lunes, 23 de junio de 2008

Mirando el skyline de Conil

Los norte-americanos, los reyes del marketing, han sido capaces de vendernos, como maravilla del maravillosomundo, lo que, hace años, tenemos en mi rinconcito predilecto del planeta -Castilleja de la Cuesta, por si queda algún despistado-. ¿Y qué es? Es una aglomeración tal, de edificios altos acumulados en un corto espacio que, visto desde el infinito, dibuja un perfil muy característico de su city. Donde crecí, la lejanía visual te muestra, orgullosa, la barriada de Nueva Sevilla. En EEUU, a la vista de Manhatan según se entra desde el puente de Brooklyn, ambos barrios del pueblo de Nueva York, la denominan skyline, línea del cielo. ¿Y con cual te quedas, Navarro?. Vamos a dejar nuestro duelo de skylines en tablas. Les vamos a consentir, los rústicos de este lado del Atlántico, la igualada, porque, de noche, la iluminación de su Empire State y de su Chrysler Building, es de lo más genuino e impactante que vieron mis ojos y, en nuestra villa, sólo brillan los colgajos navideños, cuando los hay, claro está.
Eso sí. El marcador cambiaría si, en vez de echar a pelear el sitio aljarafeño con el yankee, pusiésemos, frente a frente, lado a lado, Conil, y el monstruo de la ribera del Hudson. No les miento si les digo que, desde la playa de los Bateles, el mar en la espalda, la blanca colección de casitas en el frente, el terrible levante soplando y suspendiendo la rubia arena gaditana, el rumor del mar del Estrecho levantando olas de espuma, sal pulverizada en el alma de este viajero incansable, comprendí que, casi siempre, el Paraíso está más cerca de lo que nos empeñamos en ir a buscar, aunque, todo hay que decirlo, para saber esto, también tienes que ir a comparar a otras partes.