lunes, 29 de septiembre de 2008

Sucedió en un cerro

Aquella noche, Terión comprendió que no era un muchacho cualquiera. Muerto su padre, el célebre rey de los tartesios, Argantonio, las joyas de la corona lucían esplendorosas sobre su cuerpo. Habían sido días terribles. La hambruna les amenazó por culpa de la codicia de los otrora amigos. No había habido posibilidad alguna de solución dialogada, y, la guerra sobrevenida, consecuencia de los reiterados incumplimientos de los comerciantes fenicios, había terminado con su familia y con la práctica totalidad de un pueblo, el suyo, cuyos restos dormitaban ocultos en los frondosos bosques de alerces, que ocupaban el perímetro de lo que con el tiempo, sería El Aljarafe. Había decidido atacar y lo haría valiéndose de la sorpresa que supondría caer sobre el enemigo de noche, mientras descansaban de la fatigosa batalla que estos daban por definitiva. Pero antes tenía que tomar una grave decisión. No era común que el monarca batallase con el ajuar puesto. Lo habitual era que las insignias quedasen custodiadas por las mujeres de la realeza. Mas allí no quedaba ninguna. Terión se arrodilló para orar a los dioses y, tomando un cántaro de barro de los que los soldados llevaban para mitigar la sed en la marcha, introdujo las medallas, brazaletes y colgantes que, posteriormente, enterró en una oquedad del terreno, donde esperarían la vuelta de su legítimo propietario. La oscuridad del campo guardó su secreto. Volvió sobre sus pasos y arengó a su minúsculo ejercito. Cayeron al poco sobre sus adversarios para, al amanecer, festejar la derrota de los mismos. Pero él nunca volvió. Una flecha le quitó la vida y, con ella, la posibilidad de desvelar el emplazamiento del refinado tesoro. El tiempo pasó, su civilización se extinguió y, el secreto, se adueñó de lo que terminó siendo mitología. Hasta que el treinta de septiembre de mil novecientos cincuenta y ocho, Alfonso Hinojos del Pino, albañil, ocupado de la construcción de un Club de Tiro de Pichón en una colina, que sirve de linde a los pueblos de Castilleja de la Cuesta y Camas, picó en el suelo y fue a dar con una vieja vasija que contenía lo que, una vez puesto al Sol, se exhibe en el Museo Arqueológico Provincial como Tesoro del Carambolo. Mañana, pues, hará cincuenta años de tan espectacular descubrimiento y, para que la patina de la memoria no se llene de polvo y olvido, pongo por escrito este relato que, de niño y con palabras parecidas, escuché contar a mi abuela, entusiasmado, ensimismado, deseoso de tener un pico y una pala para cavar y buscar, nuevas e irrefutables pruebas de lo imposible, de lo que sucedió en un cerro, mucho antes de que el reló de la Historia, se pusiese en hora.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Robin Goldstein

Ya saben cual es mi opinión sobre la gastronomía. Saben que soy completamente autónomo a la hora de elegir mesa, mantel, botella y copa. Me gusta lo bueno, como a todo hijo de vecino. He comido en alguno de los templos gastronómicos de este país -España, creo que se llama-. En algunos, he pagado con gusto. En otros no. Hay garitos que son una delicia y presuntos santuarios, donde la pamplina pretende tapar el hecho de que lo que te dan, es corrientito. Por eso estoy con este tipo, con Robin Goldstein, un señor que se ha propuesto derribar todos los mitos culinarios. Los mitos y los prejuicios. Su empeño es devolver al consumidor el criterio para decidir que es bueno y que es malo, en comida y, especialmente, en la cata de vinos. Robin no es un cualquiera. Este estadounidense ha viajado por casi todo el mundo y tiene publicadas más de treinta guías de viajes y cuatro monográficos sobre los restaurantes de su nación. Se graduó en Filosofía en la Universidad de Harvard e hizo un doctorado en derecho en Yale. Es el fundador y editor de las famosas Fearless Critic, unas publicaciones de crítica gastronómica independiente, donde animan al personal, a ser severos, con el que intente cobrar a precio de entrecot lo que no es ni filetito. Vamos, que no es el chofer que lleva a los niños al colegio en mi pueblo. Vive de esto y sabe de lo que habla y escribe.
Hay muchos modos, y muchos campos, donde convertirse en un artista aunque, personalmente, tengo debilidad por los que lo son en desmontar patrañas, en cargarse inventos con los que, el espabilado de turno, pretende ponerse las botas. Ya saben, el que roba a un ladrón... Por eso, este nota, es un artista. Porque no me digan que no hay que tener arte para inventarse un negocio, ponerlo en un sitio inexistente, hacerle una carta y otra de vinos, meter en esta última lo que peorcito ha puesto alguien y, finalmente, lograr que, para el mismo, sea considerado premio a la excelencia. Lo ha hecho con su L´Osteria L´Intrepido de Milán. Se lo ha hecho a Wine Spectator. Lo peor es que, en vez de callarse y tragarsela, los chicos de la revista se han justificado señalando, que ellos no visitan, personalmente, cada sitio que se presenta a concurso. ¡Toma ya!. Entonces, queridos mios, ¿podéis contarnos como coño sabéis que es excelente?. ¿Tenéis telepatía?, ¿sois videntes?... o ¿sobornables?.
¡Osú, osú, osú!, sirva este caso, traido a la negra página de mi maravillosomundo, como prueba irrefutable de que, ni hay gurús, ni nadie tiene la capacidad de decidir por ti, por mi, por nosotros. Intentemos ser como Robin y, pensar, que a estos, que tan alegremente te recomiendan desde sus cómodas poltronas, algunas veces -no digo todas- los mueve el interés económico. Intentemos ser críticos con lo que pagamos, sobre todo si es caro y, llegados a este caso, pensemos si lo que, como consumidores supuestamente libres y no condicionados, nos quieren cobrar, tiene ese valor y de que, en el precio final, no están cobrando lo que en un sobrecito, hay que meterle a unos simples vendeburras.

