viernes, 12 de octubre de 2007

Alfonsito

Allí donde se cruzan los caminos -que diría Sabina- de Castilleja de la Cuesta y Gines, allí donde con esfuerzo, cada mañana, una familia abre un portalón de metal, bicolor por más señas, justo en ese recóndito rincón del maravillosomundo, quizás porque así son los pequeños milagros que cada día suceden o quizás, porque el don que recibió ese lugareño tenía la denominación de origen del olor a aceite, pero no precisamente del aceite con que se hacen las tortas; allí, desde hace una vida, que no es poco, habita un ciudadano que se dedica, simple y llanamente, al oficio de mecánico o, eso cuenta él, que lo que los demás pensamos es cosa bien diferente y distinta. Le ha metido mano a las entrañas de los coches de medio pueblo -pequemos por defecto en esta ocasión- y no ha puesto todavía fabricante alguno carburador, bujías, embrague o motor que se le resista. Lo ha hecho y lo va a seguir haciendo porque, aunque ahora le haya alcanzado esa señora que desde que enganchó su primera llave inglesa le amenazaba y que, finalmente, lo ha metido en esa caja de herramientas que es, para genios como él, aún bien activos, la jubilación, a este señor lo parieron con su mono azul y con el deberían de amortajarlo. Ahora bien, si no lo amortajan con esa indumentaria, tampoco estaría mal que lo hiciesen vestido de época, con ese sombrerito de paja que gasta de vez en cuando, americana con chalequillo, pantalón bombacho y zapatos relucientes y si en vez de requiems tocan charlestones o ruje en su honor esa sinfonía de motores que tan bien sabe afinar, no nos vamos a extrañar porque, y ese es el mérito, es el mejor restaurador de vehículos antiguos de la mitad de España que elijan...y además los colecciona. Son sus otros hijos desde Ford a Citroen, BMW a Mercedes, Chevrolet a Cadillac, Fiat a Rolls, no ha habido modelo que rescatase de donde los demás sólo veíamos chatarra amontonada, no ha habido reto lo suficientemente difícil, no ha habido pieza que aunque no existiese no fuese capaz de poner en sus creaciones.
Por eso, es un ejemplo. Por eso, amen de por ser fiel a su público hasta el punto de no querer especular con un patrimonio que lleva mucho sudor entre grasa y tornillos, muchas horas quitadas a su vida particular, mucho desprendimiento y mucho amor a lo que se hacía y como a estas cosas no se les puede poner precio, él nunca lo hace. Su pago es pasear con su nieta en su biscuter, llevar a la hija del amigo del alma a la puerta de la Iglesia donde se despose, ir a esa concentración con su joya rodando por la carretera entre oles de admiración y miradas de envidia sana, repartir cariño entre sus conocidos pero sobre todas las cosas, su pago es el orgullo con el que la gente de un pueblo entero le reconoce cuando dice donde quiera que ve un coche de época, ese coche es de mi paisano Alfonso Cháves, Alfonsito.