sábado, 12 de enero de 2008

Sobre sevillismo y beticismo

No quiero escribir de fútbol y no porque no me apetezca o no sepa, no, no quiero escribir de fútbol porque eso lo hace mucha gente, muy bien y con más conocimiento. Eso, no obstante, no indica que no sea futbolero que lo soy, gracias a mi Padre, con mayúsculas, gracias a sus desvelos y a su interés, gracias al ambiente en el que crecí, gracias a tantas circunstancias que hacen que ese deporte sea lo grande que es. Por eso, porque no quiero escribir de fútbol, pocas veces verán alusiones ni a Él ni a mis colores o a mi filiación deportiva aquí (haberlas las hay). Soy aficionado del Real Betis Balompie, socio militante, convencido bético pese a todo lo que está cayendo, ahora más que nunca, precisamente porque esa es la génesis de nuestro amado club, rebelarse ante la adversidad con dignidad, coraje, respeto y educación. Por eso no entiendo a determinadas personas. Por eso no le entiendo José Félix Machuca. No tuvo bastante con lo de la primera vez. No tuvo bastante con insultar, menospreciar y reírse de todos los que, como mi Padre, como yo, sentimos como nuestra segunda piel esa barrada casaca albiverde. No tuvo bastante porque las personas como usted, necesitan ese protagonismo que emana del sentirse admirado o odiado, ese protagonismo que es mitad morbo, mitad vicio, sentirse superiores, medir la grandeza, ver, como dicen en mi pueblo, quien mea más alto y no entiende que, para toda madre, su hijo siempre será el más guapo, el más fuerte, el más listo aunque no lo sea porque el cariño es ciego, el amor es libre y hasta a los que son como usted, alguien los quiere.


Y no quiero decir que usted sea mala persona, ni mucho menos, pero lo que si digo es que usted está equivocado, que dentro de una tribu hay muchísimos espécimenes diferentes, que juzgar a la totalidad por un individuo es una manera de errar muy inocente y que le presupongo más preparado -al menos usted va por la vida de eso-, más culto, como pregona que es el sevillismo frente a la bajeza intelectual, frente a la estupidez, frente a todos esos valores tan negativos que usted ve en las personas que aman o profesan devoción sincera al equipo del barrio que está junto al Porvenir, o de la carretera de Cádiz -que no ofende quien quiere sino quien puede-, que es envidioso y sería capaz de aniquilarles como hizo, supuestamente, Salieri con Mozart (como ve le sigo).
Hace algunos veranos, a los creativos de su entidad -el nuestro es un cluz llamado Beti que no tiene estadio sino campo- ya les dio por el mismo lado y mostraron en un anuncio, que el camino a elegir, si se quería ser alguien en la vida, se iniciaba tomando la senda del Sevilla porque era una sociedad donde la gente tenía estudios y estaba mayoritariamente preparada. No era una idea nueva. Ya antaño, se convencía a los padres de los futbolistas para fichar, ante la disyuntiva de elegir acera, poniendo, la cordura y la bonhomia de un lado exclusivamente. (Mejor no pensar que estas felices ideas hubiesen surgido de la mente calenturienta de cierto dictador de pacotillera república que padecemos -será por padecer- al final de La Palmera).
Está claro que el beticismo de gente como Antonio Burgos, Carlos Herrera, reconocidos compañeros suyos de profesión; Felipe Gonzalez, Presidente del Gobierno de este país; la Duquesa de Alba, para que abundar más en los comentarios; Alejandro Sanz, cantante... y así un largo etcétera, a usted, no le dice nada y si le dice algo, le dice enfermedad (sólo le cito) curable con la madurez personal. Y sabe que le digo, que bendita sea la inmadurez, que prefiero morirme inmaduro, que es de necios pensar que todo el beticismo tiene la cultura de un señor, que la Paz de Puerta va a durar un silbido mientras sigan existiendo alborotadores como usted, que cuando haya una desgracia (no sólo botellazos hubo en los clásicos, que cierto cuchillo cayó de la grada también algún tiempo antes) nos apuntaremos a la mesura y echaremos la culpa a los de siempre y que, José Félix Machuca, a usted, no hay, como le diría mi abuela, por donde cogerlo porque, con esa integrista manera de proceder, me da la impresión, y, perdone que no sepa exponer mejor mi punto de vista (mi cultura sólo me da, parece ser, para ser verdiblanco) se ha vuelto a demostrar, afortunadamente y a Dios gracias, que ni estudiando les llega a algunos para ser personas con parámetros normales de inteligencia amen la camisola que amen, porque, ni esta ni la sensatez ni el saber, estarán ligadas nunca al escudo de ninguna asociación sea del tipo que sea.

Elsa y Fred

Una de esas joyas del cine que, en su momento y vaya usted a saber por qué, que lo sé, terminó pasando desapercibida, en su paso por las carteleras, fue esta película de Marcos Carnevale que cuenta como estrellas con China Zorrilla y Manuel Alexandre. Elsa y Fred, en palabras de sus creadores "es una historia de amor tardío. Una historia de dos vidas que al final del camino descubren que nunca es tarde para amar... ni para soñar".
El argumento, en líneas generales, que no quiero destripar el filme a quienes pretendan verlo (disponen de la magnífica opción del DVD), nos pone frente a dos maneras de enfocar la existencia totalmente contrapuestas: la serena, aburrida y triste del varón y la alegre, loca, desenfadada y divertida de la actriz. Para mi, la argentina está inmensa en su papel y, vista La Dolce Vita de Fellini, prefiero a nuestra Anita Ekberg... y a nuestro Mastroiani, por supuesto, que para eso estuvo nominado a un Goya en el dos mil seis.
La sucesión de aventuras, los momentos para reír y llorar, que de todo hay, las vicisitudes por las que pasa el actor... Todo está pensado para que la cinta sea un disfrute. Todo está hecho para pasarlo bien durante la hora y media larga que dura. Todo está ideado para ser visto con la pareja de uno.
La recomiendo especialmente, sin el permiso de esa crítica experta, que a mi, ya saben, me importa un pimiento y que, luego no dirán que no hay intereses, no le echó ni puñetera cuenta cuando estuvo en las salas.