sábado, 27 de septiembre de 2008

De Madonna a Amaral

Anoche actuó Amaral en el Auditorio Rocío Jurado de la Isla de la Cartuja. No hubo lleno, como se esperaba. No lo hubo porque, socialmente, no es lo mismo ir a ver a la ambición rubia que a la maña y, esto es así, nos pongamos como nos pongamos. No hay otros argumentos. La española canta mejor que la norteamericana. Las entradas eran más baratas, muchísimo más baratas. Era viernes noche y no martes. El horario y el posterior, en infinidad de casos, día de descanso invitaban a asistir. El espectáculo se celebraba en un lugar más céntrico, mejor comunicado, más accesible... si quieren, sigo. Luego, en conclusión, colectivamente hablando, esta ciudadanía es novelera. Pretendemos hacer ver que asistir al show de la provocadora cincuentona es ir a un evento único, y, puede que lo sea pero, como las exposiciones del Museo y yo pregunto: ¿Cuantos fueron a ver la itinerante de Sorolla, por ejemplo?. Nos justificamos con estupideces tales como que, cuando, en nuestra vida, vamos a tener la ocasión de estar tan cerca de una estrella del Pop mundial, cuando, The Corrs, vinieron años atrás y, a la hora de saludar, podían haberle dado la mano a los asistentes. Pedimos que haya más exposiciones, más teatro, más música, y, mensualmente, se programan decenas de eventos culturales para que no asistamos a casi ninguno. Si, en esta Sevilla, el personal se aficionase a ir al Lope de Vega, con regularidad, al Maestranza, con asiduidad, a la Imperdible, a la Sala Cero, al teatro de Távora, en el Cerro y, demandase más actos de este tipo, es cuando tendrían sentido los multitudinarios, que son las migajas, esporádicas, de un gran negocio. Tenemos una Bienal y un Festival de Cine internacional y, son minoritarios, mientras, en San Sebastian y en Vitoria, de parecidos eventos, han hecho una autentica demostración de revitalización de la vida cultural y, además, una manera de que mucha gente se gane la vida. Así que, perdón, pero seguiré pensando lo mismo. Seguiré pensando aquello de que la gente es, de donde va Vicente, y tal, y tal.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Un domingo ilusionante

Lo dijo mi cuñado Antonio, un tío tocado por la gracia de Dios, para el juego del 1X2: "Prefiero que me toque, como esta vez, con toda mi familia y la gente que me importa, a, como la anterior, solo". Y, saben que les digo, que es una verdad tan grande como un autobús de dos plantas. Así que, por eso, estoy feliz más allá de que lo que enganchamos, que es poco al tener que repartir con ciento setenta y tantos. Porque lo bonito de la tarde-noche de ayer no fue que acertáramos la quiniela entera. No. Lo bonito fue estar reunidos en Espartinas, sufriendo, riendo, llorando algunos e imaginando que agujerillo taparíamos. Gastando lo que iba a venir, gracias a un equipo odiado. Lo bonito fue gozar, ilusionarse. Sentirse importantes, en el centro del mundo, por un instante. Lo bonito fue la explosión espontánea de camaradería, de hermandad, de abrazos entre desconocidos, sintiéndolos tuyos. Lo bonito fue sentir que la suerte caía del cielo a unos cuantos parias. Lo bonito fue cenar como millonarios futuros... Y, si luego, nada salio tal como deseamos, pues... otra vez será. Al fin y al cabo, ¿no somos ricos -ya- teniendonos los unos a los otros?.

