martes, 16 de septiembre de 2008

Madonna

Hoy canta Madonna en el Estadio ¿Olímpico? de Sevilla. Si en lugar de hacerlo en nuestra ciudad, lo hiciese en -un poné- Córdoba, me atrevo a asegurarles que la legión de seguidores que -parece ser- tiene y que asistirán al concierto, no haría lo más mínimo por hallarse, en ese sitio, a esa hora. Es lo que, otras veces, les he comentado de la novelería, de una parte de los habitantes de esta urbe del Sur. Esos señores y señoras que tienen, como misión fundamental en su existencia, estar. Estar en la inauguración del Mundial de Atletismo. Estar en la final de la Copa Davis. Estar en el balcón de la calle tal, al paso de la cofradía. Estar en la Maestranza cuando torea Fran. Estar, con su traje azul, encorbatados con un nudo más gordo que un puño, en la caseta del constructor que paga todo y al que, "endespué", describirán como nuevo rico en la tertulia del ático del coleguita. Estar. Estar como deporte, necesidad y obligación. Estar, que si no, no eres nadie y, el que se mueve, no sale en la foto. La ambición rubia ha triunfado como lo hizo la única hija separada de los Reyes. Ha venido al sitio idóneo para salir aclamada por nuestros aplaudidores profesionales. Ha venido a la ciudad de los figurones, aunque sea a doce o a veinte talegos, que más da. Con la que está cayendo. ¿Crisis?. ¡Venga ya!.
Menos Madonnas, menos politos con la vespa serigrafiada en la espalda y más pensar, como colectivo, en lo que realmente nos beneficie y nos proyecte como capital moderna y apetecible. Que... cada vez que hacen falta unos borregos, aunque sea para jalear a una vieja que canta lo mismo que la Tamara vasca, se acuerdan de nosotros. Que... cuando se rifen las papeletas para regalar una empresa de esas, con sus dos o tres mil y pico puestos de trabajo, o un taco enorme de billetes para hacer carreteras, hospitales y colegios, hayamos todos comprado. ¿Madonnear?. Mamonear. Ese, es el problema.