lunes, 28 de abril de 2008

Sobre la arquitectura de hoy

En el suplemento cultural de El País, William J.R. Curtis, escribía esto que, por su interés, me permito copiar. Lo suscribo punto por punto.

"La crisis del "star system".

La arquitectura en la actualidad corre el peligro de degenerar en un juego que se desarrolla con formas excesivamente complicadas e imágenes generadas por ordenador, cuando diseñadores y clientes atraen la atención sobre sí mismos con los llamados edificios "icónicos". Todo se hace para conseguir un efecto rápido y seducir a los políticos e inversores con gestos sensacionalistas en sintonía con la economía de la mercadotecnia, con la privatización, con los intereses fugaces del capitalismo global y con la "sociedad del espectáculo". Como es habitual, la arquitectura también se emplea para ocultar e idealizar las maniobras y maquinaciones del poder político y financiero. Pero los grandiosos proyectos resultantes a veces no funcionan adecuadamente, chocan con su contexto y cuestan una fortuna en mantenimiento. Ahora tenemos el juego "icónico" en el que promotores y arquitectos intentan argüir que sus proyectos sobredimensionados aportan "identidad" a esta o aquella ciudad, una afirmación absurda cuando se trata de lugares centenarios. El lenguaje de los gabinetes estratégicos se usa para comunicarnos que ahora la arquitectura es una "marca" para vender una cosa u otra en el mercado global: todo, vino, arte, moda o propaganda de dictaduras. En este ambiente de promoción sorprende poco que se haga tanto hincapié en la imagen seductora y virtual a costa de la realidad construida. Muchas operaciones de construcción a gran escala no son más que paquetes de inversión internacional. Aportan pocos indicios de preocupación social o local, aunque esté de moda limitarse a unos pocos molinos de viento para demostrar que se piensa en el medio ambiente. Como las imágenes efímeras que tililan en la pantalla de un ordenador, el proyecto arquitectónico corre el riesgo de verse reducido al nivel de las superficies y los efectos fugaces.

El llamado "efecto Bilbao" ha sido una bendición de doble filo para la arquitectura. Los alcaldes están ahora sometidos a la ilusión ingenua de que sus ciudades sólo tienen que construir grandes proyectos de manos de arquitectos estrella para garantizar el "prestigio". Lamentablemente, en lugar de producir edificios funcionales, sólidos y bellos, varios miembros del star system, algunos de ellos ganadores del Premio Pritzker (al que absurdamente se hace referencia como el Nobel de la arquitectura) generan diseños arbitrarios y ostentosos sin sustancia perdurable: una arquitectura de gestos vacíos y formas complicadas en exceso que no entrañan un verdadero significado. El mismo Pritzker se usa como una "marca" que supuestamente garantiza superioridad, pero esto sucede en el mismo momento en que la cantidad se impone a la calidad. La arquitectura contemporánea sufre de una hiperinflación que combina una deliberación precipitada del diseño, estudios excesivamente grandes y una producción de vía rápida. Hay un riesgo real de que los arquitectos produzcan caricaturas de su propio trabajo en el "mercado". En este sistema, la arquitectura pierde el alma y se vulgariza como una forma de publicidad. ¿Necesitamos de verdad más museos como parques temáticos, aeropuertos faraónicos que no funcionan o rascacielos con formas vagamente fálicas? La arquitectura tiene objetivos más serios que perseguir, ya que debe servir a la sociedad y a la cultura a largo plazo, contribuyendo de manera positiva tanto a la ciudad como a la naturaleza. "
William J.R. Curtis nació en el Reino Unido, en 1948 y ha publicado en la editorial Phaidon La arquitectura moderna desde 1900.

lunes, 21 de abril de 2008

De profesión: tertulian@ progre

A los que nos gusta escuchar la radio se nos suele catalogar según la emisora que oigamos. Un poné: Que eres oyente de la COPE, eres un rancio, carca, facha y demás lindos epítetos. Que eres de Onda Cero, eres de derechas. Que de la SER. Eres un tío que gusta de la opinión veraz, de estar bien informado y patatín patatán... Hay más dial, claro está. Radio Marca, Canal Sur, las radio fórmulas, RNE... (aunque a estos últimos, la verdad, oírlos, lo que se dice oírlos, los oyen, barberos, taxistas de más de sesenta tacos y cuatro espécimenes por el estilo).


