viernes, 26 de octubre de 2007

Querido Al:

Te escribo estas letras desde un rincón del maravillosomundo que, ni sale, ni saldrá jamás en ninguno de tus documentales. Lo hago desde el convencimiento, desde la certeza más absoluta, de que no vas a leer esta carta. Lo sé, a fin de cuentas quien soy yo para decirte que leas esto o lo otro. Tú sí puedes, tú eres nada más y nada menos que un ex-vicepresidente de los Estados Unidos, país que no quiso adherirse al Protocolo de Kyoto en tu mandato. Aún así, perdona que me dirija a ti, no todos los días se puede dirigir uno a un señor que ha ganado un Nobel y, total, como sólo ha costado cuarenta kilitos de las antiguas y añoradas pesetas que te pases por Sevilla, he pensado, lo mismo tengo algún derecho de pataleo porque, a fin de cuentas, los cien kilos de pelas que te vas a llevar por colarnos las treinta mil copias de tu peli, los pagan con una parte de mis impuestos.
Trabajo en el transporte y soy de un pueblo que no tiene término municipal sin construir, hemos cambiado huertas por chalets. Me ducho con el grifo abierto todo el rato y, cuando me afeito, unas veces tiro la cuchilla a la basura con los restos de la cena, otras la meto con los botes de la leche o con las latas de conserva y las más, tengo tal lío de colores y de cubos que, directamente, la dejo sobre el lavabo y que mi santa decida. Como este detalle me pasan otros más.
Castiga mi conciencia, por ejemplo, el hecho de que no hagan autobuses que anden con aceite de la freidora y, por eso, cada vez que reposto en la gasolinera mi surtidor y yo, nos miramos culpables cuando intercambiamos los euros por gas-oil, pensando si lo mismo, esa simple y cotidiana transacción supondrá que, en un mañana que está ahí, ni sus hijas ni las que quiera Dios vengan a mi vida, podrán bañarse en verano en ese Zahara que nos trae locos, jugar en ese parque que han hecho en el Pinar de la Juliana o, simplemente, respirar sin mascarilla de oxígeno. Vivo atormentado. Me siento culpable y, eso que yo, no tengo una fábrica dedicada a la producción de zinc como tú. Eso tiene que ser terrible y te dejará sin comer, créeme, te entiendo, a mi me pasaría.
Otra de las cosas que me tiene descompuesto es que vivo en un adosado que sustituyó lo que en tiempos era campo. Entre asfalto y enlosado, la única tierra que se alcanza a ver es la de los arriates y algún que otro tepe de césped que, como conocerás, es necesario regar a conciencia para que no se seque. Justo a mi espalda tengo un campo lleno de estos, convertido en club de golf. Me he enterado que te gusta jugar así que, pásate una tarde de estas y echamos unos hoyitos si me dejan entrar, claro, al ir contigo, o con alguno de esos tíos de corbata de nudo gordo que van a ir a escucharte hablar, o con esos políticos de verdad de la buena, magníficos, que te han traído a España (perdón, no sabía como llamar a esta tierra contaminada) para que nos ilustres precisamente, sobre lo problemática que es tener una mansión de novecientos metros cuadrados, con un recibo de electricidad de treinta mil dolares al año. Justo como son las VPO aquí.
Pero lo que me tiene en un sin vivir es no haber visto tu largometraje: Una verdad incómoda. Qué mala es la gente. Como lo critican. Creeran que el Oscar se lo dan a cualquier cosa. Fíjate si tendrá mérito que el pobre de Scorsese se ha pasado toda la vida currando en Hollywood para sólo empatarte... Y eso que de trece hipótesis sólo nueve están pendientes de demostración científica.
En fin, no te molesto más. Ven cuando quieras o cuando puedas (si esto dura) pero, un consejo, no se te olvide el protector solar que aquí el sol pica a mediodía y lo único que te faltaba era quemarte.