miércoles, 24 de diciembre de 2008

El puente

Han tirado el puente que unía, desde tiempo inmemorial, Castilleja de la Cuesta y Tomares. Lo han dejado caer de noche, pero con luz y taquígrafos, eso sí, pues aunque tarde, la demolición era no necesaria, sino imprescindible y, en esta acción, creo que existe la unanimidad ya que, hemos pasado de tener uno incomodo y peligroso, a dos amplios y, sobre todo, seguros. Seguros para los que pasen, por arriba y por abajo, que ahí, era donde la historia llevaba más urgencia dado que, los incidentes, con el tráfico pesado procedente de Huelva, eran, si no constantes, digamos que habituales. Luego, hemos ganado todos. Los de la zona castillejana y los de la zona tomareña.
Saltar la A-49 es parte primordial de mi existencia pues, como sabrán, habito a caballo entre las dos poblaciones. Llevo haciéndolo -va camino- tres años. En ese tiempo, me ha dado lugar a vivir, si se me permite la expresión, las realidades de ambos pueblos y, ese elemento tan nocivo, dañino si se quiere, para la construcción de un Aljarafe más vivible, la envidia, se me ha curado. De todos modos, quiero aclarar, que tampoco era de los que no podían ver al vecino de la localidad adyacente, aunque, eso sí, siempre sentí que ser de donde soy, era y es, un sello distintivo, un motivo de orgullo, una satisfacción.
Que esté enamorado de Castilleja de la Cuesta, no quita, de todos modos, que no le vea defectos, pues soy crítico con lo que quiero porque, considero, es la única manera de ayudar a mejorar, a crecer y, a fuerza de ser sincero y con todo el dolor de mi alma, actualmente, se vive mejor en Tomares. Alguno de los que aquí me leen, se va a escandalizar e, incluso, me va a tildar de incoherente pero, llegados a este punto, quiero hacer una aclaración: La Castilleja que sueño, no es la que veo y, uno puede haber caído en el amor, pero no en la locura... ni mucho menos en la idiotez. A ver, si poder decir esto, voy a querer menos que los que no le ven defectos, el sitio donde crecí y me hice hombre.
Los motivos por los que hago esta afirmación, personal y por tanto cuestionable, van fundamentados, en la calidad, absolutamente constatable, de todos los servicios que se ponen al alcance del ciudadano. Hay más limpieza en las calles, más presencia policial, una ordenación más racional de la circulación, más parques y mejor conservados, más zonas ganadas al recreo y la diversión, una mejor oferta comercial, gastronómica, cultural, deportiva y educativa. Mayor implicación del vecindario en todas las actividades programadas, mayor deseo de consolidar sus nuevas tradiciones como la Feria o el Carnaval, mayor accesibilidad a la vida municipal con información constante de todas las decisiones, de lo cual es, ejemplo máximo, la retransmisión a través de un canal propio de televisión de todos los eventos, con especial interés en los Plenos.
Lejos queda, en el tiempo, la fortaleza de quien se presentó, como el paradigma de la calidad de vida. Quizás, la causa de este descomunal adelantamiento, habría que buscarla en la idiosincrasia de unos habitantes, que no se han conformado con lo que se les daba y que, como garantes máximos de sus derechos, al asumir obligaciones, en forma de pago de tasas e impuestos, no han transigido con la política del trile y del enchufismo que, desde las Alcaldías de los diferentes partidos que les gobernaron, trataron de imponerles quienes, una vez alcanzaron el bastón de mando, creyeron logrado algo más que el respaldo de unos vecinos que, gracias a ser tan exigentes y poco aplaudidores de sus mandamases, han logrado lo que, algunos, no es que no vean, es que no les interesa ver y, lo que es peor, pretendiendo tapar sus propias incapacidades, confundiendo al personal. En la formula de este éxito, los más importantes han sido ellos, sin distinción de procedencia pues aquí, a nadie se le pidió ni pasaporte, ni certificado de pureza de sangre, ni se lo excluyó, tampoco, por razón de ideología o por la pertenencia a determinada Hermandad. Aquí, lisa y llanamente, se ha seguido la mejor estrategia posible, buscar de entre quienes se ofrecieron, al mejor gestor, prestarle que no darle, las llaves de la finca y, conminar le, a ser trabajador, eficaz y humilde, sin más y cuando lo ha hecho mal o no ha sido honrado, ponerlo, que para eso era un empleado pagado por el público, en la puerta de la calle. ¿Simple, verdad?. A ver porque no lo hacemos en la acera de Ikea.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Veinticinco años de una hazaña

