martes, 30 de octubre de 2007

La realidad del tráfico en el Aljarafe

Fue la otra mañana, mientras iba en sentido contrario al atasco de las siete y lo que vi, me hizo caerme del santiaguino caballo blanco en el que andaba subido. Era una sucesión enorme de descerebrados egoístas, a uno por vehículo sin distinción de sexo, condición social o edad, que eran incapaces de perder el urbano hábito de llegar a aparcar a la puerta de su trabajo, con lo que, de repente, noté como sería inútil todo esfuerzo administrativo que no fuese acompañado por uno de cada individuo allí presente. De nada servirían ni las ampliaciones de las autovías, ni las futuras rondas de circunvalación, ni la creación de carriles específicos. No serían solución ni siquiera el metro, ni el teleférico, ni la recuperación de las viejas estaciones ferroviarias del anillo de cercanías porque no era, en su totalidad, un problema estructural. Era un problema de civismo y, estupefacto, atónito, perplejo si prefieren, comprendí que, mientras en la cabeza del personal no anide la idea de que la solución es el transporte público, dará lo mismo cualquier esfuerzo del gobernante que sea porque las cuentas son claras: cincuenta personas metidas en un autobús ocupan menos que cincuenta coches en fila.
Y es que somos muy cómodos y todo lo demás son milongas, pamplinas, cuentos de la buena pipa y mentiras socialmente bien vistas. La cuestión es diáfana: ¿Seguimos echándole la culpa al Alcalde de turno, al Presidente de la Junta de Andalucía o a quien mande en Madrid, rompeolas de todas las españas o nos decidimos a cambiar nuestro sino con una solución tan simple como barata y eficaz? Piensenlo la próxima vez que estén atascados y, por extensión, encabronados.

viernes, 26 de octubre de 2007

Querido Al:

Te escribo estas letras desde un rincón del maravillosomundo que, ni sale, ni saldrá jamás en ninguno de tus documentales. Lo hago desde el convencimiento, desde la certeza más absoluta, de que no vas a leer esta carta. Lo sé, a fin de cuentas quien soy yo para decirte que leas esto o lo otro. Tú sí puedes, tú eres nada más y nada menos que un ex-vicepresidente de los Estados Unidos, país que no quiso adherirse al Protocolo de Kyoto en tu mandato. Aún así, perdona que me dirija a ti, no todos los días se puede dirigir uno a un señor que ha ganado un Nobel y, total, como sólo ha costado cuarenta kilitos de las antiguas y añoradas pesetas que te pases por Sevilla, he pensado, lo mismo tengo algún derecho de pataleo porque, a fin de cuentas, los cien kilos de pelas que te vas a llevar por colarnos las treinta mil copias de tu peli, los pagan con una parte de mis impuestos.
Trabajo en el transporte y soy de un pueblo que no tiene término municipal sin construir, hemos cambiado huertas por chalets. Me ducho con el grifo abierto todo el rato y, cuando me afeito, unas veces tiro la cuchilla a la basura con los restos de la cena, otras la meto con los botes de la leche o con las latas de conserva y las más, tengo tal lío de colores y de cubos que, directamente, la dejo sobre el lavabo y que mi santa decida. Como este detalle me pasan otros más.
Castiga mi conciencia, por ejemplo, el hecho de que no hagan autobuses que anden con aceite de la freidora y, por eso, cada vez que reposto en la gasolinera mi surtidor y yo, nos miramos culpables cuando intercambiamos los euros por gas-oil, pensando si lo mismo, esa simple y cotidiana transacción supondrá que, en un mañana que está ahí, ni sus hijas ni las que quiera Dios vengan a mi vida, podrán bañarse en verano en ese Zahara que nos trae locos, jugar en ese parque que han hecho en el Pinar de la Juliana o, simplemente, respirar sin mascarilla de oxígeno. Vivo atormentado. Me siento culpable y, eso que yo, no tengo una fábrica dedicada a la producción de zinc como tú. Eso tiene que ser terrible y te dejará sin comer, créeme, te entiendo, a mi me pasaría.
Otra de las cosas que me tiene descompuesto es que vivo en un adosado que sustituyó lo que en tiempos era campo. Entre asfalto y enlosado, la única tierra que se alcanza a ver es la de los arriates y algún que otro tepe de césped que, como conocerás, es necesario regar a conciencia para que no se seque. Justo a mi espalda tengo un campo lleno de estos, convertido en club de golf. Me he enterado que te gusta jugar así que, pásate una tarde de estas y echamos unos hoyitos si me dejan entrar, claro, al ir contigo, o con alguno de esos tíos de corbata de nudo gordo que van a ir a escucharte hablar, o con esos políticos de verdad de la buena, magníficos, que te han traído a España (perdón, no sabía como llamar a esta tierra contaminada) para que nos ilustres precisamente, sobre lo problemática que es tener una mansión de novecientos metros cuadrados, con un recibo de electricidad de treinta mil dolares al año. Justo como son las VPO aquí.
Pero lo que me tiene en un sin vivir es no haber visto tu largometraje: Una verdad incómoda. Qué mala es la gente. Como lo critican. Creeran que el Oscar se lo dan a cualquier cosa. Fíjate si tendrá mérito que el pobre de Scorsese se ha pasado toda la vida currando en Hollywood para sólo empatarte... Y eso que de trece hipótesis sólo nueve están pendientes de demostración científica.
En fin, no te molesto más. Ven cuando quieras o cuando puedas (si esto dura) pero, un consejo, no se te olvide el protector solar que aquí el sol pica a mediodía y lo único que te faltaba era quemarte.