La clasificación, como habrán notado, es subjetiva, interesada y parcial, tela de parcial. Conclusión, personal e intransferible, a la que llego luego, de tardes y tardes, de escucha paciente, sosegada, calmada y desapasionada de un programa del que, si no me borro, es, porque creo, que lo que tienen que hacer los dueños de la cadena, los de la ONCE, es borrarlos a ellos y como sé que, al final, recapacitarán y notarán que no pegan en el conjunto de su programación ni con cola y, entonces, los pondrán en la colita del paro o, directamente, en su Ca-ta-lu-ña de su corazón, espero, tranquilo, para no tener que esforzarme en sintonizar, acostumbrarme a otros soniquetes y, sobre todo, para no pasarme a otro punto del dial en el que, insisto, según su manera asquerosamente bastarda de sesgar la verdad, estaríamos los que no pensamos como ellos. Les hablo del magazine de Julia Otero. Les hablo de Pilar Rahola y de Juán Adriansens o como se escriban los apellidos de ambos y, la verdad, todavía no entiendo como, siendo tan conscientes de todo eso que les he contado y que inventaron esos campeones de etiquetar que son los progres, o sea, ellos, reitero, no entiendo, que hacen trabajando en ese medio tan poco afín a su manera de ver el maravillosomundo. ¿Será que no somos tan de derechas quienes estamos al otro lado del altavoz?. ¿Será que, en ese espacio de las ondas, caben más que en otros más manipulados?.


Como sé -no es mi objetivo- que me pueden contestar, les diré que si me tachan de xenófobo por lo de Ca-ta-lu-ña, me resbala, pues, a los catalanes, los considero tan españoles como a mi mismo. Si de fascista, que a mis escritos me remito. Si de machista, que no me dirijo a una mujer sino a un profesional, sin género, de las ondas y si de homófobo -hay que ver donde pudieramos llegar- que los remito al punto anterior.


Vamos por partes. ¿Quién es Juán Adriansens?. Qué me lo digan. ¿A quién le ha empatado?. Estas son las consecuencias de meter a frikis de la tele delante de los micrófonos. Un patético abuelo que va por la vida de moderno, que reparte la moral, que juzga a todos los que no respetan su opinión como trasnochados, que se apropia de la verdad y la distorsiona para llevar a buen puerto sus aseveraciones, que no es capaz de conversar sin tratar de convencer, de reconocer las argumentaciones ajenas sin rebatirlas por todos los medios. Un ser que, del hecho de parecer gracioso cuando se altera, de parecerlo, que no de serlo, ha acabado, haciendo una manera de ganarse la vida. Pidiendo respeto a sus opiniones y mofándose, directa o indirectamente, de los que opinan lo contrario y, manda cojones, hasta de sus propios oyentes, a veces.
¿Y, Pilar Rahola? Una anécdota: Cuando se casó la Infanta Cristina, desde la sede de su partido, un partido que no acata ni el ordenamiento jurídico patrio ni la Constitución y, que propugna la vuelta de la República y la independencia de Cataluña, se obsequió al paso de la regia comitiva con la canción "Los segadores", himno catalanista. Mas, cuando se casó el Principe Felipe, asistió a su boda. ¡Olé, la coherencia!.
Ahora, ambos, se han emperrado en que su región es antitaurina y que, los amantes de los toros, somos unos bárbaros torturadores, españoles, eso sí.
Una vez más la realidad, que es tozuda y poco dada a interpretaciones, los ha bajado de su pedestal de pseudo-progres. Lleno en la Monumental de Barcelona. Los torturadores, parece ser, que están también en ese amado país, al que andan poniendo fronteras como antes le pusieron Historia. Es lo malo de la sangre ibérica que une... y mucho... y no entiende de límites o, a lo mejor, lo malo, es que no son más que una parte, de un todo al que algunos, sin vergüenza, llamamos España y del que otros, con su presencia activa como políticos, han vivido siquiera un tiempo.
Ese paseillo de Finito, José Tomás y El Juli, asesinos según vuestro parecer, os lo dedico, miarma, como decimos los charnecos o charnegos... Y la oreja que cortó este último, también. Va por vosotros, por los intelectuales de verdad (tipo Hemingway), por los catalanes, por los españoles y por la Fiesta Nacional que -luego los catastrofistas son otros- se va a acabar un día de estos... y vosotros lo vais a ver. ¡Me parto!.

