domingo, 2 de septiembre de 2007

Sobre la caja tonta

Nos toman por tontos, tiene que ser eso, porque si no no se entiende. ¿Qué quien? Las productoras y cadenas de televisión, sí, esos entes cuyo único fin es darnos entretenimiento entre anuncio y anuncio, entre intento de venta e intento de venta, porque para ellos, me reafirmo, no somos teleespectadores, gente que merece ver contenidos de calidad, no, sería pensar un uso coherente del medio más potente ideado jamás, no, me reitero, somos bolsillos deseosos de adquirir, carteras impulsivas, compradores sin más.

Por qué pienso esto. Vaya por delante que no soy un consumidor tenaz y persistente de TV pero, que quieren que les diga, tiene uno sus manías y una de ellas es comer con el aparatito encendido porque, el hecho es ese, el cien por cien de los hogares que conozco en este maravillosomundo, tienen la mesa de la sala frente al mismo, y esto hacía cuando sucedió...

Buscaba, entre canal y canal, programas de cocina, mi último vicio, un vicio didáctico convendrán conmigo y, sin avisar, en la Sexta, aparecieron ellos y ellas (no se me enfaden los aniquiladores del género neutro), los protagonistas de la serie SMS (otro día escribiré sobre como los anglicismos se nos han metido en la vida amenazando un idioma que es vehículo de comunicación común de dos continentes al menos), rozando, quien no la supera, la treintena; interpretando, seré condescendiente, personajes adolescentes. Sobre la idea en si lo mejor que se puede decir es que no es nueva, ni es original de aquí. Empezaron los americanos, que yo recuerde, con Sensación de vivir, luego la trajeron a España con Al salir de clase -estoy puesto, verán- y, me temo, pese al fracaso que les auguro y deseo, la copiará algún otro lumbrera más aunque a su espectador final no le interese lo más mínimo, creánme si les digo esto, trabajo con adolescentes. El caso es que me quede a verlos. Mucha minifalda, escotes de vértigo, modelos en vez de actrices, ni una fea objetiva (esta teoría prometo explicarla con más detenimiento) y en ellos, igual, pero en guaperochachitas de pelo despeinado de peluquería, vaqueros y camisetas desgastadas de Zara y cuantos estereotipos quieran poner.

Si entendemos por noticia que el amo muerde al perro aquí no hay noticia. Más de lo mismo. Como las otras veces, lo cotidiano: a uno lo meten en el talego, otro ha salido de un reformatorio, los demás quieren tener un grupo de pop, gerencian un bar donde se tiran horas con el mismo refresco y no lo cierran, el Instituto tiene taquillas como en la mili...

Y yo me pregunto, ¿por qué se empeñan en idiotizarnos? ¿es que no ven que eso no se lo cree nadie?¿tan faltos de imaginación andan?...O es que como a esa hora saben que nadie ve la caja tonta, llamésmola así aunque los tontos seamos, en este caso, nosotros por verla, ponen esta cosa para llenar espacio.

La ficción nacional, últimamente, destacaba por su frescura y las series habían conseguido enganchar al común de los mortales por su gracia e interés al recrear los temas que cualquiera podía vivir. California no es Andalucía. No copien más. No cuela. Nos interesa muy poquito lo que le pase al tal Brandon y a la tal Jennifer, aunque les cambien el nombre. No somos unos desmemoriados. Respeto.