viernes, 17 de agosto de 2007

La abuela

Porque puede que nunca te lo diga si no lo escribo y porque quiero que el maravillosomundo lo sepa, por eso Abuela, emocionado, me siento ante el teclado para, en unas cuantas líneas, decir lo importante que eres para mi. Quizás no esté tan brillante como en otras ocasiones, quizás no alcance con mi humilde prosa a explicar, a contar que más que una Abuela, fuiste, eres y serás mi segunda Madre. Se que es la ley de la naturaleza que tengas que partir y espero que sea más tarde que pronto, pero no me resigno y se que tú tampoco lo harás. Has sido una luchadora y entregaras tu vida como todos lo haremos, cuando te llegue la hora, mirando a la que no quiero nombrar serenamente, consciente de que no hiciste mal a nadie y de que te toco vivir un tiempo que no era el tuyo, consecuentemente con tu manera de vivir, sí, vivir, eso tan bello que hacemos todos pero que algunos se resisten a dejar hacer a los demás, libre, apasionada de su familia y de su pueblo, de su Calle Real y de su Betis, de su casa, esa a la que no dejas de ir ningún día por más que haga casi veinticinco años que no es donde vives. Por donde empezar. Son tantos los sentimientos que se agolpan en mi ser. Cariño, ternura, pasión, rabia e impotencia, amor (mucho). Confieso que estoy llorando, no puedo hacerme a la idea de una vida sin ti. Son tantas las cosas que le han pasado últimamente a tu niño y que tu has podido ver. Son tantos los secretos que hemos compartido. Me he enamorado, me voy a casar. Sabes Abuela, sigo teniendo miedo cuando duermo solo, pero hasta en eso, tu me vas a ayudar hoy, porque como estas en el Hospital, ese sitio en el que entras muy pocas veces y del que sales asombrando por tu fortaleza, voy a dormir esta noche junto a ti, una vez más, aunque ahora seré yo quien te vele, huyo de la oscuridad de ese unifamiliar tan grande donde habito, así, Pilar, podrá ir a tomarse ese descanso que tanto merece de este pesado, que no quería ir y he tenido que hacer algo que a ti no te gusta que haga (aunque mira que me los ha hecho veces a mi), mentir...le he dicho que te han dado el alta, porque puede que no lo sepas Abuela, pero de esta también vas a salir, vamos a salir y ella empuja como una nieta más. Doble infarto cerebral, uno el lunes, ese desmayo que te sentó en el escalón de tu zaguán y que te dio lo mismo porque seguiste con tu rutina, con tus desayunos de hotel, con tus siestas eternas y ese trasnochar ante la tele que mata a mi madre, con tus paseos Maternidad cuesta arriba hasta la calle Nueva y de allí al Carnerillo, para sentarte con tu sobrino Antonio en la tertulia de su zapateria de tu Plaza de Santiago; otro ayer, cuando nos fuimos a probar el menú del banquete. Abuela, aguanta, tienes que hacerlo, ayer ganamos el Carranza y lo mismo esta temporada no pasamos las fatigas de años anteriores (recuerdas que alegría más grande cuando fuimos campeones de Copa), pero sobre todo, tienes que hacerlo porque no va ser lo mismo traer al mundo ese biznieto que tu tanto anhelas si tu no estas. Vuelvo a tener lágrimas en los ojos. Se me amontonan los recuerdos. Abriguito de paño en la jornaita, desayunos en el Santamaría cuando se recogía nuestro Gran Poder, las veces que pusimos el himno cuando los de las tercibarradas verdiblancas les ganaban a los otros y como nos reíamos cuando, tomando el Sol en un banco, me enseñabas los números romanos en el campanario y las letras en la cartilla Palau, lo contento que me quedaba cuando se iban mis padres de viaje y nos sentábamos en la puerta al fresco antes de acostarme en la camita plegable...Y pienso que pueden esperar aún, ahí arriba, tu hermano el Puya y Manolito, tu hermana Dolores, tus cuñados Luis y Dolores la del aguador, tu Padre y tu Madre, Placidita, Conchita Vega, los Padrinos, Manolín y la tata Amparo...Y por más que ahora estés escuchando la radio de Encarnación a toda voz, no subas, no es tu momento. Te quiero Carmelita, te quiero Abuela.