lunes, 24 de noviembre de 2008

La victoria, en Copa Davis, como símbolo de la excelencia de un país

He escrito aquí, otras veces, que somos una potencia. Lo triste es que, únicamente, es, deportivamente hablando. No les voy a aburrir con datos que avalen esta teoría. Hoy no. Eso sí, veo necesario hacerles hincapié en hitos de dos deportes, tenis y ciclismo, como estandartes de nuestra única realidad digna de destacar en el concierto mundial, para que vean que, competir con los demás países, no es una cosa que se nos de mal. Es más, se nos da muy bien. Sólo, en el ejercicio que se inició en enero, de este dosmilocho que se nos va y, en tenis, nuestro Rafa Nadal ha vencido en Roland Garros, Wimbledon, JJOO y termina como número uno de la ATP. En todos estos eventos, la representación del globo terráqueo fue amplísima. Hay quien mantiene que es un fenómeno aislado y que tras él, no hay nadie, ni nada. Si así fuese, lo de ayer tiene una importancia bestial, porque se ha logrado sin la presencia del mascarón de proa de esta actividad deportiva, porque se ha logrado en el escenario que eligieron para fastidiarnos y, rodeado de las condiciones ambientales más infernales que vieron los días, por supuesto, provocadas de manera premeditada. A los que piensan que los espectadores de la cosa de la raqueta, son los más educados que existen, en contraposición, claro está, a los del fútbol que -parece ser- son, somos, unos energúmenos, les hago esta observación: Si lo del Polideportivo Mar del Plata pasa en el Monumental de Nuñez donde juega River Plate, en Buenos Aires, los intelectuales tipo Ramoncín, Sánchez-Dragó, etc, etc, nos están dando la brasa otros diez o doce años más. Pero no quiero quedarme con este detalle. Para mi, sólo indica que también sabemos trabajar bajo presión. Es lo más importante de la victoria. Tres Copa Davis, campeonato mundial, por si no lo saben, en ocho años, y, esta, encima, como broche al curso. Lo mejor es que no se ve el fin de esta tiranía.
Lo de la bicicleta es parecido. Giro, Tour y Vuelta, en grandes rondas, o sea, todas las posibles. Oro en los Juegos Olímpicos y el número uno del ranking. Contador, Sastre, Sánchez y Valverde. Más repartido.
Es la realidad de todos los fines de semana pues, raro es el que transcurre, sin que un españolito haga sonar nuestro himno por ahí y sin que digamos, sea cual sea la especialidad: ¿jugamos o se rinden directamente?. Es la única satisfacción que, colectivamente, nos está dando el país. Es la palpable constatación de que cuando nos ponemos, somos punteros. Es la demostración de que sabemos como hay que hacer las cosas y, lo más destacable, sabemos hacerlas. ¡Ay! ¿Por qué no nos pondremos a hacer otras cosas de mayor provecho?.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La cúpula... de los huevos

Que Miguel Barceló (nada que ver con el ron), haya pintado el techo de una sala de la ONU con semejante esperpento y encima cobrando, tiene huevos.
Que el artista haya tardado más de una tarde en hacerlo, solo puede ser, porque se habrá estado tocando los huevos.
Que si esto en vez de una pintada, es una canción, y el que lo hace, lo hace en la Velá de Santiago de mi pueblo, seguro que se lleva una lluvia de huevos.
Que haya gente que defienda que esto es arte, tiene coco... y huevo.
Que sea esta la imagen que dejemos, para la posteridad, de los artistas actuales, en España, es para partirse... los huevos.
Que el Ministro Moratinos vaya por la calle defendiendo que es barato, por la promoción exterior que de nuestro país hace, sabiendo que en cualquier garito, con la que está cayendo, alguien le puede intentar partir la cara, es de tener dos huevos.
Pero que nos haya costado la pasta (y bien costada), a todos los españoles, como diría Federico Trillo, manda huevos.

sábado, 15 de noviembre de 2008

De José María García a José Ramón de la Morena

Desde mi más tierna infancia, han sido pocas las cosas que me han gustado más que escucharla. Recuerdo, sin dificultad alguna, como cada día, llegada la hora bruja, me iba a la cama, contentísimo, sintonizando Antena 3 radio, en un aparato que también era despertador con una marca curiosísima, Oskar. Era gris, daba la hora en una pantalla frontal con unos números verde chillón que llenaban de luz todo el dormitorio y, tenía un mecanismo que hacía que cada cincuenta y nueve minutos, invariablemente, se apagase. Ahí, en esas vigilias escuchando al comunicador más grande que, dicen, ha dado este país, empecé a hacerme adulto. Descubrí que había un señor que presidía la Federación de Fútbol llamado Pablo, Pablito, Pablete Porta. Me enteré que usaba el coche oficial para pasear al perro y que había árbitros halcones y árbitros palomas. Estuve en el Congreso cuando el 23-F. Algunos de los que acompañaban a este presentador, que no estudió Periodismo, como hasta la saciedad luego nos han repetido como si con eso se deslegitimara su buen ejercer en el oficio, ahora son estrellas mediáticas de las ondas actuales: Alfonso Azuara, Javier Ares, Gaspar Rosety, José Manuel Estrada o Pipi y, por supuesto, José Ramón de la Morena.
José Ramón de la Morena fue su heredero en el liderazgo de las noches hispanas. A mi, como a una generación entera de jóvenes, nos cautivó por su frescura, por el tratamiento divertido que le daba al deporte, por la ausencia de polémicas en las que, las más de las veces, el periodista era protagonista de la noticia, por la pluralidad de temas, por el elenco de colaboradores. Llegó y desde los micrófonos de la SER, se hizo el amo del cotarro, borrando, poco a poco, cualquier recuerdo de aquel al que nos presentó como un dictador de la información, un manipulador, en suma. Butanito -así lo llamaba- fue languideciendo. Primero en la COPE, más tarde en Onda Cero. No fue, con todo, su caída inmediata. Fue suave, solemne, pausada, como sus palabras que, también, eran claras y concisas; como ese saludos cordiales, con el que nos daba la bienvenida a su programa. El nuevo mesías nos colgó de su Larguero prometiéndonos una nueva manera de comunicar, una nueva forma de contar las cosas pero, al poco, terminó por hacer lo mismo que tanto criticaba. En todos los circos se metía. Nada podía suceder sin que el lo mediatizara, lo condicionara: Colocar a sus amiguetes en los clubes. Juzgar si las sanciones eran o no proporcionadas. Mediar en las guerras por los derechos televisivos. Lo intenté en otros puntos con idéntico resultado. Todos querían el trono vacante del rey. Fue tal el hartazgo que llegué a echar de menos a José María García y, ante la falta de independencia en el dial, terminé por no encender el receptor y abandonar mi maravillosa costumbre. Por eso, aún hoy, me pregunto, para un viaje de ninguna parte a ningún sitio, ¿necesitábamos estas alforjas?.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Amanece en la carretera

