lunes, 21 de abril de 2008

De profesión: tertulian@ progre

A los que nos gusta escuchar la radio se nos suele catalogar según la emisora que oigamos. Un poné: Que eres oyente de la COPE, eres un rancio, carca, facha y demás lindos epítetos. Que eres de Onda Cero, eres de derechas. Que de la SER. Eres un tío que gusta de la opinión veraz, de estar bien informado y patatín patatán... Hay más dial, claro está. Radio Marca, Canal Sur, las radio fórmulas, RNE... (aunque a estos últimos, la verdad, oírlos, lo que se dice oírlos, los oyen, barberos, taxistas de más de sesenta tacos y cuatro espécimenes por el estilo).


La clasificación, como habrán notado, es subjetiva, interesada y parcial, tela de parcial. Conclusión, personal e intransferible, a la que llego luego, de tardes y tardes, de escucha paciente, sosegada, calmada y desapasionada de un programa del que, si no me borro, es, porque creo, que lo que tienen que hacer los dueños de la cadena, los de la ONCE, es borrarlos a ellos y como sé que, al final, recapacitarán y notarán que no pegan en el conjunto de su programación ni con cola y, entonces, los pondrán en la colita del paro o, directamente, en su Ca-ta-lu-ña de su corazón, espero, tranquilo, para no tener que esforzarme en sintonizar, acostumbrarme a otros soniquetes y, sobre todo, para no pasarme a otro punto del dial en el que, insisto, según su manera asquerosamente bastarda de sesgar la verdad, estaríamos los que no pensamos como ellos. Les hablo del magazine de Julia Otero. Les hablo de Pilar Rahola y de Juán Adriansens o como se escriban los apellidos de ambos y, la verdad, todavía no entiendo como, siendo tan conscientes de todo eso que les he contado y que inventaron esos campeones de etiquetar que son los progres, o sea, ellos, reitero, no entiendo, que hacen trabajando en ese medio tan poco afín a su manera de ver el maravillosomundo. ¿Será que no somos tan de derechas quienes estamos al otro lado del altavoz?. ¿Será que, en ese espacio de las ondas, caben más que en otros más manipulados?.


Como sé -no es mi objetivo- que me pueden contestar, les diré que si me tachan de xenófobo por lo de Ca-ta-lu-ña, me resbala, pues, a los catalanes, los considero tan españoles como a mi mismo. Si de fascista, que a mis escritos me remito. Si de machista, que no me dirijo a una mujer sino a un profesional, sin género, de las ondas y si de homófobo -hay que ver donde pudieramos llegar- que los remito al punto anterior.


Vamos por partes. ¿Quién es Juán Adriansens?. Qué me lo digan. ¿A quién le ha empatado?. Estas son las consecuencias de meter a frikis de la tele delante de los micrófonos. Un patético abuelo que va por la vida de moderno, que reparte la moral, que juzga a todos los que no respetan su opinión como trasnochados, que se apropia de la verdad y la distorsiona para llevar a buen puerto sus aseveraciones, que no es capaz de conversar sin tratar de convencer, de reconocer las argumentaciones ajenas sin rebatirlas por todos los medios. Un ser que, del hecho de parecer gracioso cuando se altera, de parecerlo, que no de serlo, ha acabado, haciendo una manera de ganarse la vida. Pidiendo respeto a sus opiniones y mofándose, directa o indirectamente, de los que opinan lo contrario y, manda cojones, hasta de sus propios oyentes, a veces.
¿Y, Pilar Rahola? Una anécdota: Cuando se casó la Infanta Cristina, desde la sede de su partido, un partido que no acata ni el ordenamiento jurídico patrio ni la Constitución y, que propugna la vuelta de la República y la independencia de Cataluña, se obsequió al paso de la regia comitiva con la canción "Los segadores", himno catalanista. Mas, cuando se casó el Principe Felipe, asistió a su boda. ¡Olé, la coherencia!.
Ahora, ambos, se han emperrado en que su región es antitaurina y que, los amantes de los toros, somos unos bárbaros torturadores, españoles, eso sí.
Una vez más la realidad, que es tozuda y poco dada a interpretaciones, los ha bajado de su pedestal de pseudo-progres. Lleno en la Monumental de Barcelona. Los torturadores, parece ser, que están también en ese amado país, al que andan poniendo fronteras como antes le pusieron Historia. Es lo malo de la sangre ibérica que une... y mucho... y no entiende de límites o, a lo mejor, lo malo, es que no son más que una parte, de un todo al que algunos, sin vergüenza, llamamos España y del que otros, con su presencia activa como políticos, han vivido siquiera un tiempo.
Ese paseillo de Finito, José Tomás y El Juli, asesinos según vuestro parecer, os lo dedico, miarma, como decimos los charnecos o charnegos... Y la oreja que cortó este último, también. Va por vosotros, por los intelectuales de verdad (tipo Hemingway), por los catalanes, por los españoles y por la Fiesta Nacional que -luego los catastrofistas son otros- se va a acabar un día de estos... y vosotros lo vais a ver. ¡Me parto!.