martes, 26 de febrero de 2008

El debate

Se ha quedado parado un país entero viendo un debate político.
¡Albricias!.
Trece millones de personas delante de las pantallas.
Otro montón más escuchando por la radio.
Dos de los partidos que concurren a las elecciones generales, sólo dos, acaparando toda la atención mediática.
Ninguna de las otras opciones representada.
Parece ser que no hay nada entre la derecha y la izquierda.
En España, o eres de Zapatero o eres de Rajoy.
Hacía quince años que esto no sucedía.
Para que suceda han pactado decorado, tiempos, orden de las intervenciones, moderador, planos de realización.
Al final, lo de siempre: han ganado los dos.
Para los medios afines al PSOE, el Presidente.
Para los del PP, el Aspirante.
¿Cómo se medirá quién gana en estas cosas?.
¿Cual será el mecanismo con el que se cuantifica el resultado?.
Se imaginan un partido de baloncesto sin canastas.
Se imaginan un encuentro de fútbol sin porterías.
¿Quién ganaría?.
El objeto de estos espectáculos no se cual es si todos los que antes pensaban votar, tanto a uno como a otro, lo más seguro es que después sigan pensando lo mismo.
Es como el objeto de los mítines.
¿Para que sirve un mitin?.
¡Qué Nación!.
P.D.: Este texto está escrito exactamente del mismo modo en que se produjo el cara a cara: cada líder soltó lo que iba a soltar sin entrar a responder, contestar, debatir (pongan el término ustedes) lo que el otro le espetó.
En frases cortas para que el mensaje calara entre el electorado propio, repito, propio.
En mi pueblo, Castilleja de la Cuesta, casi todos pasamos del evento.
Lo sentimos.
Para ese viaje no necesitabamos alforjas.

sábado, 16 de febrero de 2008

Carmen, Iván y Sara

No voy a repetir lo que dijo el célebre político jerezano Pedro Pacheco sobre la Justicia en este país y, no voy a hacerlo, porque pienso que a lo que el andalucista quiso referirse, fue al ordenamiento jurídico y a quienes tienen la ineludible obligación de hacerlo cumplir. No voy a repetirlo pero -conste- pienso exactamente lo mismo.
Dicho esto, me parece vergonzoso lo que ha ocurrido en el episodio de la disputa por la custodia legal de una madre por sus dos hijos. Me parece vergonzoso que se haya recurrido, una y otra vez, hasta la muerte de la pobre señora, con el único fin de dilatar el proceso en el tiempo y eludir la condena que obligaba al pago a la Junta de Andalucía. Hablamos de casi trescientos millones de las caducas pesetas. Hablamos de un daño moral irreparable. Hablamos de como y por qué se le retiraron a una mujer sus dos vástagos. Hablamos de lo que es justo, de lo que no lo es y, eso es lo que -mismamente- me parece un cachondeo y, máxime, si tenemos en cuenta que, ahora, puede que quienes dispongan de los fondos sean los máximos beneficiados con la espera anterior. En fin, si para esto se promulgan leyes en esta España nuestra, creánme, a veces, más de las veces, pienso que mejor nos iría si cual jauja actualizada, cada paisano hiciese lo que le diese la gana que es, básicamente, lo que están haciendo algunos. Otro día, si quieren, les comento lo que me parece el perdón con la boca pequeña que han pedido quienes más daño han causado, los políticos de chichinabo que en esta Andalucía nuestra, aunque ellos crean que es suya, nos gobiernan.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Los músicos

La memoria, a veces, me retrotrae a momentos que han quedado grabados en mi alma. Sentimientos que, no por ser ajenos, dejan de inspirarme ternura. Uno de ellos golpea con insistencia mi mente cada miércoles santo. No es propio pero me lo he quedado para mi porque si lo recuerdo es porque estaba allí. No sucedió en un lugar de los llamados cofrades, no lo protagonizó más que un músico, un músico de una banda de pueblo o puede que varios, que más da. Cierro los ojos y sin el menor esfuerzo los veo y aunque los había visto antes, se que esa fue la primera vez que me tocaron la sensibilidad, que me emocionaron. Lo se porque no lo hicieron con ninguna marcha, ni caminando con ese arrastrar de pies y el porte erguido, de quien se sabe en poder de una clave esencial del tránsito de una cofradía en su estación a la Santa Catedral: lo hicieron con algo simple aunque grande por lo maravilloso, su ilusión por ir a tocar al Baratillo.
Atrás habían quedado las frias noches, noches de relente de invierno, de humedad metida en los huesos acarreando la corneta o el tambor entre los murmullos y los comentarios de un populacho cruel que se burlaba de los locos que se ponían a ensayar. Le habían dado la vuelta a toda la localidad desgranando repetitivamente notas y más notas, corcheas, fusas y semifusas. Habían perfeccionado su arte, un arte efimero porque el viento se lleva la música y porque su gloria es sólo de siete días, pero no se habían aburrido. De un frontón a un garage, patios, campos, calles... La grabadora siempre atenta con el piloto rojo encendido... Repeticiones, broncas, llantos, denuncias y llamadas cobardes buscando el anonimato de la queja telefónica. Luego esos mismos serían los primeros que les pasarían la mano por el traje para felicitarles o irían a buscar su saludo entre la muchedumbre para darse importancia ante amigos o compañeros de trabajo:
"Los conozco, ensayan junto a casa".
Estaban allí aquella tarde de miércoles santo, aquel día era el que habían estado preparando todas sus vidas. Estaban, están y estarán siempre que vuelva allí cada año en ese día. Son los músicos de la Plaza con su inconfundible Tiquitá al frente y se están tomando ese café del Marengo antes de montarse en un autocar de Manolito Ruina camino de Sevilla: Jesús de los Remedios, eso se leía en el parabrisas. Un orgullo, una proclama. Jesús de los Remedios, el mismo que ha entrado, junto a la Rábida, por la autopista en Huelva, a asomar curioso en las cuestas de albero de Alcalá de los panaderos o en la misma mezquita de Córdoba. Jesús de los Remedios, el emblema, la seña de identidad de unos dementes de hacer sonar bien que ese día, me enseñaron que siendo constante, no desanimándose, preparándose, llega tu hora.
Aquel día, aquellos a quienes había visto detrás de un borrego en una banda infantil, gente que había crecido conmigo, recogieron el testigo de la vieja guardia, los que fueron con San Gonzalo o la Estrella. Aquel día, la calle Adriano fue más de mi pueblo que nunca y mirando para el cielo, entre los edificios y casi oculta la luz del Sol por la arboleda, desde ese cerro alto donde hay una Casa-Palacio y allí murió Hernán Cortés, donde huele a polvorón y cortadillo de cidra, una corneta y un tambor sonaron eternamente para gloria de Castilleja de la Cuesta.

