martes, 18 de marzo de 2008

El ejemplo de la Guardia Civil

Me hace gracia cuando leo, escucho o veo que dentro de cada español hay un Quijote porque, los españoles podremos ser muchas cosas, idealistas incluso, pero esa no es la característica fundamental de nuestra alma. Los españoles somos, antes que nada, unos sinvergüenzas de mucho cuidado. Perdón si se incomoda alguien, pero así lo veo. Los españoles estamos todo el santo día pensando como sacar ventaja, como aprovechar cualquier resquicio legal para beneficiarnos. Si en la azotea hay unos trasteros y tienen toma de corriente y de agua, la lavadora la ponemos ahí y, hasta, si cabe, un pequeño congelador para colocarle esos gastos, nuestros y no de nadie, a la comunidad. Si en el trabajo hay teléfono, las llamadas a la parienta las hacemos desde ese aparato. Si necesitamos un bolígrafo y el del banco no se anda listo, lo pierde. Fumamos del paquete de otro. Pedimos prestado lo que jamás se devuelve: libros, cedés, deuvedés. Pirateamos... Por eso pienso, que si una figura merece ser la que nos represente -esa y no otra- tiene que ser Lázaro de Tormes, un pícaro, un tunante. Por eso mismo, determinados gestos de quienes teniendo la posibilidad de ganar no lo hacen, no sólo los honran como personas, sino que engrandecen su acción en mi visión particular del maravillosomundo y, si, encima, lo hacen no a título particular sino como colectivo, los coloca a mis ojos como héroes.
Eso mismo sucedió hace algunos días con un cuerpo tan ibérico, tan hispánico, tan nuestro y que no es el Real Madrid. La bandera de España debería de llevar en algún rinconcito -amén del toro- un tricornio como homenaje a quienes, calladamente, tantas injusticias evitan, tantas vidas salvan, tanto ayudan cuando nadie quiere estar. A sus más sinceros servidores, a los que hacen cumplir el ordenamiento jurídico, a esos señores de verde que dan Todo por la Patria. Y, ¿qué sucedió?. Muy simple. Sabrán que, como no sabemos controlarnos, el Estado ha tenido que inventar leyes que sancionen el terrible matrimonio que forman alcohol y conducción. Sabrán que, como, tocándonos la cartera había quien se reía bien por la escasa cuantía bien porque no tenían la más mínima intención de pagar, ahora, donde te dan, es donde más te duele, en la retirada del carné y, la gente, claro, necesita el papelito rosa porque la vida sin coche es menos vida, porque, tenemos que llegar motorizados hasta la puerta de los trabajos, el cortinglés, carrefur, los cortijos donde se celebran las bodas... Ahí te quiero ver... Teniendo como tienen, estos señores, la sartén por el mango se tomarán más copas que Massiel en la boda de la Jurado, ¿no?, porque luego, pueden cojer su cochecito y como los que multan son compañeros... Pues señores y señoras, no. Lo vieron estos ojitos que se comerá la bendita tierra del Aljarafe. Lo vieron y, además, por una noche, fue este castillejano quien los sirvió a ellos desde su humilde volante. Los guardias civiles van en autobuses a las bodas, en autobús como cualquier cristiano o musulmán o judío o mormón... Teniendo como tienen la posibilidad de escaquearse, de incumplir una norma (¡y que norma!). No quieren. Quieren seguir teniendo la dignidad de vivir con coherencia, de cumplir lo que hacen cumplir. Quieren seguir dando ejemplo, el santo ejemplo de unos españoles únicos por no bordear las leyes, el ejemplo de la Guardia Civil.