martes, 16 de septiembre de 2008

Madonna

Hoy canta Madonna en el Estadio ¿Olímpico? de Sevilla. Si en lugar de hacerlo en nuestra ciudad, lo hiciese en -un poné- Córdoba, me atrevo a asegurarles que la legión de seguidores que -parece ser- tiene y que asistirán al concierto, no haría lo más mínimo por hallarse, en ese sitio, a esa hora. Es lo que, otras veces, les he comentado de la novelería, de una parte de los habitantes de esta urbe del Sur. Esos señores y señoras que tienen, como misión fundamental en su existencia, estar. Estar en la inauguración del Mundial de Atletismo. Estar en la final de la Copa Davis. Estar en el balcón de la calle tal, al paso de la cofradía. Estar en la Maestranza cuando torea Fran. Estar, con su traje azul, encorbatados con un nudo más gordo que un puño, en la caseta del constructor que paga todo y al que, "endespué", describirán como nuevo rico en la tertulia del ático del coleguita. Estar. Estar como deporte, necesidad y obligación. Estar, que si no, no eres nadie y, el que se mueve, no sale en la foto. La ambición rubia ha triunfado como lo hizo la única hija separada de los Reyes. Ha venido al sitio idóneo para salir aclamada por nuestros aplaudidores profesionales. Ha venido a la ciudad de los figurones, aunque sea a doce o a veinte talegos, que más da. Con la que está cayendo. ¿Crisis?. ¡Venga ya!.
Menos Madonnas, menos politos con la vespa serigrafiada en la espalda y más pensar, como colectivo, en lo que realmente nos beneficie y nos proyecte como capital moderna y apetecible. Que... cada vez que hacen falta unos borregos, aunque sea para jalear a una vieja que canta lo mismo que la Tamara vasca, se acuerdan de nosotros. Que... cuando se rifen las papeletas para regalar una empresa de esas, con sus dos o tres mil y pico puestos de trabajo, o un taco enorme de billetes para hacer carreteras, hospitales y colegios, hayamos todos comprado. ¿Madonnear?. Mamonear. Ese, es el problema.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El atasco

He dejado pasar una semana... Y el cabreo, es idéntico. No estoy cabreado por el hecho de, repetidamente, quedarme atascado cuando subo o bajo a mi pueblo. No. Estoy cabreado, indignado, aburrido y, así, mil calificativos más, por las excusas que, a continuación y por orden , ponen, la dirección de ese comercio, donde te venden unos muebles en paquete plano que se montan todos con la misma llavecita, la Alcaldía, los responsables de Tráfico en la zona, entes supra municipales como Mancomunidad, Diputación o Junta de Andalucía y, finalmente, el mismísimo Ministerio de Fomento del Gobierno de esta nación, a la que, perdonenme, voy a llamar España.
Pensáis que somos idiotas. Pensáis que no tenemos memoria. Pensáis que no recordamos que, eso mismo, es lo que hicisteis la vez anterior (y la otra y la otra y la otra...). Tan borregos nos suponéis. Dejaos de hablar y actuar de una... santa vez. Hacedlo, porque un día de estos, vamos a tener una desgracia y lo vais a tener en vuestra conciencia toda la existencia. Pensad que los que están atascados no son vuestros enemigos, los ciudadanos, sino vuestros jefes, los que os pagan esos generosos sueldos que vosotros mismos os ponéis y que nadie os dice si son altos o bajos y, por favor, a ver si la próxima vez, si no lo arregláis antes, no os entretenéis en echar balones fuera y en buscar culpables lejos.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Aviso a navegantes

