sábado, 15 de septiembre de 2007

Consideraciones desde Motril

Dios tiene un plan universal para todos. A mi, en concreto, me dio dos hermanas y ningún hermano. ¿Por qué? Está claro, tenía pensado enviarme, con la bendita providencia, al mejor de los compañeros para toda la vida. Se que no es ni el más listo, ni el más guapo. Se que le acompañan defectos pero a mi me da igual. Tiene una virtud que le hace el más especial, es fiel, además de considerado, tiene buen fondo vaya. Es mi hermano Pepe.
Mi hermano Pepe tuvo la fortuna de encontrar pronto compañera para su caminar diario: Montse. Se conocieron cuando ambos tenían quince años y desde entonces no se han separado. Han sido muchas las dificultades que han tenido que superar pero todas han sido sorteadas con la ayuda de ese escudo protector que tienen las personas que se aman y, ellos se aman con locura.
Dios, repito, tiene un plan universal para todos y, por eso, las cosas no suceden porque sí. Hace algunas lunas, se presentaron en casa. No fue la visita acostumbrada, la visita de cortesía, la visita del café y tertulia. Esta vez, tenían noticia. Serán padres y querían comunicarnos lo que, entre nosotros, se había convertido en un pacto de honor. Ese retoño lo apadrinaremos Pilar y yo. Tamaño homenaje merecía un recuadro aquí, en este maravillosomundo que, a fuerza de querer hacer de todo el que se deje caer por estas letras, cada vez siento más mío y en el que cada vez me siento más feliz. Un mundo sencillo, de gente normal y corriente, de gente que tiene que trabajar duro para que le alcance donde otros están de salida, de gente con valores en esta sociedad que los pierde con la naturalidad con que caen las hojas de los árboles en Otoño. Un mundo donde se ve a los niños como cargas que te restan calidad de vida y no como ese futuro esplendoroso que serán. Un mundo que envejece sin remedio. A ese mundo vendrá un nuevo inquilino o inquilina quien sabe. Vendrá un vástago a una casa donde hay mucho de todo lo bueno, para que concretar, en la que siempre hay un hombro presto para que lo manches con tus lágrimas, un plato para comer o un sofá para echar la siesta. Una casa que estaba incompleta y que, ahora, tiene su tesoro, ese que será primo de una loca que lo busca en un vientre que siempre estuvo preparado para llevarlo y que, razones de una naturaleza a veces juguetona, hasta ahora no lo hace. Una casa donde viven tres familias, los Quirós, los Montero y la mezcla de ambos. Una casa donde hay tíos que se van a desvivir por el, o ella -dichosa guerra de géneros- y, donde no le van a faltar brazos amorosos, algunos desde ese huerto celestial que hay en la gloria y donde ya tiene un abuelo. Escribo esto mientras en Motril, ese remanso de paz que me atrae y me tiene atrapado, en una calle donde sólo suenan los ronquidos de cierto Práctico de Puerto, viejo lobo de mar varado a una costa preñada de buenas sensaciones, se ha detenido un coche con la radio a toda voz y, que curioso, canturrea Julio Iglesias La vida sigue igual. Así será.