lunes, 14 de abril de 2008

A Chema, el Panadero, de uno de sus niños

A los que nos hemos criado en una España de dos canales de televisión, nos parece, con razón, que lo que se ve en la pequeña pantalla hoy en día, es malo... De solemnidad, que diría el eterno José María García. A nosotros y a los que vivieron sin caja tonta. Por eso, idolatramos a los antiguos, clásicos que diría un castizo. Uno de ellos murió la semana pasada. No era un cualquiera: era uno de los actores de la serie que más han visto esos que hoy andan en la treintena, Barrio Sésamo. Nos dejó, Juán Ramón Sánchez.

¿Juán Ramón Sánchez? Sí o Chema, el Panadero, si prefieren. Tenía cincuenta y un años. Estaba casado con Chelo Vivares o Espinete, que tanto monta. Vivía de su trabajo en una sala de teatro independiente de Madrid. Retirado del curro, por los cojones, como alguna de esas vaginas con dientes que pululan por revistas y programillas de tres al cuarto.

Sobre este simpático personaje se hicieron algunas de las bromas más antiguas de este maravillosomundo. La más popular preguntaba que se hacía del pan que con tanto esmero preparaba, en cada capítulo, si los protagonistas no tenían garganta tras la boca.

Pero, si alguien tiene que agradecerle a este señor, son las madres de aquel país, que no volverá, por la facilidad con que se nos daba de merendar, la tranquilidad con que se nos sentaba, ante el aparato, sin temor a que escucháramos inconvenientes sobre el sexo de tal con cual y, sobre todas las cosas, por los valores alimenticios que nos inculcó, porque, digan me, ¿quién de los que hoy somos talluditos se zampó, sin complejos, un bollicao o un donut de esos en aquellos tiempos?. Como para hacerlo, con este martillo pilón hablando todo el rato de comer a sus horas, de engullir fruta... De hábitos alimenticios, ¡vaya!. ¡Igualitas esas tardes que estas! ¡Igualitos los payasos de la familia Aragón, Sabadabada con Torrebruno, Alaska y su Bola de Cristal que Pokemon, Bola de dragón y Oliver-Benji!.

Lo que la guadaña se ha llevado no ha sido un actor, ha sido un tiempo. El tiempo en que aún eramos tan inocentes como los menores de hoy en día no serán nunca, el tiempo en que este Panadero, con mayúsculas, le hizo la merienda a unos niños que aún tenían programación infantil propia, personalizada, educativa, seria, con valores. Lo mismo, en lo que ven o, mejor, en lo que no ven, está la clave de tanta violencia y tanta falta de educación de unos crios a los que, cada vez antes, dejamos que se hagan hombres y mujeres sin serlo.