domingo, 10 de febrero de 2008

Viajar

A mi me encanta viajar, es más, estoy deseando permanentemente hacerlo. Meter cuatro trapos en una maleta, montarme en el coche, en el tren, en el barco, en el avión e irme... donde sea, con mi cámara de fotos, con la guía de visita, con mi mujer, con mis amigos. Viajar es vivir. Viajar es mestizaje. Viajar es aprendizaje y riqueza, cultura y conocimiento. Mis suelas han pisado tres continentes, doce países, cientos de ciudades y de pueblos. He andado los caminos que llevan a Santiago de Compostela, peregrinando para postrarme ante el Santo Patrón de España. He visto como otros corrían delante de un toro en Pamplona, en sus célebres sanfermines. He descendido en Asturias, su rio Sella. Me he emocionado delante de unas pinturas rupestres en la cueva de Altamira cántabra. Tengo imágenes de las catedrales de Burgos, Toledo, Madrid, Valencia, Segovia. He disfrutado como un niño en Port Aventura y en Terra Mítica, vivido las noches alicantinas, barcelonesas, ibicencas y mallorquinas, tomado el sol en Tenerife, Formentera y la Costa Brava, esquiado en el Pirineo leridano y en la Sierra Nevada granadina. Me he ido de pinchos en el País Vasco. Me he sentado a cenar frente al Atlántico en el Algarve portugués. He almorzado en la Plaza del Comercio lisboeta y en el casco viejo de Oporto, de Aveiro o de Coimbra. En París y Moscú, me sentí revolucionario. En Londres, cosmopolita ciudadano del mundo. He oteado el horizonte desde el Empire State Building neoyorquino y me enamoré de Pilar en Praga. Me he bañado en los increibles Geller de Budapest y he tomado las aguas en Karlovi Vary. Me he liado con el cambio de los eslovacos, probado el café vienés y surcado Nilo, Danubio, Sena, Tamesis, Hudson, Guadalquivir, Neva de San Petersburgo... Y saben una cosa, estoy de acuerdo, completamente, como dijo Averroes, en que el hombre universal es del mundo y por el posee y abraza todos los mundos.

¿Catalanofobia?

Parece ser que hay por ahí algunos señores y señoras a los que mi escrito anterior no les ha hecho ninguna gracia, es más, les ha dado un coraje grandísimo. ¡Qué se le va a hacer!. Asumo que a todo el maravillosomundo no le voy a encantar y habrá quien piense que soy un gilipollas, como también habrá quien me adore. Lo que no tengo porque asumir es que se me insulte por defender un punto de vista. Eso no es democrático. Eso no tiene nada que ver con la libertad de expresión. La libertad de expresión es otra cosa que, a estas alturas, no tengo que explicar porque -espero- me dirijo a gente adulta, gente que tiene como bandera poder decir lo que piensa sin miedos pueriles ni cortapisas absurdos. Gente que piensa de una u otra manera, pero que es capaz de leer respetando lo que otros escriben y, en torno al tema catalán, hay multiples verdades pero ninguna es absoluta. Como en todo, vaya. Sólo me he limitado a contar una historia, una versión, la mia. Quien quiera puede hacerse un blog y contar la suya. Lo de ese domingo lo vi así. Lo del médico al que han echado de su puesto de trabajo en Gerona por no usar el catalán, lo veo igual. Lo de las entidades de defensa de las costumbres andaluzas que no recibirán ni un euro de la Generalitat porque esta no considera cultura sus actividades, tres cuartos de lo mismo. Puedo seguir, la lista de agravios es larga. ¿Catalanofobia?. Perdonen, me entra una risa tan floja como consideran por aquellos lares que somos nosotros, la gente del sur.