domingo, 14 de octubre de 2007

No te cases

No te cases, esa es la frase que más escucho cuando, en cualquier conversación, expreso que estoy en capilla. No te cases, asiente incluso algunas veces su esposa o esposo, si se encuentra presente. No te cases, la cantinela que me parece sorprendente porque viene de personas de diferentes condiciones, maneras de ser y de sentir, procedencias, sexo... Y tanto escuchar la dichosita frase, me hizo pensar: ¿Qué es lo que querrán advertirme que sucede después de recibir el Santo Sacramento?.
Pero para eso no hay una respuesta tan unánime como sentenciosa es la frase con la que te avisan y, no la hay, porque de lo que te intentan apartar es del mal más grande que, a su juicio, tiene la vida en pareja: la convivencia. Y mira tú por donde, eso es lo que menos nos preocupa a Pilar y a mi porque juntos, llevamos conviviendo, prácticamente, desde el bendito día que nos conocimos y, a estas alturas, ya sabemos bien lo que ambos somos, lo que nos gusta, si tenemos un mal día sólo con mirarnos a la cara, lo superfluo y lo importante de nuestros respectivos caracteres, por lo que llegado el instante del sí quiero no habrá lugar a engaños ni por su parte ni por la mía, será, en garbanzos y chícharos, la gozosa continuación de nuestra amada existencia, esa que ciertos días es aburrida y otros una noria de pura locura.
Ahora bien, de lo que nadie te quiere separar, quizás porque esa es la parte más amable de las bodas y en la que mejor se lo pasan incluso los más escépticos del matrimonio, es de la ceremonia en sí y de su posterior festejo. No he escuchado aún a nadie decirme, no lo celebres y (esto es sintomático de lo frívolo en que hemos convertido un día que es menos especial que negocio) me parece que esa era la frase que más tendría que hacernos reflexionar: en que se ha convertido este día para la pareja que se desposa.
Podemos empezar distinguiendo entre enlace civil o religioso. La cuestión no es baladí. Si decides que tus creencias son primordiales y que quieres ponerlas por delante en tu tabla de prioridades, prepárate. Cursos prematrimoniales eternos donde parejas como la tuya se someten al lavado de cerebro que te dejará apto para poder arrodillarte esa fecha junto al altar. Papeleo con curas que creen que, en la tierra, la justicia divina son ellos y que te hablan desde una superioridad tal que te sientes mala persona sólo por dudar entre tal o cual mandamiento o, simplemente, por querer poner determinada flor en la Iglesia que, por si te quedaba duda, es su casa y no la de todos los que creéis en Dios. Después viene elegir donde quieres servir el banquete y ahí, empequeñeces con unos precios que te hacen entender porque quien tiene la opción, vende en exclusiva su boda al medio de comunicación que quiera comprarla. Vestirse tampoco es barato precisamente. Alguien podría explicar por qué cuesta lo que cuesta un vestido de novia. Las fotos y el vídeo para que comentar... Y las invitaciones. Coches de época, presentes para los invitados, autobuses (sí, que ahora tienen la culpa los novios que se controle la tasa de alcoholemia en las carreteras), quienes son los invitados y como se sentaran, mil y un matices que no se te pueden escapar antes de merecerte esa luna de miel que es el colofón a tanta parafernalia.
Por eso, queridos amigos, no te cases no es la frase con la que podéis ahorrar sufrimiento a quienes ya han decidido que lo harán. La frase que puede suponer que se casen más o menos pendientes del euribor o es no lo celebres, se lo dice uno que lo tiene clarísimo.