miércoles, 9 de abril de 2008

La Feria

Diez años estuve sin ir a la Feria de Abril de Sevilla. Diez años hasta el pasado 2007. Diez años sin pisar el albero alcalareño. Diez años sin estar, físicamente, en el Real de los Remedios y, en este tiempo, mi única frase cuando me preguntaban por la fiesta era esta: en la Feria hay dos tipos de personas, los que pueden disfrutar y los que van a hacer bulto; como no soy de los que gustan de la muy sevillana costumbre de figurar, para que ir. El año pasado rompí mi abstinencia. No lo hice, anteriormente, ni teniendo visita foránea (de Ibiza, concretamente), ni por la petición constante de un grupo numeroso de amigos que me echaban de menos estos días, ni si quiera, por mi familia, que respetó, todos estos años, mis pensamientos y alabó que fuese consecuente con ellos. Volví bajo las lonas rayadas por amor, cuando conocí a Pilar. Lo hice... pero, desgraciadamente, continuo pensando lo mismo. Se necesitan muchas cosas en ese espacio para ser importante, para sentirse importante, por lo menos. Primordialmente, se necesita tener caseta que, por si no lo saben, es el lugar donde se recibe a los amigos ya que, si no la tienes, te pasas toda la semana siendo invitado y, esta distinción, es principal porque el sevillano es clasista y, no mira igual al que no es igual a él. Recibir la hospitalidad ajena está muy bien pero, implícitamente, recibir conlleva dar, compartir, y, que vas a dar si no tienes. Es de rabiosa actualidad el problema de la vivienda. Todos los estamentos oficiales se conjuran para que cada ciudadano tenga una vivienda digna. Todos se esfuerzan para que, además, esas viviendas sean de calidad y estén en los sitios donde quisiesemos vivir todos. Bien, pues, en la Feria, la administración que debería procurar que, los sevillanos, tuviesen un hogar propio en el barrio al que se traslada el grueso de su población durante una semana, o sea, el Ayuntamiento, no sólo no lo hace, sino que tolera que se especule con terreno que es común, dejando que algunos monten su hogar y otros no lo hagan (aunque a estos se les intenta contentar con el timo de las casetas de Distrito que, en realidad, son ghetos). Así que, diganme, ¿participarían en una celebración donde unos pocos fuesen los favoritos de la organización pese a repartirse los gastos (limpieza, seguridad...) a partes iguales entre los intervinientes? Pues, esto es lo que sucede aquí y tengo clara mi respuesta. Participaría cuando fuese uno de los favoritos y, si ahora lo hago es porque lo soy. Como también tengo claro que, donde no soy tratado como corresponde al dinero que pago, no voy. Por eso, sigan mi consejo. La Feria de Sevilla está montada para que disfruten, básicamente, los sevillanos y no todos, sólo una élite. No les diré que no vayan. Lo que sí he hecho es advertirles. Luego no se quejen por ahí ni intenten cambiar lo que lleva camino de dos siglos así.

viernes, 4 de abril de 2008

Mi regalo de cumpleaños

Hay personas para las que ciertos temas no tienen secretos. Su dominio les da una seguridad tal en sus planteamientos, que la confianza con la que expresan sus pensamientos les hace parecer, en muchos casos, soberbios.

Nada más equivocado.

A estos iluminados, visionarios o como quiera que les llamemos pertenece nuestro hombre: Miguel.

Miguel es experto en un complejo juego que se ha hecho universal y del que, por su popularidad, todos tenemos unas ideas y unos conocimientos, cuando menos, sobrados para opinar y exponer con criterio verdades que presentamos, así es el ser humano, como dogmas.

Ahora bien, de ahí a que esas verdades sean infalibles median -parecen pero no son pocos, noventa minutos-. "Noventa minuti" como decía Juan Gómez, Juanito para los catecismos balompédicos.

Es el Fútbol el juego del que hablamos, por supuesto. El Fútbol con mayúsculas. El Fútbol no como opio del pueblo sino como reducto de unos cuantos, no diré si pocos o muchos, locos románticos. El Fútbol como expresión de una vida interior rica en generosidad y altruismo. El Fútbol, en conclusión, en estado puro. Sin corruptelas, virtuoso aún, inmaculado como cuando los pross. Ese fútbol no es otro que el modesto y ahí, afirmo, Miguel es el mejor, el que más sabe. Nadie debería atreverse a cuestionarle sus aseveraciones pero por desgracia o por suerte, este tesoro lo estamos disfrutando sólo unos pocos.

Así es la genialidad. Genialidad, curioso término. Sí, yo diría que es genial, pero vayamos por partes.

A los genios una de las características que los define es su unánime sentimiento de incomprensión... y otra, su sensación de fracaso. A nuestro genio, pese a su seguridad en sí mismo, estos son argumentos que le rondan la cabeza con frecuencia. Se siente sólo y desamparado.

