lunes, 28 de enero de 2008

Maria del Monte

Tiene diecinueve años, nació en Santa Coloma, reside en Badalona, estudia Magisterio y veranea en El Pedroso, en la Sierra Norte de Sevilla, mar adentro. Así ha sido desde que el abuelo volvió, con la maletita de cartón con la que se montó años atrás en el tren, solo, vencido por la perra vida, con una bien ganada pensión, fruto del esfuerzo continuado de horas y horas de recados, metido primero, de sol a sol, en una cochambrosa portería de no más de veinte metros cuadrados, donde nació el padre de Mari-Monte -María del Monte para él-; luego, en un andamio subido con otros de la misma pasta. Finalmente, en un bar donde aguantó las chuflas de quienes se burlaban del que, en cuarenta almanaques de estancia en Barcelona, no había sido capaz de pasar del catalán básico. Allí quedó la abuela, fallecida un par de inviernos antes de cáncer, que no pudo ver puesta la última piedra de una casita, frente a la estación, que se llevó los cuartos guardados todo ese tiempo, el patrimonio y orgullo de un andaluz que no había vuelto -ni falta que le hacía- donde tanto pasó, hasta el viernes. Ese día, su hijo Paco, el padre de Mari que, como su vida, como su mujer, como su empresa, como su carnet de tribuna del Barsa es tan catalán (o eso cree él) que hasta en el de-ene-i se ha dejado llamar Francesc, lo fue a buscar al autobús que la Peña de Cantillana puso y que con los amigos de dominó, charla de casino y copita de Cazalla, el abuelo llenó para darse, quien sabe, el último paseo Ramblas abajo, con la cabeza alta, henchido de ese porte, esa distinción y esa dignidad que la gente honrada lleva en los lumbagos, las hernias y los callos de las manos, mataitos de currar. La excusa era el fútbol. La realidad, que la nieta tiene tal pasión por el viejo que treinta días cada trescientos sesenta y pico, le saben a poco y, necesita de ese humor zafio y ordinario (según su madre) del rendido admirador que es el anciano y que, de tanto quererlo, siente como suyo ese escudo triangular rematado con una corona, ridículo a los ojos de su progenitor, ridículo para un domingo de muy atrás, con el abuelo junto a él, las lágrimas en los ojos, muerto en el marcador pero vivo en su garganta -manquepierda, hijo, manquepierda- permitirse jalear, con españolisimos olés, el cansino y torero pasear del balón mientras once desgraciados, vestidos de verdiblanco, corrían tras él sin verlo... Y eso fue más de lo que Curro, que así se llama, podía consentir a quien había dado la vida y nunca más, ¡nunca!, han vuelto a ver un partido los dos.

Mari subió el lunes anterior a Montjuic. Compró dos entradas, cien euros de su paga, mucha ilusión en los bolsillos, Español-Betis, día de Ecuador, de emigrantes de la otra España, los andaluces de ahora, los buscavidas. La idea de confrontar a chichareros contra chichareros sólo se le puede ocurrir a los auténticos señoritos que ha habido, hay y habrá en este país, a esos a los que más humilla que el personal progrese, a quienes son incapaces de ver avance más que en su casa, a los que nos han tildado, sin razón, de flojos, de insolidarios... entre otras lindezas. Inventan un día de gratis total para determinada nacionalidad, con la intención de no estar solos cuando te entren por las puertas los de la novena provincia, los verdaderos impulsores del despegue de su región. A esos si les cobran, a millón. Además, te salen con la milonga de que el objetivo es acercar a los hispanoamericanos al club... ¡Que la policía no es tonta!... Pero nada, ni por esas.
Lo que disfrutó Curro, lo imaginarán. Lo de su nieta, ni lo explico. Por un día hubo justicia social y les salió el tiro por la culata. Ganaron los charnegos, vaya palabra. Si lo que querían era ventaja, a uno del Sur no puede haber quien le gane cantando, ni defendiendo lo suyo, ni... Por cierto, lo peor que le puede ocurrir a alguien es perder sus raíces, su identidad, su origen: No es nunca del sitio al que pretende incorporarse renegando y deja de ser, al renunciar, del que le pertenece. ¡Bah!, ya no tengo más ganas de escribir de quienes van por la vida de emprendedores y tienen las manitas limpitas, la lengua muy sucia y una distorsión enfermiza de la realidad. Otro día, les cuento lo de la gazpachada en el Camp Nou cuando les fue a ver el Sevilla.