miércoles, 9 de abril de 2008

La Feria

Diez años estuve sin ir a la Feria de Abril de Sevilla. Diez años hasta el pasado 2007. Diez años sin pisar el albero alcalareño. Diez años sin estar, físicamente, en el Real de los Remedios y, en este tiempo, mi única frase cuando me preguntaban por la fiesta era esta: en la Feria hay dos tipos de personas, los que pueden disfrutar y los que van a hacer bulto; como no soy de los que gustan de la muy sevillana costumbre de figurar, para que ir. El año pasado rompí mi abstinencia. No lo hice, anteriormente, ni teniendo visita foránea (de Ibiza, concretamente), ni por la petición constante de un grupo numeroso de amigos que me echaban de menos estos días, ni si quiera, por mi familia, que respetó, todos estos años, mis pensamientos y alabó que fuese consecuente con ellos. Volví bajo las lonas rayadas por amor, cuando conocí a Pilar. Lo hice... pero, desgraciadamente, continuo pensando lo mismo. Se necesitan muchas cosas en ese espacio para ser importante, para sentirse importante, por lo menos. Primordialmente, se necesita tener caseta que, por si no lo saben, es el lugar donde se recibe a los amigos ya que, si no la tienes, te pasas toda la semana siendo invitado y, esta distinción, es principal porque el sevillano es clasista y, no mira igual al que no es igual a él. Recibir la hospitalidad ajena está muy bien pero, implícitamente, recibir conlleva dar, compartir, y, que vas a dar si no tienes. Es de rabiosa actualidad el problema de la vivienda. Todos los estamentos oficiales se conjuran para que cada ciudadano tenga una vivienda digna. Todos se esfuerzan para que, además, esas viviendas sean de calidad y estén en los sitios donde quisiesemos vivir todos. Bien, pues, en la Feria, la administración que debería procurar que, los sevillanos, tuviesen un hogar propio en el barrio al que se traslada el grueso de su población durante una semana, o sea, el Ayuntamiento, no sólo no lo hace, sino que tolera que se especule con terreno que es común, dejando que algunos monten su hogar y otros no lo hagan (aunque a estos se les intenta contentar con el timo de las casetas de Distrito que, en realidad, son ghetos). Así que, diganme, ¿participarían en una celebración donde unos pocos fuesen los favoritos de la organización pese a repartirse los gastos (limpieza, seguridad...) a partes iguales entre los intervinientes? Pues, esto es lo que sucede aquí y tengo clara mi respuesta. Participaría cuando fuese uno de los favoritos y, si ahora lo hago es porque lo soy. Como también tengo claro que, donde no soy tratado como corresponde al dinero que pago, no voy. Por eso, sigan mi consejo. La Feria de Sevilla está montada para que disfruten, básicamente, los sevillanos y no todos, sólo una élite. No les diré que no vayan. Lo que sí he hecho es advertirles. Luego no se quejen por ahí ni intenten cambiar lo que lleva camino de dos siglos así.