Esta noche, cuando, desde mi butaca de voladizo, del estadio más mágico del maravillosomundo, vea, como dirimen, como litigan, como porfían, por los tres puntos en juego, mi Betis y ese histórico dirigido por un histérico, denominado Athletic de Bilbao, del País Vasco, región de España, mi imaginación, me llevará a un miércoles de hace la friolera, de veinticinco años, y, me atrasará a ese día porque, esa atardecida de invierno, sucedió, acaeció, lo más insólito que vieron mis ojillos de niño. La selección de Miguel Muñoz, la de Santillana, Maceda, Rincón y don Rafael, Gordillo el de las medias caídas, se llevaba por delante, a unos malteses que habían aterrizado en nuestra urbe, pensando que los milagros no existían. El marcador lo conocen de sobra. Las connotaciones históricas y sociales, también. Lo que supuso para nuestro país, ídem. Lo que no saben es lo que significó para mi.
Sé que, esa fecha, todo el mundo recuerda donde estaba. Es un día clave para entender la infancia, la juventud, la madurez de uno. Es, como el día de la Comunión, el de la Boda o el del nacimiento de un hijo. Es un día llave, si me permiten el símil. Yo era un niño de apenas nueve años. Esa semana llovió, se cayó la tapia de la finca de los Maristas y, todos los de mi edad, nos pusimos ciegos de comer naranjas recién pilladas de los árboles, gratis total, ante la desesperación de los Hermanos. La Calle Real era un río que corría desde Monterreyes al Embrujo y, mi amigo Sergio Adorna, inventó un juego que consistía en colocar dos papeles, uno para él y otro, lógicamente, mío, pintados uno en rojo, el de España y otro en blanco, el de Malta, que poníamos en la puerta de su casa, en la cuneta por donde bajaba el agua y que perseguíamos, hasta el cruce de la carretera de Tomares, entonces, donde hoy se encuentra la rotonda de acceso a la población, mientras los arrastraba la corriente. Siempre llegaba primero el papel de los extranjeros y aquello, nos mal traía. Jugamos en el campo de albero de la barriada, dos o tres partidos y, como nadie quería ser de los de la cruz, terminamos por hacer Betis-Sevilla. La noche de marras, nos sentamos, todos en pijama, en un sofá que entonces había en casa, marrón oscuro con rayas color chocolate, que se componía por módulos. Mi padre, mi madre, mi hermana Mari Luz, que no aguantó el choque entero, durmiéndose y, quien escribe. A mi hermana Lorena, en aquellos días, un bebé, la acostaron antes. En el entretiempo, ninguno de los allí presentes pensábamos en lo que, posteriormente, sucedió. Corrijo, ninguno de los allí presentes, ni el resto de ciudadanos de esta bendita nación. Por eso, creo que pasó. Porque así somos los españoles. Imprevisibles, heroicos, quijotescos, inauditos. Por eso y porque nos lo merecíamos. Fueron tiempos de desgracia. Atentados, accidentes aéreos... mucha penuria y, la victoria, fue como cuando sale el Sol luego de una tormenta. Lo más emotivo fue, sin duda, cuando Señor metió el último gol en la portería de Gol Norte. El tresillo salió despedido por todo el salón, mientras nos abrazábamos y los chillidos se escuchaban por todo Castilleja. La explosión de alegría, además, fue compartida en el municipio entero.
Veinticinco años ya, toda una vida. En eso pensaré mientras ruede el balón. En eso, en como corre el reloj, en como hemos cambiado y, en como un partido de fútbol, puede ser el símbolo de la llegada de los buenos tiempos y el pistoletazo de salida para una nueva era.