Miguel es... como explicaría su cometido... un luthier. Su arte, empero, no es la fabricación de instrumental. Es un artesano pero a otra escala y su última labor ha sido brillante. Armó una orquesta capaz de ofrecer un concierto en un auditorio de prestigio.

Miguel creó y afinó las piezas de un sueño hoy extinto: el CD Isla Cristina.

Creo, decidida mente, en el destino. Los hombres y mujeres caminan inexorablemente hacia unos pasos pre-escritos y donde el futuro depende de pocos factores sorteables. Todo nos conduce a los picos y depresiones de una vida repleta de sufrimiento, de un mañana huero de satisfacciones, defectuosamente concebido y donde la medida diferenciadora es el vil metal. Y como creo en el destino y aunque soy fatalista, espero que a nuestro héroe le corresponda antes del fin de su página, su instante de gloria. Espero, no; mejor, deseo.

Las historias tienen un principio y un fin. Lo corriente es la narración desde uno a otro pero en esta vamos a empezar por donde podamos, que no es poco.

Hace no tanto, en una noche de septiembre, vinieron a chocar en uno de los santuarios del deporte rey, dos escuadras en un litigio de desigual suerte: en un lado, el Sevilla CF, a qué hablar más. Enfrente, el CD Isla Cristina. Huelgan también los comentarios.

Vamos a empezar por el final. Sepan que estamos ante uno de esos encuentros en los que, tópico, David se come a Goliat. Aquel día los amarillos levantaron una eliminatoria imposible: habían perdido uno-dos en casa y vencieron dos-tres. Pasaron, para los neófitos, por el doble valor de los goles fuera.

He dicho que vivo en la certidumbre de que a nuestro hombre debe de llegarle, más tarde que temprano, su momento y muchos me dirán: ¡Ah! ¿Pero levantarle una vuelta copera al Sevilla no lo es? ¿Qué esperamos?.

Sinceramente, no lo sé, pero hay otra cosa que entendí hace un trecho de este nuestro caminar diario. Aquel momento no fue ese que anhelamos ver y, por eso, perdón que me repita, soy fatalista.