viernes, 12 de octubre de 2007

Alfonsito

Allí donde se cruzan los caminos -que diría Sabina- de Castilleja de la Cuesta y Gines, allí donde con esfuerzo, cada mañana, una familia abre un portalón de metal, bicolor por más señas, justo en ese recóndito rincón del maravillosomundo, quizás porque así son los pequeños milagros que cada día suceden o quizás, porque el don que recibió ese lugareño tenía la denominación de origen del olor a aceite, pero no precisamente del aceite con que se hacen las tortas; allí, desde hace una vida, que no es poco, habita un ciudadano que se dedica, simple y llanamente, al oficio de mecánico o, eso cuenta él, que lo que los demás pensamos es cosa bien diferente y distinta. Le ha metido mano a las entrañas de los coches de medio pueblo -pequemos por defecto en esta ocasión- y no ha puesto todavía fabricante alguno carburador, bujías, embrague o motor que se le resista. Lo ha hecho y lo va a seguir haciendo porque, aunque ahora le haya alcanzado esa señora que desde que enganchó su primera llave inglesa le amenazaba y que, finalmente, lo ha metido en esa caja de herramientas que es, para genios como él, aún bien activos, la jubilación, a este señor lo parieron con su mono azul y con el deberían de amortajarlo. Ahora bien, si no lo amortajan con esa indumentaria, tampoco estaría mal que lo hiciesen vestido de época, con ese sombrerito de paja que gasta de vez en cuando, americana con chalequillo, pantalón bombacho y zapatos relucientes y si en vez de requiems tocan charlestones o ruje en su honor esa sinfonía de motores que tan bien sabe afinar, no nos vamos a extrañar porque, y ese es el mérito, es el mejor restaurador de vehículos antiguos de la mitad de España que elijan...y además los colecciona. Son sus otros hijos desde Ford a Citroen, BMW a Mercedes, Chevrolet a Cadillac, Fiat a Rolls, no ha habido modelo que rescatase de donde los demás sólo veíamos chatarra amontonada, no ha habido reto lo suficientemente difícil, no ha habido pieza que aunque no existiese no fuese capaz de poner en sus creaciones.
Por eso, es un ejemplo. Por eso, amen de por ser fiel a su público hasta el punto de no querer especular con un patrimonio que lleva mucho sudor entre grasa y tornillos, muchas horas quitadas a su vida particular, mucho desprendimiento y mucho amor a lo que se hacía y como a estas cosas no se les puede poner precio, él nunca lo hace. Su pago es pasear con su nieta en su biscuter, llevar a la hija del amigo del alma a la puerta de la Iglesia donde se despose, ir a esa concentración con su joya rodando por la carretera entre oles de admiración y miradas de envidia sana, repartir cariño entre sus conocidos pero sobre todas las cosas, su pago es el orgullo con el que la gente de un pueblo entero le reconoce cuando dice donde quiera que ve un coche de época, ese coche es de mi paisano Alfonso Cháves, Alfonsito.

domingo, 7 de octubre de 2007

Con ojos de extraterrestre

Les voy a proponer un juego de agudeza mental, un acertijo. Imaginen por unos instantes que hay vida extraterrestre y que esta es inteligente. Imaginen que con un telescopio observan desde su planeta. Ven la siguiente escena. Un animal peludo camina a cuatro patas tirando de una correa, defeca y, justo en ese instante, el animal que le sigue detrás anudado a la misma cadena, se agacha y recoje la caca. La pregunta que les quiero plantear es la siguiente: ¿Cual de los dos seres, en una escala, creen que les parecería superior?. El que va delante, ¿no?.
Les he contado esta idea, que no es mía, porque es curiosa la percepción que de las cosas se puede tener según desde el prisma que se miren, porque es positivo intentar ver las mismas con una posición más distante, sin prejuicios, de manera imparcial pero sobre todo, porque pienso que no hay verdades absolutas y, últimamente, observo que desde los elementos más potentes que tenemos para propagar pensamiento, ideas, progreso, evolución en suma, lo único que recibimos es polémica, disputa, violencia, enredo. Les he contado esto porque me da pena que no haya respeto por nada, porque pienso que esta no es la sociedad que imaginaron nuestros padres y por la que lucharon junto a nuestros abuelos. Les he contado esto porque, a veces, me da por pensar si no son otros animales los verdaderos seres superiores de la naturaleza. Les he contado esto porque, simple y llanamente, en garbanzos y chícharos, me parece una mierda enorme que ni morirse en paz pueda un muchacho de veintidós añitos haciendo lo que le gustaba, que para defender unas convicciones haya que pegarle fuego a la fotografía de un señor, que tengamos que ver expuestas las vergüenzas de determinadas parejas quieran o no. Les he contado esto porque si ellos pueden, amparados en la libertad de expresión, deberían de escuchar, aunque sea desde este humilde rincón del maravillosomundo y muy de vez en cuando, que hay un señor que cuando, porque no le quedan más cojones (con perdón), les ve, siente ganas de ser perro.