miércoles, 28 de mayo de 2008

El niño con el pijama de rayas

Por si no se han dado cuenta, me encanta escribir y, tanto, o más -que ya es tela- leer. Leo siempre que puedo y cualquier cosa. Soy poco selectivo, lo sé. Prensa, revistas, libros...Algunas veces, hasta los folletos que nos cuela por el buzón, el eficiente servicio propagandístico de un Ayuntamiento, preocupado de vendernos como logros, las obligaciones que, como gobernantes que tienen la bendita dicha de gestionar nuestro pueblo, tienen. Pero, que no se me preocupen los inquilinos del templo donde reside la DEMOCRACIA en Castilleja de la Cuesta, que hoy no es el día en que contaré MI verdad. Hoy, es el momento de un tesoro que ha caído en mis manos cuando va por su decimoctava edición. Lo ha escrito John Boyne y se lo ha publicado Salamandra. El título, el de este escrito.

Reconozco que la primera vez que me hablaron de este libro, su portada y su encabezamiento, me parecieron propios de un manuscrito orientado a público juvenil-infantil. Ayuda poco la información que hay en su contraportada y, menos aún, el tamaño del ejemplar. Ahora se estila suponer que, para que una novela sea de las buenas, tiene que pesar mínimo medio kilo y tener mil y pico páginas y, yo estoy en el mundo y, tengo las mismas cositas metidas en el coco que el resto del personal. Por eso, hasta que no fui capaz de romper ese tabú, el volumen se me caía de las manos. ¡Malditos prejuicios!. La historia que nos cuenta este irlandés de Dublín es la de Bruno -no les voy a destripar el argumento, tranquilos- un enano, con el que van a vivir una nueva aproximación al Holocausto. Dicen que los niños siempre dicen la verdad. Haganme caso, los refranes son verdades comprimidas en pequeñas sentencias, leanlo. Por cierto, hablando de niños, me ha parecido ver esta mañana, en Diario de Sevilla, que los padres (y madres) del CP. Juan XXIII (o XXII si atienden al rótulo de su fachada), se han manifestado frente a la Casa de TODOS los castillejanos para reclamar mejoras en ese centro. ¡Que cosas!, para mi que leí hace algunos años que pronto habría otro nuevo cole que sustituiría a ese. Lo prometían en un programa electoral de esos que también suelo leer. Ven, estas son las ventajas de la lectura. La otra mitad del refrán, la que habla de los bebidos, no la tengo tan clara, porque, en nuestro Consistorio, tenemos unos cuantos "borrachos de éxito" y nada más que nos cuentan mentiras, tralara.

martes, 27 de mayo de 2008

Tiene que ser algo que le ponen al agua

Los tenistas y el Presidente de su Federación, tirándose los trastos. El entrenador de baloncesto y quien manda en su deporte, a palos. Los del PP, que si Mariano sí o Mariano no. Massiel encabronada con los de la Sexta. El Chikilicuatre enamorando y desenamorando. Ibarreche (la tx la va a poné el celebérrimo guarda de la Campana), mosqueado porque no le autorizan el referéndum ese que quiere dar en su región. Los aragoneses fastidiados por tener que dar su -eso creen ellos- agua. Los catalanes cabreados por el reparto del taco del Estado. Los cocineros discutiendo sobre quien guisa de manera más natural. Zapatones contra todo el país por pedirle a Raúl para la Selección.
¡Valiente plan!, ¿No?.

