martes, 1 de julio de 2008

La empresita

Si van a Utrera, hay algo que no deben dejar de hacer y, no se trata de probar sus célebres mostachones. ¿No?. No. Tampoco se trata, de visitar alguna de sus históricas iglesias o de, fervorosamente, postrarse ante su simpar Virgen de Consolación. ¿No?. No. Ni siquiera, lo que les voy a proponer, es ir a ver uno de los grandes viveros del fútbol patrio: el lugar donde dio sus primeras patadas José Antonio Reyes, por ejemplo, el Estadio San Juan Bosco.
Es algo más simple. Es algo menos glorioso. Es algo, más incomodo y, sin embargo, lo más auténtico que podrán hacer en sus vidas. Se trata de que se monten en el micro bus urbano.
¡Anda ya!.
Sí, lo voy a repetir. Si van a la capital de la Campiña sevillana, lo que, irremediablemente, deben hacer, es montarse en uno de esos pequeños, antiguos, arcaicos... pongan el calificativo que quieran, mini-autocares, de la empresa de Manuel Barrera que, nada tiene que ver conmigo, pese a las coincidencias, primero, con mi segundo apellido y, segundo y, más evidente, con mi profesión.
En múltiples pueblos de nuestra provincia, el servicio interno de autobuses está regulado e institucionalizado. Dos Hermanas, Alcalá de Guadaira... Mas, en ninguno, tiene la transcendencia social que tiene aquí. Bueno, a fuerza de ser sincero, desconozco si el trompito ecijano continua circulando y, en Constantina, también era una delicia, su cafetera, subiendo y bajando cuestas. Lo que nadie podrá negar y, este es el hecho diferenciador que hace tan especial esta aventura, es que, Autobuses Barrera o, la popularmente conocida como empresita, es, sin lugar a dudas, un milagro económico, que lleva produciéndose desde 1972, año en que, su propietario, abandonó Casal y su Carmona del alma, donde llevaba once años como conductor o chofer, para embarcarse en un negocio que -como todo el transporte- de rentable ha tenido poco, pero de satisfactorio, mucho. Satisfactorio porque las leyes, las regulaciones, las actualizaciones de reglamentos ora nacionales ora comunitarios, no entienden de pequeñas ni de grandes firmas, siendo evidente la incidencia que, en los mini-negocios, tiene cualquier modificación y que, en esas condiciones, haya pervivido esta actividad, ustedes me contarán, si no es para sentirse satisfecho. Satisfactorio porque, han sido varias las generaciones de utreranos que han podido ir a sus compras, al cole o, simplemente, entretener su vejez en el casino o, en el hogar del pensionista, gracias a la movilidad que le ha proporcionado, contra viento y marea, un paisano suyo. Satisfactorio por haber dado un servicio público con las mínimas ayudas. Piensen, por un momento, en TUSSAM, ¿cuanto cuesta este, necesario ojo, servicio, a la muy noble, muy leal y muy mal gestionada, ciudad de Sevilla?.
En fin, esa es, o eso pienso por afinidad, la única dicha, el único orgullo, que te queda cuando sueltas las manos de la rosca -como diría mi amigo Quique-: el haber hecho las cosas todo lo bien que pudiste o supiste, el haber dado tu alma en un proyecto, en el que eras indispensable, el tuyo, el haber currado sin esperar nada a cambio, ni una triste palmadita, ni una de esas medallas al mérito en el trabajo, que da el Gobierno a esos tipos que tanta pasta ganan y que, de doblar la espalda, en muchas veces, tan poquito saben, solo para llevar un jornal a casa. Esa, y las vivencias que te suceden, en esas cajas de metal con ruedas, donde te juegas la vida y traficas con la de los demás. ¿Imaginan la de historias que les podrían contar estos abueletes rodantes si hablaran?. Piensen lo.
Por eso les digo, tienen hasta diciembre para ir y montarse en uno de esos artilugios. Esta vez, sí, parece que el cierre será definitivo. El Ayuntamiento saca a concurso el servicio y los dueños, no optarán por coherencia con toda una vida de dedicación al pueblo, porque es muy caro y poco rentable y porque, ¡que caray!, les ha llegado la hora de ser ellos, los que vayan a echar una partidita de dominó pensando que, a veces, los Macdonales, los Burrikings, los Damas, Casales, Amarillos, Cortingleses, Mercadonas, Leroysmerlines y toda esa caterva de leones hambrientos, de símbolos de la inteligencia, perspicacia, sagacidad, arrojo e iniciativa de pequeños hombres de pueblo, no tienen... lo que tienen ellos, para echarles un pulso y, con la mano atada a la espalda, aguantar treinta y seis añitos -que se dice bien pronto- sin que le doblen la mano a uno.