miércoles, 6 de agosto de 2008

Yo, también, soy extremeño

Con lo monos que están algunos callados... Pues, nada, no hay manera. Tienen que hablar para destacar y, destacar hablando tonterías, claro está, que lo de aportar a la humanidad, desde el ámbito del pensamiento, lejos está de sus capacidades. Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir (Manolo García, dixit)... a lo que añado, humildemente, que si lo vas a hacer, para ofender de manera innecesaria, mejor grapa te la boca.
Viene todo esto, a cuento de la impresentable ofensa, del, porque con sus votos, ellos y solo ellos, así lo quisieron, del, reitero, nacionalismo catalán. Lo hacen desde sus actas de concejales en los Ayuntamientos de Torredembarra y Blanes. Lo hacen Luis Suñé y Juan Puig, nombrados en español, puesto que, aquí, en este rinconcito de mi maravillosomundo, ese y no otro, será el idioma en el que me dirija a ustedes, me lean desde San José de la Rinconada o San Juan de Puerto Rico, el Bajo Maresme o el Alto Aljarafe y, más que nada, lo haré, para que podamos entendernos todos los que, (perdonen me, ya saben que sólo soy el cateto que no se entera mucho de las cosas y que, de vez en cuando, pone en orden lo que ve y oye, en esta negra página), por aquí, nos dejamos caer. Sí, ya sé que a ustedes, este, nuestro universal vehículo de comunicación, se la sopla. También sé, que nosotros mismos, los hispano parlantes de las tierras ibéricas (los de las tierras americanas si les molan más, como mano de obra barata), se la soplamos. Pero, queridos, esto es lo que hay. Ajo y agua. A la Constitución me remito. A la Constitución que aprobamos todos, repito, ¡todos! los españoles que, mal que les pese, es lo que son ustedes. Esa que consagra, como común para no tener que hacernos señas, unos a otros, por las calles, un lenguaje que tiene diccionario y se enseña en las escuelas. . . Y que ustedes hablan, escriben y conocen. Como, asimismo, les presupongo inteligencia, para conocer que pedir dinero, para los niños extremeños, en una falsa campaña de apadrinamiento, es una bajeza que ofende a la infancia, a la región en sí, al conjunto de sus habitantes y que es innecesaria, si lo que se pretende es reivindicar la mayor o menor aportación de una comunidad a los fondos estatales, ¡ojo!, de una comunidad, que luego habría que ver si los habitantes de la susodicha región, son o no son natos, algo que, lo mismo, tiene su importancia, oiga. Llamar mal nacidos a los que, únicamente, se defienden de un ataque tan cruel como absurdo, no es una infamia, no, es la consecuencia, de creerse superior a otro, capaz de juzgar, capaz de decidir que es el bien o el mal. Afirmar que, Pablo Gasol, ha hecho un anuncio de una multinacional, en la que proclama el orgullo de defender la elástica nacional, sólo por dinero y que, lo más seguro, es que no esté de acuerdo con el contenido del mismo, es algo que tendría que contestar el cuatro de la roja, aunque, lo mismo, no les gustaría a algunos la respuesta.
Esta es la mía. La mía, y la de todos los que nos sentimos incluidos en ese ataque tan asqueroso: el ataque enfermizo, de gente que cree, que los demás somos unos desgraciados y que, nos tiramos todo el día, vagueando y viviendo de ellos. A ver si se les cae ya la venda y, lo mismo, la cigarra y la hormiga, cambian de papel en el cuento, un cuento que ya no se creen ni los niños, el cuento de un país, con una Historia inmemorial, llamado Cataluña.