domingo, 10 de febrero de 2008

Viajar

A mi me encanta viajar, es más, estoy deseando permanentemente hacerlo. Meter cuatro trapos en una maleta, montarme en el coche, en el tren, en el barco, en el avión e irme... donde sea, con mi cámara de fotos, con la guía de visita, con mi mujer, con mis amigos. Viajar es vivir. Viajar es mestizaje. Viajar es aprendizaje y riqueza, cultura y conocimiento. Mis suelas han pisado tres continentes, doce países, cientos de ciudades y de pueblos. He andado los caminos que llevan a Santiago de Compostela, peregrinando para postrarme ante el Santo Patrón de España. He visto como otros corrían delante de un toro en Pamplona, en sus célebres sanfermines. He descendido en Asturias, su rio Sella. Me he emocionado delante de unas pinturas rupestres en la cueva de Altamira cántabra. Tengo imágenes de las catedrales de Burgos, Toledo, Madrid, Valencia, Segovia. He disfrutado como un niño en Port Aventura y en Terra Mítica, vivido las noches alicantinas, barcelonesas, ibicencas y mallorquinas, tomado el sol en Tenerife, Formentera y la Costa Brava, esquiado en el Pirineo leridano y en la Sierra Nevada granadina. Me he ido de pinchos en el País Vasco. Me he sentado a cenar frente al Atlántico en el Algarve portugués. He almorzado en la Plaza del Comercio lisboeta y en el casco viejo de Oporto, de Aveiro o de Coimbra. En París y Moscú, me sentí revolucionario. En Londres, cosmopolita ciudadano del mundo. He oteado el horizonte desde el Empire State Building neoyorquino y me enamoré de Pilar en Praga. Me he bañado en los increibles Geller de Budapest y he tomado las aguas en Karlovi Vary. Me he liado con el cambio de los eslovacos, probado el café vienés y surcado Nilo, Danubio, Sena, Tamesis, Hudson, Guadalquivir, Neva de San Petersburgo... Y saben una cosa, estoy de acuerdo, completamente, como dijo Averroes, en que el hombre universal es del mundo y por el posee y abraza todos los mundos.

¿Catalanofobia?

Parece ser que hay por ahí algunos señores y señoras a los que mi escrito anterior no les ha hecho ninguna gracia, es más, les ha dado un coraje grandísimo. ¡Qué se le va a hacer!. Asumo que a todo el maravillosomundo no le voy a encantar y habrá quien piense que soy un gilipollas, como también habrá quien me adore. Lo que no tengo porque asumir es que se me insulte por defender un punto de vista. Eso no es democrático. Eso no tiene nada que ver con la libertad de expresión. La libertad de expresión es otra cosa que, a estas alturas, no tengo que explicar porque -espero- me dirijo a gente adulta, gente que tiene como bandera poder decir lo que piensa sin miedos pueriles ni cortapisas absurdos. Gente que piensa de una u otra manera, pero que es capaz de leer respetando lo que otros escriben y, en torno al tema catalán, hay multiples verdades pero ninguna es absoluta. Como en todo, vaya. Sólo me he limitado a contar una historia, una versión, la mia. Quien quiera puede hacerse un blog y contar la suya. Lo de ese domingo lo vi así. Lo del médico al que han echado de su puesto de trabajo en Gerona por no usar el catalán, lo veo igual. Lo de las entidades de defensa de las costumbres andaluzas que no recibirán ni un euro de la Generalitat porque esta no considera cultura sus actividades, tres cuartos de lo mismo. Puedo seguir, la lista de agravios es larga. ¿Catalanofobia?. Perdonen, me entra una risa tan floja como consideran por aquellos lares que somos nosotros, la gente del sur.