sábado, 20 de diciembre de 2008

El encargado del bar Laredo

Sucedió en el bar Laredo y, para mi, es el paradigma de que todavía quedan personas para las que, su trabajo y trabajar, son un bien sagrado, algo que hay que mantener a toda costa y para lo que, no basta con ir a hacer todo lo que se puede y lo que te piden, no; trabajar es ir a dejar lo mejor de uno mismo, el total de las capacidades que uno posee, esforzarse hasta el extremo e, intentar que la empresa que a uno le paga, tenga el máximo beneficio del salario que desembolsa por uno y, sobre todas las cosas, la máxima satisfacción por haber elegido nuestra presencia y no otra. Si esa ética, si esa honradez, si esa decencia, la tuviesemos todos y nos aplicásemos, con el mismo esmero con el que pedimos derechos, estoy seguro que, nuestros índices de eficiencia y de productividad, mejorarían y, lo harían tanto que, igual, esto que les voy a contar, no me hubiese sorprendido.
Como les digo, sucedió en el bar Laredo. Fue el pasado sábado y con el sitio, para variar, atestado. En otras circunstancias, el hecho me hubiese tirado para atrás porque no me gustan, especialmente, los espacios masificados pero, el caso es que, desde la barra, me hizo una señal el encargado del local indicándome que, en un rincón de la misma, iba a quedar libre, en breve, un sitio. Y como llovía, le había dado la vuelta a todos los bares del centro y no había estado nunca allí...¡Blanco y en botella!. Total, que me acomodé, me senté en un taburete y descubrí, con entusiasmo, que comer en esa ubicación, iba a ser una buena idea. Mi primera sorpresa fue descomunal. Había espacio. Parece ser que, en la reforma, a alguien se le ocurrió poner algunos centímetros de más para que, aparte de platos, cupiesen también copas, un servilletero, la cestita del pan... y alguna cosilla más. Para colmo, no más estuve colocado, ya tenía al camarero ofreciéndome la carta y tomando nota de la bebida. El resto fue, en la misma línea de eficiencia, disponibilidad y amabilidad. Entenderán que, que le sirvan bien a uno, no es noticia, aunque viendo algunas cosas que uno ha visto y hasta contado aquí, quien sabe, lo mismo, sí. Las viandas, como corresponde a un establecimiento del grupo Robles, sensacionales, por supuesto.
La anécdota, no obstante, vino a los postres, cuando la bulla ha aminorado. El mismo chico que no ha dejado que, una vez he entrado en el local, me pire; el mismo que no pierde de vista ningún aspecto que haga que los clientes allí presentes, sientan la mínima incomodidad; el mismo que, laborando como el que más, se preocupa de vendernos lo mejor de su carta, en lugar de aprovechar el receso, para echar el cigarrito, una charla y, pongan el etcétera que quieran, suelta, para que todos lo escuchásemos, la siguiente frase: "Camarero parado, soy un gasto, pidan me". Y me ha dado por pensar que, esa es la política que hay que seguir en el mundo laboral. Verse como un gasto e intentar, trabajando, que nos vean como una inversión. Hacer que nuestras acciones personales suban en el mercado. Ser más competitivos. Como el encargado del Laredo al que, auguro, una larga carrera profesional, no solo en la hostelería, sino en el sector al que quiera acceder.