Dijo Jean Braudillard: "Todo aquello que pierde su idea es como el hombre que pierde su sombra". Todo esto viene a nuestro desvarío actual. En fin. Vamos a lo importante y no tengamos mala sombra.
En el Sánchez-Pizjuán, esta es mi teoría, el culmen llegó para un futbolista cuyo nombre es Mariano. Atención a la secuencia. Dos-dos, balón en el medio campo. Cuarenta metros en el agot. Preciso y duro golpeo. Monchi retrocede pero ya es tarde, el cuero le ha rebasado y besa la red. Dos-tres. Gritos de horror y asombro. Treinta mil almas calladas y el siete en medio saltando como un poseso con los brazos en alto. Veinticuatros horas después, todo el país sabe que el siete se llama Mariano Suárez, que acaba contrato ese año y que está en edad de merecer. Eso y cinco portadas, cinco, con su cara y sentencias sobre la gesta.
¿Ven por algún lado referencias sobre Miguel? No, definitivamente ese no es su cenit. ¿Ven por lo que les digo que aún debe llegar?.
Destripando finales y sin ánimo de parecer pedante, pocos hay como yo. Este es de esos que agarra Valdano y lo finiquita con uno como este:
"Y mientras el balón viajaba hacia la malla en busca de la justicia postrera, a Mariano, a Miguel, a Isla Cristina entera y a todos aquellos para los que el Fútbol es la vida, una sensación de paz y satisfacción, recorrió y estremeció".
No, yo no soy de esos. Aquello fue importante pero a España lo que le sobran son españolitos saltando del anonimato a la fama. Esta, mi patria, cuando nadie sabía que era el Golf, alucinó con Seve; cuando el Tenis era un desconocido, se topó con Santana y, Numancia, ya hubo otro poco antes y aquel sí que fue impresionante: tres primeras se llevó por delante y al BarÇa le costó lo suyo echarlos. ¡Qué tíos!.
Por eso, soy especialista en asesinar el suspense. Este podría haber sido el ordenado relato de aquel hecho pero no es esa mi idea (poco importa esta piedra en tamaña carretera), ni tengo el más mínimo interés en hacer una epopeya de él. Nuestro pro-hombre es Miguel y este cuento es para hacer justicia a su persona. Solo tengo un problema, no hay un punto que destaque para hacer énfasis sobre él. Es plano y, a los tipos así, no les ponen placas en las plazas. Es, perdón si me hago repetitivo, un antihéroe. Hace la jugada y disfruta viendo a otros meter el gol. ¿Ven ahora el por qué de aquello de altruista y generoso?.
He tratado de esbozar una línea de narración y he procurado desde hace mucho que esto sea un cuento pero, a que engañarnos, no se le parece en gran cosa y sigue siendo un tanto anárquico. Es de un estilo muy desenfadado y quizás soy muy directo. Descarado si quieren, dirigiéndome a ustedes para hablarles de algo que no es fantástico ni puede hacerles desarrollar su imaginación buscando un "The end" espectacular e inesperado.
Pero es la vida de alguien como usted, corriente, anónimo. Reflexione. No está en mi ánimo otra cosa que rebelarle. ¿Qué buscamos? ¿Qué es la fama realmente? ¿Llega? ¿Para qué la necesitamos?.
Encumbramos a necios, a señores que sólo tienen un golpe certero en su vida, a personajillos poco currantes, a mediocres (salvo excepciones). Llamamos grises a los que trabajan sin esperar nada a cambio, ni siquiera un gracias sentido a medias. Todos saben quien es el uno en muchos temas pero ¿y los segundos? ¿tan perdedores son?.
El tal Aldrin puso, instantes después que Amstrong, sus pies en la luna. ¿Sabían acaso quién era? ¿Conocen muchos su historia? No, fue el dos.
Miguel es un dos, pero un dos número uno. ¡Toma paradoja!.
A mi me gusta decir que soy de la camiseta, del estadio, de la historia, del sentimiento si me apuran. De los futbolistas, de los entrenadores, de los presidentes... que sean otros. Yo soy más espiritual. Mi Fútbol es más clásico. De cuando el engorde en Cedeira para los escuálidos que, a base de chuletones, aire lucense y carreras matutinas, pusieron volumen a su calidad en los tiempos, ¡ay, qué tiempos!, del Madrid de Don Santiago. De las camisolas sin cuello que había que lavar para volver a jugar otro y mil choques más. De los campos, campos y no estadios, sin publicidad. De los duelos al sol en las mañanas de las polvaredas.
Mi Fútbol, repito y repetiré, es sí, como el de Miguel.
Como el de Miguel Navarro, mi Padre.

jueves, 3 de abril de 2008

Sé lo que hicisteis

¡Vaya, vaya!. Parece ser que la prensa rosa española ha encontrado su horma. Tantos años amparándose en la libertad de expresión para contar los asuntos más escabrosos, para entrar en el análisis de las conductas de personas con un derecho a la privacidad más que ganado, para opinar con una ligereza terrible y sin la más mínima información contrastada, para hacer daño. Tantos años llenando horas y horas de programación en prensa, radio y TV... Tantos, para, ahora, no ser capaces de aguantar la crítica ácida, divertida, cómica, de unos compañeros a los que, todos, to-dos, están despellejando sin piedad por hacer lo mismo que ellos pero desde el prisma inverso, esto es, en vez de usar como diana al famoseo patrio, recibir los dardos. Que si son canallescos, que si no trabajan, que si el programa se lo hacemos entre todos, que nos dejen en paz... Bla, bla, bla. Piden lo mismo que les negaron a difuntos como Encarna Sánchez o Paquirri. Lo mismo que no le dieron a Isabel Pantoja, a los Aznar, a los Flores. La Conde y sus compañeros lo están bordando porque nos estamos divirtiendo como nunca. No sólo La sexta sabe lo que hicisteis. Todos, en este país, lo sabemos. Hicisteis de la capa del informar, entretener y servir un sayo. Así que, ahora, ajo y agua o, en garbanzos y chícharos, que os den, guapitos... y guapitas, claro está, y guapitas, ustedes me entienden.