miércoles, 13 de agosto de 2008

¡Gracias, Sr. Rodríguez Galindo!

Hay veces que te entran ganas de renunciar a ser sevillano. Qué, ¿por qué?. Verán, les cuento.
Por ahí, hay un señor llamado Vicente Carranza, cuya pasión es coleccionar. Vicente Carranza, en todos los años de su, larga y bien aprovechada, vida, ha logrado reunir la que, a juicio de los expertos, es la mejor colección de barros vidriados de Triana, que hay en España. Lo ha hecho con pasión, interés y -quizás lo más importante- con dinero de su bolsillo. Si tuviera este patrimonio, haría, como la célebre Catalina, la Grande, hizo, con el Hermitage de San Petersburgo: tenerlo para mi y mis ratones. Por eso, está claro que hay personas hechas de mejor pasta que la mía. A este buen tipo, se le ocurrió que, lo mismo, era mejor que lo disfrutáramos todos y, puesto que de aquí es la cerámica, lo ofreció a nuestro Ayuntamiento, gratis total. Se pueden imaginar que, esto, es tan poco corriente que, en concreto, no conozco a nadie que lo haya hecho (Si ustedes sí, dejen un comentario donde saben). Se movieron los resortes oportunos y, se pensó, que el lugar idóneo, para su exposición permanente, sería nuestro Alcázar. Llegados a este punto, les podría alargar esta historieta hasta el infinito, dando una crónica pormenorizada pero, mejor, leen al amigo Pablo Ferrand en el ABC y, él, les cuenta lo que lleva pasado nuestro benefactor, desde mediados del dos mil cuatro. A día de hoy, el actual alcaide de ese recinto, Antonio Rodríguez Galindo, ni siquiera atiende al pobre iluso que creyó ver, su valiosísimo material, expuesto en un sitio equivalente al valor del mismo. ¿Por qué?. Oigan, ni idea. Lo mismo, piensa que aquí estamos sobrados de cultura y que, más o menos patrimonio, no va a notar se y que, a quien le importa. ¿Se imaginan este hecho sucediendo en otras ciudades de España?. Yo, tampoco, por supuesto.