martes, 29 de julio de 2008

Yo, también, soy Rafael Ricardi

Lo del sistema judicial de este, nuestro país, es, muchas veces, alucinante. El sábado sueltan a un asesino, de Juana Chaos. No muestra un ápice de arrepentimiento. Ha usado todas las artimañas posibles, para eludir, el máximo, de la corta condena que le cayó (tres milenios, concretando). Así, sin ajustar mucho la cuenta, se llevó por delante a veinticinco personas y, como ha cumplido sólo veintiún años de talego pues, que quieren que les diga, que no sale ni a año por muerte. Se inventó una huelga de hambre y, el mismo Ministro de Interior o Justicia (perdonen la inexactitud, pero son tantas las historias de este personaje, que me bailan algunos datos), dijo, que no se le podía dejar fallecer. Eso sí, él, brindó con champán cuando mataron a los pobres concejales del Ayuntamiento de Sevilla porque, a esos, no importa que nadie los mate. Ha instigado a sus compañeros-sicarios, con cartas dirigidas a la Prensa, para que sigan a tiro limpio... etc, etc, etc. Poco trullo, me parece, porque esta cabra, puede tirar al monte, de nuevo, máxime, si tenemos en cuenta que, hasta antes de su puesta en la calle, está pensando en fastidiar a sus víctimas, presuntamente, cometiendo un delito de alzamiento de bienes. Pero, la condena es la que es, las leyes son las que son, y, este pajaro, es libre y está redimido.
Todo lo contrario, lo de la estancia en chirona, claro está, opino de lo de Rafael Ricardi. Este pobre portuense, ha pagado, con creces, un crimen que no cometió y del que, mejor no pensemos como, se declaró culpable. En el dos mil ya, con informes de esos que cada lunes nos enseñan en CSI, como son, para que, todos los delincuentes del mundo, sepan, lo que no tienen que hacer para que les echen el guante, repito y me reitero, ¡en el dos mil!, ya quedó claro, que era complicado que hubiese sido este señor puesto que, no había una sola muestra de su presencia junto a la pobre infeliz, a la que violaron. Desde el noventa y seis, año en que me fui a la mili (y, llevo licenciado doce veranos), encarcelado, con una familia señalada, en la calle, como la de un violador, lejos del calor de los suyos, metido en un ambiente que, precisamente, muy amigable no tiene que ser con los condenados por este crimen... Y, todavía, inocente no es. Le han dado el tercer grado. Tendrá que recurrir. Veinte tacos de almanaque por veinticinco muertes y, doce, por un delito no cometido. Piensen lo, ustedes, y saquen sus conclusiones.
Lo dicho, ya les hablé aquí mismo, en esta negra página, de otro caso, el de Carmen, Ivan y Sara. La pobre madre murió, sin ver reparado el daño, al menos, con la indemnización acordada y establecida. ¿Le sucederá lo mismo a este gaditano?. Quiera Dios que no. Si fuera de ETA, y se hubiesen equivocado de este modo, ¿le estaría cantando este gallo?. Ya se lo digo yo, no.
Aún, así, en una conferencia ante los medios de comunicación, ha proclamado que cree en la Justicia. Por eso, por estas sabias palabras, por su falta de beligerancia pese a lo injusto de su situación, por su inocencia defendida dentro de la legalidad, por su estilo de bonhomía y por ser la antítesis de un desalmado sanguinario yo, también, soy Rafael Ricardi, una persona a la que, como a todas las que un desgraciado que será libre en pocas horas, partió la vida, el mero hecho de estar en el sitio equivocado, a una hora equivocada.

¿Quién dijo que no somos una potencia mundial?

No quiero que me mal interprete nadie, ni que, tras este escrito, se vea un manifiesto de patriotismo barato. No pretendo otra cosa que hacer lo que hacen, desde siempre, los ingleses, los franceses, los alemanes, los norteamericanos. Sentirme orgulloso de lo que somos: un país que, bien gestionado, es el mejor del mundo. Un país donde debería ser más importante, el racimo que las uvas. Un país con una Historia detrás y un esplendoroso futuro, delante. Un país que, en los foros importantes de discusión, nadie respeta, pero no de ahora -nada tiene que ver este hecho con la política exterior que siguen nuestros diferentes gobiernos- sino de siempre. Un país que intenta sentarse a comer con comensales que no le corresponden, olvidando a sus verdaderos iguales. Un país articulado, vertebrado, en autonomías, regiones, cantones, federaciones... llamen lo equis, donde cada uno debería saber que si es lo que es, es por el esfuerzo colectivo de todos y cada uno de esos espacios, de manera individual -a veces-, con la ayuda de los demás -la mayoría-, bien en especie, bien en retribución, bien en mano de obra. Un país que cuando se pone, no hay quien pueda con él.
Ahora, como antes nos dio por otras cosas, nos ha dado por destacar en la manifestación más importante que en la actualidad hay: el deporte. Si usamos como medida temporal el ciclo olímpico, es decir, el espacio ubicado entre Juegos, creo, que, en el mundo, pocos pueden presumir de logros como tres Tour de Francia y un Giro de Italia, en ciclismo; cuatro Roland Garros y un Wimbledon, en tenis; cinco mundiales de motociclismo y dos de automovilismo, en motor; un mundial de balonmano, otro de fútbol-sala, otro más de baloncesto, un europeo de fútbol. Sólo el año pasado, dos mil siete, y, computando los resultados de las federaciones que participan en las olimpiadas, ganamos sesenta y seis medallas en competiciones mundiales y, ciento catorce, en europeas. Lo mismo, me dejo, en el tintero, a alguien de la misma importancia, en su especialidad. Lo mismo, cometo una arbitrariedad al usar como referencia a los que nos representarán en Pekín, en unos días, olvidando a deportistas tan destacados como los que consiguieron estos logros.
Lo que es seguro, permitan me que vuelva al inicio, es que, estos, son números, son cifras, de potencia, de dominador, de campeón, de líder. Les repito, si los tuviesen en Francia, en Inglaterra, en Alemania o en EEUU, cualquiera los aguantaría. Nos los venderían como el culmen del desarrollo de sus sociedades, como el paradigma del bienestar, como el ejemplo de lo bien preparados que están y de la calidad de medios que poseen y ponen al alcance de sus ciudadanos. Aquí, no provocan más que ocasionales estallidos de euforia pero, sin el necesario acompañamiento de ese sentimiento de orgullo por lo nuestro, por lo español.
Piensen lo, ¿somos o no somos una potencia en el planeta?. Lo mismo, la solución a los males endémicos de esta nación, es, cambiar a tanto político inoperante, por los más eficaces portadores de la marca España, los deportistas y sus entrenadores.