martes, 16 de diciembre de 2008

Sobre el Hotel Eme

De verdad, no se como empezar. Estas líneas que leen, son el intento número mil (o dos mil, que se yo) de hablar sobre algo que me va a ser doloroso, porque hay amigos por medio y, sobre todo, porque esta circunstancia, exige sacrificios que hay que realizar, en aras de una mejor convivencia. Eso sí, tengo claro que, el cariño sincero que siento por esas personas, no va a variar un ápice mi manera de conducirme por la vida y, mi honestidad, me pide que cuente mis experiencias. Vaya por delante que, el establecimiento que con el nombre Eme Fusión, sito en la calle Alemanes, de la muy noble, leal y novelera ciudad de Sevilla, no me parece la maravilla que, desde el minuto uno, los modernos de esta plaza, nos intentan vender. Vaya por delante que, hasta el día de la fecha, lo he visitado e, incluso, he disculpado detalles que, en cualquier otro lugar, hubiesen sido más perdonables, pero, ciertamente y, para ser justo, aunque haya profesionales en la nómina de ese sitio, que dignifican mi vida con su amistad, si a un hotel queremos darle la categoría que tanto presumimos que tiene, hay que hacerlo cuidando todos los detalles, no solo los estéticos y, las estrellas que adornan el currículum de la casa, me parecen excesivas para lo que te cobran, desde el instante en que pones tus pies en el zaguán que hace las veces de recepción, porque, cuando uno paga por estar en un cinco estrellas, paga por un trato especial, porque lo traten como si fuese el cliente más importante, por sentirse único. Paga por las experiencias, en suma y, aquí no se cumple el trato pues, la factura, supera con creces lo que te dan. Tengo que aclarar, que mi presencia allí, desde las trece horas, treinta minutos del Sábado, fue consecuencia del regalo maravilloso que una maravillosa pareja, María y Pedro, quiso tener para colmar nuestro respeto y conocimiento, por lo que, en consecuencia, creo que los más estafados fueron ellos, pues pagaron por algo que no es exclusivo, ni de lejos. De todos modos, Familia Gonzalez, muchas gracias, el detalle es lo que cuenta y, para nosotros, los Navarro Rivero, ustedes son, no seis, ni siete estrellas, sino diez... por lo menos.
La primera vez que fui a Eme, fui en una visita guiada por una magnífica Relaciones Públicas que, tras enseñarnos todo lo enseñable e, incidirnos en el carácter elitista, vanguardista y mega-fashion de las instalaciones, concluyó con la degustación de una manzanilla sanluqueña en una copa de champán. Este detalle, habría que consultarlo con un especialista de estos caldos, mi amigo Antonio Barbadillo que, no creo, lo hubiese aprobado. A cada cosa lo que es de cada cosa y, al Cesar lo que es del Cesar, inventar la pólvora, a estas alturas, está algo, repito, algo, complicado, luego, no poner este vino en su recipiente más característico, el catavino, solo puede interpretarse de una de estas formas: O es Moet lo que nos quieren dar y se han quedado cortos de presupuesto, o han abierto de prisa, corriendo más que Usain Bolt y no tienen el menaje completo, o están pretendiendo decirnos que, así, de esa manera, es como, los que tienen estilo, toman el manjar que se cría en la desembocadura del Guadalquivir. Si es la primera opción, triste me parecen los quiero y no puedo. Si es la segunda, la calidad se mide en esos imprescindibles elementos, que deben estar en el ajuar desde antes de abrir las puertas. Pero, si es la tercera, sólo decir -rico refranero, el hispano- que los experimentos... con gaseosa y, las lecciones de glamour, mejor que las de el Vogue.
La segunda vez, fue un almuerzo en su restaurante japonés, con servicio de Ikea, por que, por si no lo saben, la cosa funciona como en la escandinava tienda de mi pueblo. Te cascan en la mesa la lista en el oriental idioma, con un minilápiz y, tú mismo te lo administras, avisando al guaperas que tienen para atenderte, entre peinado y peinado, en las dosis que te apetezca y según estés de puesto en el idioma de los habitantes de Tokio. Tienen, además, lo que se denomina "show cooking" o, en garbanzos y chícharos, un cocinero guisando en el comedor. Dos puntualizaciones: Que el chef no tenga los ojillos rasgados, da que pensar, pues no es lo usual. Que la campana extractora de humos no tire como tiene que tirar, no da más que para reflexionar que las prisas, son malas consejeras. Casualmente, nos acompaña en ese refrigerio un amiguete que se dedica a la construcción y que, afirma, tajantemente, que de singular, el espacio tiene poquito. Cortar y pegar, como en el Windows. Esto de un edificio de Barcelona, este lavabo del Arquitectura y Diseño. Un refrito, vamos. Las copas nos las tomamos en su cafetería, Veinte pasos y, nos llevamos el sorpresón del año. Es el primer garito donde se han propuesto erradicar la fea moda de beber alcohol (ironía on) pues, solo así, se explica que en la carta de bebidas tengan más referencias de aguas que de whiskies. Te puedes tomar una de Nueva Zelanda pero no un Johnnie Walker. El servicio, es de línea cofrade. Lo que te vas a tragar, lo traen hermanos costaleros (ironía on, second time). Eso sí, guapos y guapas, un rato los tipos. En mi época de soltería, me hubiese gustado conocer esa escuela de hostelería.
Tercer intento, tarde de café con pareja amiga con bebé en cochecito. Creí entender que, las setas calefactadas a butano que se ponen en las puertas, se ponen para que, cuando no caben más en el interior y te tienes que sentar en la fría calle, el calorcillo te reconforte. Craso error. Estas estufas, se encienden a capricho del camarero y, las siete de la tarde del mes de Noviembre, según nos comenta el ínclito amigo, no es hora para que tengamos miedo al relente. Otro suceso: tras el café, hay quien gusta de tomar un vasito de un líquido elemento insípido, incoloro y sin olor. H2O, para que nos vayamos entendiendo. Si no lo haces de su celebérrima carta o, lo que es lo mismo, si quieres degustar la famosa especialidad hispalense de grifo, la espera, tiene el obsequio final de que tienes que engullirla en un vaso con los labios de una cualquiera. O eso, os es que también han abierto sin lavavajillas.
