martes, 14 de octubre de 2008

El espíritu de San Fernando

Hoy, me voy a auto censurar, porque, si escribo lo que realmente pienso, me cierran el chiringuito. Por eso, no voy a poner aquí, lo que me parece que es, el gordo que preside la UEFA, un gabacho, que cualquier noche de estas, aparece muerto en la cama luego de un brutal atracón de paté. Ni tampoco, lo que opino de las declaraciones del impresentable, del mismo organismo, que ha acusado a la Policía española, de generar un conflicto en un estadio por intervenir, a petición de la autoridad competente de la citada Federación de federaciones, para retirar una pancarta de claros tintes xenófobos. Ni siquiera, para catalogar lo que significa, que los ingleses, no quieran jugar en el único lugar del mundo donde reposan nueve Copas de Europa, por considerar, que es un sitio donde habita el racismo ya que, una vez hace una eternidad, silbaron a dos jugadores negros de su combinado nacional, ese, que representa -mira tu por donde- a una nación que, hace también una pila de años, dejo a un niño de Castilleja de la Cuesta y a su Padre, por aquel entonces taxista de Valencina, apesadumbrados, indignados, tristes y pensativos, cuando vieron como ASESINABAN, a unos pobres infelices italianos, por cometer el delito, de ir a estar con su equipo, la Juventus de Turín, mientras jugaba la final de la Champions en Heysel, campo del pueblo de Bruselas, contra los súbditos de su Graciosa (y gran aficionada al gin-tonic) Majestad, los hooligans del Liverpool. Hoy, no. Me voy a guardar mis pensamientos en lo más profundo de mi ser. Lo voy a hacer, mientras invoco el espíritu de San Fernando, en Cádiz, cuna de nuestra Constitución original, la de 1812, y, donde pasé una bonita etapa de mi vida. Hasta ahí, llegaron una vez, ciertos hijos de la gran puta, imponiendo un trapo tricolor como nuevo símbolo de Libertad, para un país, este, que supo meterles su arrogancia y bravuconería por... donde les cupo, eso sí, como a artistas, a este terruño donde nacieron Goya, Velazquez, Manuel de Falla, Plácido Domingo, Raúl, Gento y así, un eterno etcétera, no le gana nadie, lo hicieron a ritmo de pasodoble y mientras se hacían las señoras, en un tocador con peine de plata, tirabuzones y es que, la verdad, a estas alturas de la película, determinadas lecciones de democracia, respeto y tolerancia, valen muy poquito, si quienes te las dan son anglosajones y franceses.