Ni noche cerrada, ni día abierto. En el entreacto de la mañana que empieza a asomar, el ronco despertar del motor, despierta en mi sensaciones que creía olvidadas. Busco, callejeando por el terruño querido, el duro inicio de mi jornada laboral. La brújula señala el oeste, dirección Onuba. Primero Tomares, luego Castilleja de la Cuesta mirando a Espartinas, partiendo sus costuras mientras atravieso su alma para llegar a Villanueva del Ariscal, tierra de cepas ya vendimiadas, uvas que reposan en madera esperando su pureza, la de los almanaques también. Hace frío y tibios rayos de sol intentan abrirse paso, entre los verdes olivares que, aún escarchados por el relente matutino, esperan, a los últimos héroes, que aún verdean en el alto desde el que se divisa la urbe. Paisaje inmutable de una comarca que, a fuerza de reinventarse a si misma, ya no se conoce cuando se mira la cara en el remanso que, ahora, es el río Pudio. Son los usos, que no las costumbres, de un tiempo que se agota. Caras de una pobreza que cambió de continente para -quien sabe- lo mismo si sigue la cosa así, tener que volver a su primitiva faz, a sus primeras manos, a bañar de sudor la tez morena de aljarafeños de cuna y no de sudamericanos o africanos, hijos de otras como esta, pero no de nuestra madre tierra. Lentamente, una a una, van sacando de entre las retorcidas ramas, las aceitunas. Es el inicio de un parto que, una vez se acumulen, en los macacos, las suficientes olivas, proseguirá, con el traslado al molino de Gines, donde serán prensadas y transformadas, en oro líquido para terminar en cualquier tostada, de cualquier tasca o, a lo mejor, si su viaje es más corto y, simplemente, son machacadas y aviadas, terminar acompañando una cerveza o un mosto, cuando el rocío del alba, ese con el que se marchan carretas a Doñana y empiezan alegres dianas de romerías varias, sea un vago recuerdo y, plenamente, Lorenzo caliente el mediodía.
A lo lejos, aún, diviso Salteras. Gracias a los atascos, el caminar es lento y puedo recrearme, desde el curioso escaparate que es el parabrisas de un autobús, en la bella estampa de unas calles que se encaraman, hasta la torre donde reposan las campanas de la Iglesia. Olivares y el barroco esplendido de su plaza central, quedo en mi espalda. Me dirijo a Valencina de la Concepción, atravesando las inútiles -de momento- vías del ferrocarril cuando pienso que, por este canto sutil a la hermosura de las cosas sencillas que, cada amanecida vivo desde, va para catorce años, quizá quien debería pagar sería yo.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Me da igual

¿Queda claro?. Me importa, bien poco. ¿Que qué?. Pues que va a ser... Quien gane las elecciones a Presidente de los Estados Unidos. Me es indiferente. Que si Obama, que si Mc Cain. ¿Como si que ganase uno u otro fuese a arreglar nuestras vidas? ¿Como si nada más fuese noticia?. Ese es el merito de los yankees. Todo lo que hacen nos lo intentan vender como lo más importante. Lo peor, es que cuela. Y, personalmente, lo que suceda en las próximas horas, me da, completamente, lo mismo. Así que, quisiera pedir, rogar, suplicar, a los sesudos y sagaces expertos en política internacional que, como los sabelotodos de economía, actualmente proliferan que, en la medida de lo posible, se abstengan de hablar de este tejemaneje que ni me va, ni me viene, en mi presencia. Que me duele la cabeza de oír hablar pamplinas. Que si me van a mentar a Mc Cain sea al de las papas congeladas. Que Obama es tan de izquierdas como lo es Fraga. Que las páginas de política internacional no las lee, en el Horno San Buenaventura de la Calle Real, donde desayuno algunos días, nadie, porque si no, entonces, ¿por qué nos damos con los pies en el culo, todos, para pillar el AS, el MARCA, el ESTADIO y EL PAÍS se queda siempre allí, en la esquinita de los aceiteros, con sus análisis tan requetebién hechos, esperando a ver quien le hinca el diente? Pues eso, porque, como a un servidor, esto de las elecciones que algunos quieren que gane el negro y otros el abuelito, se la trae, al fresco, a la mayoría de gente que, lo único que desea, es que siga bajando el gas-oil y, si es posible, el euribor y, me da a mi, que, cuando esto haya acabado, sea quien sea el que venza, la cosa va a seguir igual. Igual de fea, claro está.