lunes, 11 de agosto de 2008

Post data: Te quiero

Soy un llorón, lo confieso y, no por ello, considero, que mi masculinidad quede en entredicho. Los chicos también podemos llorar y, de hecho, me acuso a mi mismo, de hacerlo. Es más, en honor a la verdad, he de decir que, hace escasos minutos, lo he hecho. He llorado. A Dios, a mi mujer y a todos los espectadores de la sala diez del multicines de Bormujos, pongo por testigos. Lo he hecho, recalco. Es más, lo volvería a hacer, si volviese a ver la película que da título a estas líneas. He llorado de emoción, de pena y de alegría.
He llorado de emoción, porque me he dado cuenta que la bondad del ser humano, transciende los límites de su propia existencia y que, hasta después de muerto, se puede hacer el bien. He llorado de pena, porque me parece que poca gente haría lo que hizo el co-protagonista de la historia. Y, finalmente, he llorado de alegría porque sé que haría lo mismo. Lógicamente, no tengo la menor intención de contarles que es lo que sucede. Esta vez (y van mil...), tendrán que confiar en mi e ir al cine.
Por cierto, quiero aprovechar este negro espacio donde, curiosamente, escribimos en blanco, para reivindicar, el tantas veces criticado cine comercial americano. Que quieren que les diga: puede que sus actores no sean los mejores. Puede que sus guiones tampoco. Puede que las cosas que nos cuentan sean frívolas, sin interés y con mucha moralina. Puede que usen el séptimo arte para vendernos la excelencia de su cultura, la yankee. Pero, de lo que no hay duda, es de que son los mejores en este asunto por más que Pumares y otros críticos como él, se empeñen en aconsejarnos ver cine chino, coreano, checo o finlandés. Será que soy muy... cateto, y no me entero, pero me da que los chinos trabajan como eso, los coreanos hacen muy buenos coches, los checos muy buena cerveza y los finlandeses, unas saunas cojonudas; ahora, donde se pongan dos horitas con Nueva York de decorado, una ñoñería que sabes como va a acabar y, más escaparates y publicidad encubierta, que en la cocina de Los Serrano, que se quiten todos esos infumables bodrios que, de tristes y mal hechos que están, te entran ganas, mira tú, por donde, también de llorar y, eso -que la policía no es tonta- si se nota en la taquilla, será por algo. ¿O va a estar, como en el célebre chiste de la jura de bandera, todo el personal con el paso cambiado y la verdad, la van a tener sólo ellos?.