Sirvan estas líneas de aviso. ¿Por qué? Porque os estoy viendo venir. Porque, en cuanto un dominguito se levante con un pelín de más pelusa de la cuenta, os va a dar por pensar que sí, que ya empezaron los gloriosos días de "ruta del mosto" y vais a cojer el coche, y vais a atascaros en la carretera para nada, y vais a beber un vinito que sí, que es blanco, que lo venden en las mismas tascas donde estáis metidos todo el resto del invierno, pero que no, que no es mosto. ¿Como? Sí, como escucháis. No es mosto. ¿Y eso? Muy simple. Vereis.
Ayer, siete de septiembre, como desde hace cincuenta y cinco años se viene haciendo, en la Fiesta de la Vendimia de Villanueva del Ariscal, se pisó la uva. Antonio Borrego, Capataz mayor, treinta y seis años entre las cepas, apartó los bosquejos y sacó la primera jarra de la tina que los capataces infantiles habían, previamente, pisado. La misma se presentó al Patrón, San Ginés y fue bendecida por el cura-párroco de este bendito rincón del Aljarafe profundo. Luego, enmedio de un silencio reverencial, anunció la buena nueva, la cifra de grados del mosto, once con setenta y cinco. En frío, la cifra es buenísima. Tiene una buena graduación. Puede (y lo va a hacer) subir a los doce en los lagares, por el trasiego. Ahora bien, esto pisado, únicamente, es zumo de uva garrida. Tendrá que fermentar el azúcar, durante sesenta días, al menos, para convertirse en alcohol: Luego, siete del nueve y sesenta...¡Um!... A mi, me sale siete del once y, en esta maravillosa comarca, tenemos un dicho: "Para San Andrés, vino o vinagre es" por lo que, para curarse en salud, la mejor fecha es la Pureza, ocho del doce. Así que, ya sabéis, no correr con los carros para arriba y dejarnos trabajar tranquilos. No atascar las veredas, sendas y caminos. Y, si lo hacéis, no bajéis, ufanos y sonrientes, comentando que, ya, habéis probado el mosto y que, el de este año, está fantástico. Ser un poquito menos espabilados y pensar que, tontos, quedan ya, en pocos sitios y, el tocomocho, se lo siguen haciendo a los incautos. No os estoy diciendo que no vayáis a los garitos de la ruta, no. Sólo os digo que, con una cervecita, se come igual de bien, que cada cosa tiene su momento y que, el momento del elixir de los catetos, todavía no ha llegado. Paciencia. ¡Si es que tiene uno que estar en todo!.

martes, 2 de septiembre de 2008

Tanta gloria obtengas como paz dejas

Hoy, hemos amanecido en la capital de mi maravillosomundo, Castilleja de la Cuesta, con la fabulosa noticia de que, Carmen Tovar, que era Alcaldesa -de la parte del pueblo que la votaba, claro está- ha decidido abandonarnos para ir a alcanzar objetivos mayores. Sin duda, sus enormes méritos, magnífica gestión y amabilidad en el trato, han posibilitado tan merecido ascenso y, por eso, el resto del equipo de gobierno, está triste y apesadumbrado, lloroso, en suma. Pasa la vara de mando a su segundo, en un gesto idéntico al que la alzó al cargo más importante que hay en el planeta (por lo menos para mi). Desde aquí, "el escorado al lado equivocado", te desea que alcances el éxito que te mereces. Que tengas la suerte de que, quienes tienen que favorecer la tuya, te ayuden como me ayudaste tu a mi. Que tus iniciativas sean tan elogiadas como elogiaste tu las mías. Que los que te importen de verás, sean tan bien tratados como trataste tu a los que me importaban a mi. Que te ayuden a seguir ganándote la vida, como hiciste tu conmigo. Que tus anhelos más íntimos, sean tan apoyados como lo fueron los míos. Que tus esperanzas por hacer... lo que sea, más justo, más accesible, más de todos y, para todos, sean tan aclamadas como me sucedió a mi con tu ayuda. Aquí me tienes como te tuve yo. Deseando hacer algo por ti. Te he estado esperando, con paciencia infinita, solo, viendo como, poco a poco, han ido desapareciendo todos de tu lado, todos los primos y primas (del Zumosol), todos los sirvientes de tus dulces sueños, todos los guardaespaldas uniformados. ¡Ingratos!. Pienso en ellos a todas horas como, imagino, tu estarás haciendo y, me desvela, igual que a ti, su porvenir. No te preocupes, entre todos sabremos que hacer para que estén tan cómodos y felices, como estuvimos los demás contigo. Adiós, nos veremos como nos veíamos antes de ser quien eras, por las mismas calles, las mismas plazas, los mismos bares (espero que no las mismas veces, que eran pocas, como sabes y, no por ausencia mía, precisamente). Es lo bueno que tiene no cambiar y seguir siendo uno mismo.