Cuarto intento. Paseando, con mi señora esposa, una tarde, aún no muy fría, del otoño de nuestra Híspalis querida, decidimos tapear en su Milagritos. Nos cae la noche en to lo arto, que diría Donmanué, y nos cobijamos en su interior. Parece ser que, el dueño tiene que ser de Bilbao centro. Sólo así se explica, la pertinaz costumbre de mantener la puerta abierta, pese al gélido viento que entra en el recinto. Lo mejor su tapeo. Lo peor, tener que pedírselo a un chico que, de español anda escaso o este cateto, de francés, pero que tiene que ser un crack, sirviendo... en Lyon o en Burdeos, y, por eso, lo habrán traido. Puestos a elegir, me quedo con mi Jesús que está muy, pero que muy, por encima de la media. Sólo él y Rafa, en el gourmet, salvan el tipo. Ellos y mi adorado Antonio, al que queda por delante un trabajo de enanos para poner el servicio a la altura de las expectativas.
He dejado, para el final, lo de mi presencia en sus renombradas habitaciones. Doy datos de la que conozco, la 314. Descripción general: Consta de puerta, no insonorizada, por la que penetran los ruidos del pasillo y de la escalera que te conduce, parece ser, a las suites, donde se sube cantando alborozado por lo que pudimos comprobar, en la tarde del sábado. Tras llamada al mostrador de admisión nos indican que nada pueden hacer. Prosigue con dos camas, orientadas a la citada puerta y a cuyos laterales, asoman dos balcones con cristaleras de climalit, a testar nuevamente en controles de calidad, por su escasa, nula mejor, capacidad de aislamiento. Cualquier intento de hacer que el aire de la habitación caliente, choca con la obstinación de la máquina. Avisamos al servicio de mantenimiento que, manipula de idéntico modo a nosotros los mandos y que, con un termometro digital, constata que la calidez de la estancia es la adecuada... si te has criado en Groenlandia y no en Castilleja de la Cuesta. Nos sugiere que coloquemos a tope la temperatura del termostato y que, una vez caldeada la sala, devolvamos la misma a parametros normales. Actuamos como se nos indica. A las dos de la tarde, situamos el aparato a treinta y dos grados. La abandonamos, al día siguiente, sin haber podido cumplir lo requerido. El cuarto de baño está dividido en dos partes. En el habitáculo, espejo y lavabo. En un reservado, water, bidé y ducha. Esta última, encajada en un rincón y aislada con una puerta de apertura frontal. O eso creiamos hasta que nos duchamos. Cuando el aseo termina, hay más jabón y charcos fuera de la mampara que dentro. Intentamos arreglar el desaguisado colocando toallas en el suelo y avisando a la camarera de piso. Nos asiste, rauda. Seca el piso con una fregona y retira las mismas. Lo malo es que las retira para siempre, sin traer otras nuevas. Tras estos incidentes, decidimos salir a dar un paseito y almorzar. Llueve. Solicitamos un paraguas en la entrada. Nos facilitan uno, (para dos), de publicidad y nos piden a cambio, el número donde estamos alojados. Tienen que ser caros, de... narices, para protegerlos con tanto celo. Si tenemos en cuenta como medida de valor, el precio de un patito de goma que se encuentra en nuestra habitación, diez euros, y medimos por la altura del elemento, lo mismo, lo barato es alojarse y no comprar su publicidad. Volvemos a las tres horas e, ilusos, pretendemos acceder a las instalaciones reservadas a los clientes alojados. En el bar, nos sientan, tras durísimas negociaciones en un mullido sofá donde nos soplan por un gin-tonic y un té, dieciséis euritos. En medio de la charla, hace acto de presencia una relaciones públicas del local y nos indica que, con prontitud, hemos de abandonar el mismo pues se encuentra reservado para un cumpleaños. Lo hacemos, no sin indicar que somos huéspedes. A la tipa el hecho se la sopla. Al ir a pagar, exhibimos la tarjeta de fidelización. El precio sigue inamovible. Luego, ¿a cambio de qué entrega uno sus datos?. No lo sabemos. Decidimos irnos a nuestra casa prestada. Allí pasamos la tarde-noche, acurrucados en la cama e, iluminados con las únicas luces que la habitación posee, las del cabecero. A las dos de la mañana, luego de múltiples intentos de conciliar el sueño, nos vemos obligados a llamar, de nuevo, sí, de nuevo, a los miembros del staff. Una de las salas, abierta al público tres plantas más abajo, es un hervidero. Nos indican que el ruido es el normal y que no desesperemos, queda poco para el cierre. ¡Para ese viaje, no necesitamos alforjas!. A la mañana siguiente, bajamos a desayunar. Buffet, minúsculo. Una máquina muy moderna de café, de esas que andan con pastillas, pan tostado, yogures varios y unos cuantos zumos, así como lo indispensable para afirmar que, bollería, hay. De la prensa ofertada, mejor ni hablar. Diario de Sevilla, El País y Herald Tribune. Punto y final. Máxima categoría en la hotelería sevillana, hoy en día, con un par. Del numerito de la llave de plástico, mejor no hablar. Depositen la en las manos de la recepcionista antes de que se la soliciten sino, el rapapolvo, puede ser de los que hacen época.
Esto es lo que hay, señores y señoras, he querido ser, lo más objetivo posible. El dueño de este negocio es constructor. Construyendo sueños, no es nada hábil, que digamos y, si el Eme Fusión es un sueño o no, del ramo y un lujo, para nuestra bendita provincia, sólo el tiempo lo dirá. A esta hora, lo mismo he perdido algún amigo. Me importa, pero no me quita el idem o, al menos, no más que me lo quitaron hace tres noches que, que se sepa, es a lo que se va a donde fui, a dormir pero no para tener pesadillas, sino, para descansar.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Una historia de amor

