tanto cariño te ponían junto al mar y que ya será de otro. Aquí estoy. Porque, que se le va a hacer, tampoco soy rico (en el sentido económico hablando) y hay que buscarse la vida. Aquí estoy. Prometo traer nuevos bríos, expresar mis opiniones personales acerca de lo que se me ocurra, o, me sorprenda. Aquí estoy. Cuatromil y pico kilometros despues.