domingo, 18 de mayo de 2008

Los rocieros

No tengo nada contra la Romería de El Rocío. Entiendo a las personas que, devotamente, peregrinan a la aldea almonteña. Me solidarizo con su fe, que es la mía. Entiendo su defensa encendida de una tradición que hunde sus raíces en la noche de los tiempos: Es más, dándose las circunstancias, incluso peregrinaría con ellos, caminaría tras sus Simpecados, tendría una carreta a mi vera y me encantaría descifrar, las claves que se entierran, en los insondables e inexplicables, mágicos, senderos, que, entre pinos y arroyuelos, arenosos, discurren hacia la Blanca Paloma. Repito, no tengo nada contra la Fiesta y, si por rociero se entiende, a quien es devoto de la imagen, pueden llamarme rociero a mi también.
Lo que no entiendo, porque nadie es capaz de explicármelo, es, que ciertas cuestiones se toleren. Pensaba que las leyes nos amparaban y obligaban a todos por igual. Que alguien me conteste: ¿está permitido beber bebidas alcohólicas mientras se conduce un tractor, todo terreno, motocicleta o quad? ¿se puede orinar en la vía pública? ¿quién se hace cargo de la limpieza de las calles de los pueblos por donde pasan los romeros, estos o los operarios de los Ayuntamientos correspondientes? ¿Y la Policía Local, tiene que atender estas cuestiones desatendiendo al resto de la población? ¿Si la localidad no tiene Hermandad, están obligados sus habitantes a soportar las incomodidades que el paso de las carretas conllevan, cortes de tráfico que impiden el paso de ambulancias o camiones de bomberos en caso de emergencia, etc, etc? ¿quién vela por el cumplimiento de las leyes que protegen a los animales del maltrato?.
Todo esto tiene un coste y las Hermandades reciben unos ingresos por cuota de participación, papeleta de sitio o como quiera que se llame que, debiera ser, el fondo común del que se nutren estos gastos y, esta otra verdad de El Rocío, es la que a miles de ciudadanos como a mi nos afecta y, "el esto es así, porque así ha sido siempre", es una respuesta que no tenemos porque aguantar porque, constitucionalmente, el derecho individual a divertirse no debe prevalecer sobre el derecho a no hacerlo. ¿No les recuerdan alguna de estas cosas aspectos parecidos que se dan también en el tan criticado botellón?.