martes, 1 de julio de 2008

La empresita

Si van a Utrera, hay algo que no deben dejar de hacer y, no se trata de probar sus célebres mostachones. ¿No?. No. Tampoco se trata, de visitar alguna de sus históricas iglesias o de, fervorosamente, postrarse ante su simpar Virgen de Consolación. ¿No?. No. Ni siquiera, lo que les voy a proponer, es ir a ver uno de los grandes viveros del fútbol patrio: el lugar donde dio sus primeras patadas José Antonio Reyes, por ejemplo, el Estadio San Juan Bosco.
Es algo más simple. Es algo menos glorioso. Es algo, más incomodo y, sin embargo, lo más auténtico que podrán hacer en sus vidas. Se trata de que se monten en el micro bus urbano.
¡Anda ya!.
Sí, lo voy a repetir. Si van a la capital de la Campiña sevillana, lo que, irremediablemente, deben hacer, es montarse en uno de esos pequeños, antiguos, arcaicos... pongan el calificativo que quieran, mini-autocares, de la empresa de Manuel Barrera que, nada tiene que ver conmigo, pese a las coincidencias, primero, con mi segundo apellido y, segundo y, más evidente, con mi profesión.
En múltiples pueblos de nuestra provincia, el servicio interno de autobuses está regulado e institucionalizado. Dos Hermanas, Alcalá de Guadaira... Mas, en ninguno, tiene la transcendencia social que tiene aquí. Bueno, a fuerza de ser sincero, desconozco si el trompito ecijano continua circulando y, en Constantina, también era una delicia, su cafetera, subiendo y bajando cuestas. Lo que nadie podrá negar y, este es el hecho diferenciador que hace tan especial esta aventura, es que, Autobuses Barrera o, la popularmente conocida como empresita, es, sin lugar a dudas, un milagro económico, que lleva produciéndose desde 1972, año en que, su propietario, abandonó Casal y su Carmona del alma, donde llevaba once años como conductor o chofer, para embarcarse en un negocio que -como todo el transporte- de rentable ha tenido poco, pero de satisfactorio, mucho. Satisfactorio porque las leyes, las regulaciones, las actualizaciones de reglamentos ora nacionales ora comunitarios, no entienden de pequeñas ni de grandes firmas, siendo evidente la incidencia que, en los mini-negocios, tiene cualquier modificación y que, en esas condiciones, haya pervivido esta actividad, ustedes me contarán, si no es para sentirse satisfecho. Satisfactorio porque, han sido varias las generaciones de utreranos que han podido ir a sus compras, al cole o, simplemente, entretener su vejez en el casino o, en el hogar del pensionista, gracias a la movilidad que le ha proporcionado, contra viento y marea, un paisano suyo. Satisfactorio por haber dado un servicio público con las mínimas ayudas. Piensen, por un momento, en TUSSAM, ¿cuanto cuesta este, necesario ojo, servicio, a la muy noble, muy leal y muy mal gestionada, ciudad de Sevilla?.
En fin, esa es, o eso pienso por afinidad, la única dicha, el único orgullo, que te queda cuando sueltas las manos de la rosca -como diría mi amigo Quique-: el haber hecho las cosas todo lo bien que pudiste o supiste, el haber dado tu alma en un proyecto, en el que eras indispensable, el tuyo, el haber currado sin esperar nada a cambio, ni una triste palmadita, ni una de esas medallas al mérito en el trabajo, que da el Gobierno a esos tipos que tanta pasta ganan y que, de doblar la espalda, en muchas veces, tan poquito saben, solo para llevar un jornal a casa. Esa, y las vivencias que te suceden, en esas cajas de metal con ruedas, donde te juegas la vida y traficas con la de los demás. ¿Imaginan la de historias que les podrían contar estos abueletes rodantes si hablaran?. Piensen lo.
Por eso les digo, tienen hasta diciembre para ir y montarse en uno de esos artilugios. Esta vez, sí, parece que el cierre será definitivo. El Ayuntamiento saca a concurso el servicio y los dueños, no optarán por coherencia con toda una vida de dedicación al pueblo, porque es muy caro y poco rentable y porque, ¡que caray!, les ha llegado la hora de ser ellos, los que vayan a echar una partidita de dominó pensando que, a veces, los Macdonales, los Burrikings, los Damas, Casales, Amarillos, Cortingleses, Mercadonas, Leroysmerlines y toda esa caterva de leones hambrientos, de símbolos de la inteligencia, perspicacia, sagacidad, arrojo e iniciativa de pequeños hombres de pueblo, no tienen... lo que tienen ellos, para echarles un pulso y, con la mano atada a la espalda, aguantar treinta y seis añitos -que se dice bien pronto- sin que le doblen la mano a uno.