Lo malo que tienen las secciones de efemérides, en los diarios, es que destacan, únicamente, los sucesos importantes de la Historia, en general. Por eso a mi, que soy más de andar por casa, me gustan las efemérides, sí, pero las de ese álbum de imágenes, lecturas, escuchas y vivencias, con disco duro ilimitado, que es el corazón. Será por eso, por lo que, esta mañana, en mi cotidiana lectura de prensa -ya saben, en el Horno San Buenaventura de la Calle Real- cuando he buscado en la página correspondiente, no he encontrado lo que pretendía hallar: Quizás, el acontecimiento más importante que ha sucedido desde que nací. Así que, resuelto a que no quedase en el olvido, decidí que habría que dejarlo, por escrito, para que el día de mañana a nadie se le pase lo que sucedió un quince de Diciembre, como este, pero del año de gracia de Nuestro Señor, de dos mil siete, después de Cristo, obviamente. Antes, eso sí, dejen me que les ponga en antecedente.
Más allá de la hora bruja, de un treinta de Mayo de dos mil seis, una insólita conjunción cósmica puso, en el mismo espacio del Universo, al mismo tiempo, a una Princesa y a un plebeyo. La noble dama, se encontraba, en compañía de su séquito, asistiendo a un baile. El plebeyo, en compañía, de otros de su condición. Dicen, que el cometa Halley, pasa una o, tal vez, dos veces por centuria. Será por eso que, pese al abismo que les separaba, nuestros dos protagonistas fueron capaces de buscar la forma de conocerse, expresarse, entenderse y enamorarse. Lo hicieron de manera tal que, su romance, fue sencillo y discreto, serio y apasionado, elegante y espectacular, divertido y romántico. Fueron capaces de superar las adversidades que se les presentaron, integrarse en los entornos contrarios y hacerse querer tanto como se querían ellos.
Con esta previa, entenderán, que lo que se celebró fue una boda pero, eso sí, no una cualquiera, sino La Boda, con mayúsculas. Fue hace trescientos sesenta y seis días. Los mismos que han desfilado en medio de una continua fiesta... y lo que queda. El enlace, como habrán deducido, fue el mio y, con una mujer que es mi delirio, mi devoción, mi vida. Si me siguen asiduamente, sabrán, que esta negra página, es la manera que he encontrado de hacer llegar mi voz al mundo. Nunca, hasta ahora, les he contado que parte de lo que aquí se cuenta, lo inspira un ángel celestial que Dios me envió, para que terminase de ser, plenamente, feliz. Las primeras letras que se escribieron, fueron para ese ser. Recuerden las, si quieren, leyendo ese breve artículo. Pienso lo mismo, aún, y, además, pienso que soy un tipo con suerte, con la inmensa suerte de tener en mi existencia a Pilar. Quería decirlo y, como estoy algo acatarrado, las palabras no salen de mi garganta y, aunque chille por la ventana, no me puede escuchar pues -cosas del destino- está en la otra punta de la piel de toro, lo escribo para que lo sepa todo el cosmos. Que la quiero con todo mi ser. Que daría mi sangre y mi aliento por ella. Que la adoro. Que, simplemente, mi niña, te amo.
Ven como es cierto que, a veces, no les cuentan las verdaderas noticias. Que les decía, hay o no hay efemérides, que no salen más que en sus propios periódicos.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Una mañana en el Pleno