domingo, 25 de mayo de 2008

Sobre los toros

En el suplemento de El Mundo llamado Campus, en su columna "La piedra imán", escribía, hace unos días, Carlos Marzal esto. Su título, Toros:
"Soy aficionado desde hace muchos años, y hubo un tiempo -una época feliz de juventud indocumentada- en que viví, si no del toro, sí de lo que lo rodea: dirigí, junto a unos cuantos amigos, una campaña cultural de difusión taurina, cuando la Diputación de Valencia, que es la propietaria de la plaza de la ciudad, decidió convertirse en empresaria y gestionar directamente los festejos. De todo esto -como de casi todo- hace cerca de treinta años.
En aquel trabajo inventamos una revista de literatura y arte, Quites, que -disculpen la inmodestia- es, en su género, tal vez la mejor publicación taurina de los últimos cincuenta años. Colaboraron allí José Bergamín, Ramón Gaya, Pablo García Baena, Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Miquel Barceló, Luis Gordillo, Juan Luis Panero, Miquel Navarro, Felipe Benítez Reyes, Andrés Trapiello. Organizamos ciclos de cine, de pintura, renovamos la cartelería de la Feria de las Fallas, inauguramos una colección de cuadernos didácticos, hicimos un recortable de la plaza de Valencia, que necesitaba más de cincuenta horas de minucioso montaje artesano, obra de José Cardona, El Persa, un genio local -diseñador, inventor, escritor- poco aprovechado, para ser fieles a cierta enraizada indiferencia de la ciudad hacia las personas y personajes.
Me he declarado aficionado, y no espectador: conviene matizar, distinguir. Todas las grandes diferencias provienen de los matices imperceptibles. Un aficionado no es un simple espectador, y mucho menos un espectador simple. Un aficionado es lo más lejano a un hincha, y no digamos a un hooligan.El aficionado aspira a ser un cabal. Alguien que está orgulloso de pertenecer a una larga tradición de la cultura y que profundiza en ella, que lee al respecto, que trata de engrandecerla, aunque sólo sea de forma privada, interior. Los toros sin literatura, no es que no serían lo que son, es que no serían. Sin leyenda, sin relato, sin fabulación, no habría fiesta de los toros, porque cualquier aficionado que se precie, cualquier aficionado que merezca ser llamado así, constituye, a su manera un narrador: inventa para su recuerdo, las faenas que jamás ha visto, las tardes mitológicas sobre las que ha leído. Yo, que no estuve allí, guardo perfecta memoria, por ejemplo, del día en que don Juan Belmonte, El Pasmo de Triana, dio en la Plaza de las Ventas cinco verónicas sin enmendar, apenas salido del burladero, y dejó inscrito ese episodio en la leyenda. Al parecer, Belmonte había contraido un sifilazo, y andaba lleno de bubas hasta las orejas, por lo que apenas podía moverse.
Un aficionado es previsor, pero no previsible. Si ve nubes en el horizonte, se lleva el impermeable y el paraguas a la andanada de sombra, pero no está dispuesto a aplaudir a cualquier precio. Seguro que tendrá su torero, pero ese torero tendrá que ganarse, toro a toro, su respeto y su homenaje. Los aficionados son los que corrigen las derivas espectadoras de las plazas, y su ejemplo debería servirnos como metáfora en la vida de todos los días."
Post data: Me he permitido traer hoy aquí este humilde retazo de este autor, porque, si viviera, sería lo que pensaría un gran taurino de nuestro pueblo, gran amigo de una infancia perdida ya, la mía, en que ni siquiera sabía que me gustaban los toros. Es continuación de mi anterior escrito De profesión tertulian@ progre. Julian, Niño chico, va por ti.

domingo, 18 de mayo de 2008

Los rocieros

No tengo nada contra la Romería de El Rocío. Entiendo a las personas que, devotamente, peregrinan a la aldea almonteña. Me solidarizo con su fe, que es la mía. Entiendo su defensa encendida de una tradición que hunde sus raíces en la noche de los tiempos: Es más, dándose las circunstancias, incluso peregrinaría con ellos, caminaría tras sus Simpecados, tendría una carreta a mi vera y me encantaría descifrar, las claves que se entierran, en los insondables e inexplicables, mágicos, senderos, que, entre pinos y arroyuelos, arenosos, discurren hacia la Blanca Paloma. Repito, no tengo nada contra la Fiesta y, si por rociero se entiende, a quien es devoto de la imagen, pueden llamarme rociero a mi también.
Lo que no entiendo, porque nadie es capaz de explicármelo, es, que ciertas cuestiones se toleren. Pensaba que las leyes nos amparaban y obligaban a todos por igual. Que alguien me conteste: ¿está permitido beber bebidas alcohólicas mientras se conduce un tractor, todo terreno, motocicleta o quad? ¿se puede orinar en la vía pública? ¿quién se hace cargo de la limpieza de las calles de los pueblos por donde pasan los romeros, estos o los operarios de los Ayuntamientos correspondientes? ¿Y la Policía Local, tiene que atender estas cuestiones desatendiendo al resto de la población? ¿Si la localidad no tiene Hermandad, están obligados sus habitantes a soportar las incomodidades que el paso de las carretas conllevan, cortes de tráfico que impiden el paso de ambulancias o camiones de bomberos en caso de emergencia, etc, etc? ¿quién vela por el cumplimiento de las leyes que protegen a los animales del maltrato?.
Todo esto tiene un coste y las Hermandades reciben unos ingresos por cuota de participación, papeleta de sitio o como quiera que se llame que, debiera ser, el fondo común del que se nutren estos gastos y, esta otra verdad de El Rocío, es la que a miles de ciudadanos como a mi nos afecta y, "el esto es así, porque así ha sido siempre", es una respuesta que no tenemos porque aguantar porque, constitucionalmente, el derecho individual a divertirse no debe prevalecer sobre el derecho a no hacerlo. ¿No les recuerdan alguna de estas cosas aspectos parecidos que se dan también en el tan criticado botellón?.