Inocentemente, pensaba que los Plenos de los Ayuntamientos, servían para debatir a cerca de los temas que afectaban, de manera directa, al ciudadano de la circunscripción electoral en cuestión pero, hace algunas mañanas, descubrí, entre otras cosas, que no, al asistir a uno como espectador pues, parece ser, que, si a alguien se le ocurre llevar la propuesta de que prohiban a los americanos mandar más naves tripuladas al espacio, incluso se puede debatir y, para desgracia de Obama and company, lo mismo tienen que dejar de hacerlo, si se aprueba. Imaginen se los titulares en la prensa: El pueblo de Castilleja de la Cuesta (eso es el Pleno allí congregado) termina con la carrera espacial de USA. En fin, sin comentarios, lo que importa es que era mi primera vez y no, precisamente, por falta de oportunidades. Me picaba la curiosidad así que, como otras veces he sido tentado para formar, previo paso por la lista electoral correspondiente, parte del desarrollo del mismo, me decidí a comprobar como encajaría en el engranaje municipal y, el resultado es que me han quedado claras tres cositas.
La primera es, que se nota la importancia de la disciplina de partido que, por si no lo saben, consiste en que, pienses lo que pienses, tu voto es propiedad de un aparato superior que es el que dicta el sentido del mismo. Habrá honrosas excepciones, claro está, pero o bien todos los socialistas y todos los populares (excluyo al único representante de los comunistas por razones obvias) están, absolutamente, de acuerdo en todo lo que se planteó o, ustedes me dirán, porque el final es que, en todos los puntos debatidos, los votos a favor, en contra y abstenciones, fueron idénticos. Hago aquí, dos aclaraciones: El grupo socialista, fue un ejemplo de que cuando se rompe esta teoría, al que manda le quedan dos telediarios, pues no manda. El grupo popular, parece vivir el mismo momento al estar, claramente, dividido en dos mini-grupos que, eso sí, votan lo mismo en todos los temas cumpliendo mi aserto.
La segunda que, ahora que estamos en crisis -según dicen- sería más práctico, que asistiesen solo los portavoces de cada agrupación y votasen las mismas veces que concejales tuviesen así, nos ahorrabámos la presencia pagada del resto de componentes que, por lo que he creído ver, no hablan, solo levantan la mano cuando se les indica y, las más de las veces, están absortos en sus pensamientos y haciendo como que prestan atención a lo que se dice. Piensen que pastón se ahorraba con esto... y si llevásemos la idea al Congreso, al Senado y al Parlamento Autonómico, ya ni les cuento. Entre eso y los tropecientos ¿trabajadores? metidos a dedo, de las diferentes administraciones, empresas públicas y fundaciones varias guardábamos, en la hucha de todos, un dinerillo tela de curioso para, por ejemplo, gastarlo en hacer y arreglar carreteras, colegios, hospitales y centros culturales y deportivos. Lo mismo esto no se puede hacer, claro, ya saben la de estupideces que se me ocurren y que escribo en esta negra página o, lo mismo, no es que no sea una propuesta interesante sino que, entonces, a político se iba a meter Bartolo y, sin manteca que repartir, les iba a votar Rita, su mujer, que además es cantaora.
Finalmente, la tercera cosita que me ha llamado la atención es, la nula asistencia de público a este acto. ¿Será porque no les interesa lo que allí se habla?. Quien sabe, lo mismo, sí y no tienen tiempo o, lo mismo, es que la diez de la mañana no es hora para fomentar la asistencia. Como dice una vecina de toda la vida de mi madre, previo suspiro y con una exclamación tan grande como el Titanic: "¡Que se yo, la vida!".

martes, 2 de diciembre de 2008

Cincuenta años de amor a unos colores

Aquello sería el colmo. Imaginen se la situación: Unos disfrutando de una etapa de bonanza como no se conoció hasta hace poco y, los otros, aguantando estoicamente burlas, mofas, bromas de dudoso gusto, humillación tras humillación, un sufrimiento al que nadie parecía ponerle fin y, sus colores, esos tan hermosos y con tanta carga de sentimiento, los que enseñorean la bandera de una tierra que, como la filosofía de esa gente, tanto sabe de padecer, verde y blanco, blanco como la luz que cae del cielo y verde como la que nunca les tuvo que hablar para que no perdiesen, precisamente, su nombre, la esperanza, pisados, vilipendiados, arrojados a un abismo del que pocos, menos sus fieles, creían que sería capaz de salir.
Y fue tan grande que, para que esos días de fiesta, tan merecida, tan ganada a pulso, tanto tiempo esperada y, por fin, conseguida, para que esos gozosos momentos no se olvidasen, decidieron que iban a darle el homenaje máximo que darse puede a sus dos tesoros, al de toda la vida, a su Betis y, al nuevo, a ese icono que se había hecho mayor en la atardecida de un campo que se inauguraba, el de los que tanto se habían regodeado en el padecimiento ajeno, esos que, en una calle, habían colocado el cadáver de un animal fallecido al pie de un árbol pintado con cal, con una siniestra inscripción: "Cuando el gato suba a la palmera, el Betis será de primera".
No sé si un felino muerto es capaz de trepar, que pienso que no, pero lo que, seguro sé, es que el equipo de Heliópolis subió de Tercera a su sitio, la División de Honor, justo a tiempo de darles una lección a los que, tan rápido, mataron a los, inmortales, genuinos, únicos, representantes del pueblo, por mucho que ahora anden, por ahí, algunos, intentando reescribir lo que no es más que Historia. Ese ocaso de septiembre, sucedió para que, por los siglos de los siglos, quede constancia de que un tal Luis del Sol, Cascajares por su madre, abrió, no un estadio, el Sánchez Pizjúan, sino un tiempo, el de un grupo de locos que se liaron la manta a la cabeza y crearon ese monumento vivo de amor a un escudo, a una leyenda, a un mito, la Peña de Castilleja de la Cuesta del Real Betis Balompié, que, hace pocas fechas, cumplió sus bodas de oro, tan joven como siempre y dispuesta a que la verbena que se inició hace cincuenta años, no se acabe tan pronto como auguraron que iba a hacerlo.
Si miran bien, entre sus paredes, no solo encontraran fotografías de un pasado amarillento. Encontraran, recuerdos de un ayer que vuelve una y otra vez. La mano encallecida del Padrino que viene del campo, donde Meina, donde Las Cantoras, donde el Albajañez te lleva a Valencina, para llevar a ese niño chico a escuchar como Portu, Ríos, Soladrero, Bosch... vencen al Madrid de don Alfredo. Encontraran al Moreno, organizando el autobús del domingo para el partido con el Sabadell. Encontraran a Marquez, al Coca, a Vicente, el del Mataero y a Paquirri, de tertulia. Al Huerterito pronosticando victorias imposibles (y acertando). A Manolo Carmona, leyendo en la biblioteca y, escribiendo, cualquiera de los tomos de esa Historia que está por publicar. Eso es lo que tienen que buscar pero no lo hagan con la vista, haganlo con el corazón, ese que, ininterrumpidamente, lleva latiendo medio siglo, al son de los palillos de Jesús Rajita. Eso es lo que hay, ahí, en esas paredes de la calle Majón o Jesús del Gran Poder. Mucho amor a una escuadra y a un club, mucha buena gente, mucho Manquepierda y mucho Betis.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Los lunes, los martes, los miércoles... y todos los demás días, al sol

Tengo miedo. Tengo miedo de no poder traer dinero a casa un día de estos. Tengo miedo de no poder ganarme la vida como hasta ahora. Tengo miedo de perder mi trabajo. Tengo miedo porque, de donde procedo, la gente no tiene mecanismos para ponerse a cubierto de la tormenta que nos está cayendo. Tengo miedo porque todos acusan, a los de mi clase, de haber querido vivir por encima de sus posibilidades. Tengo miedo de que tengan razón y de que nos esté castigando el sistema por sinvergüenzas, por aprovechados, por oportunistas. Tengo miedo a lo de después. Tengo miedo a la primera mañana sin tener nada que hacer. Tengo miedo a pasar los lunes, los martes... la semana entera al sol porque todo se desmoronó, se hundió, míseramente, bajo nuestros pies y, la sólida construcción en la que habíamos asentado nuestras existencias, simplemente, dejó de existir. Tengo miedo porque veo, a mi alrededor, a otros mejores, irse al charco. Tengo miedo porque no veo que alguien, seriamente, se plantee soluciones con un mínimo de coherencia, para ayudar. Tengo miedo porque, de esto, no va a salir reforzada más que la misma gente que mandaba. Tengo miedo, de esa palabra que tiene seis letras, que son como seis puñales que se están clavando en el corazón de personas honradas. Tengo miedo porque, a mi puerta, ya han empezado a llamar los problemas. Tengo miedo de la crisis.