lunes, 15 de diciembre de 2008

Una historia de amor

Lo malo que tienen las secciones de efemérides, en los diarios, es que destacan, únicamente, los sucesos importantes de la Historia, en general. Por eso a mi, que soy más de andar por casa, me gustan las efemérides, sí, pero las de ese álbum de imágenes, lecturas, escuchas y vivencias, con disco duro ilimitado, que es el corazón. Será por eso, por lo que, esta mañana, en mi cotidiana lectura de prensa -ya saben, en el Horno San Buenaventura de la Calle Real- cuando he buscado en la página correspondiente, no he encontrado lo que pretendía hallar: Quizás, el acontecimiento más importante que ha sucedido desde que nací. Así que, resuelto a que no quedase en el olvido, decidí que habría que dejarlo, por escrito, para que el día de mañana a nadie se le pase lo que sucedió un quince de Diciembre, como este, pero del año de gracia de Nuestro Señor, de dos mil siete, después de Cristo, obviamente. Antes, eso sí, dejen me que les ponga en antecedente.
Más allá de la hora bruja, de un treinta de Mayo de dos mil seis, una insólita conjunción cósmica puso, en el mismo espacio del Universo, al mismo tiempo, a una Princesa y a un plebeyo. La noble dama, se encontraba, en compañía de su séquito, asistiendo a un baile. El plebeyo, en compañía, de otros de su condición. Dicen, que el cometa Halley, pasa una o, tal vez, dos veces por centuria. Será por eso que, pese al abismo que les separaba, nuestros dos protagonistas fueron capaces de buscar la forma de conocerse, expresarse, entenderse y enamorarse. Lo hicieron de manera tal que, su romance, fue sencillo y discreto, serio y apasionado, elegante y espectacular, divertido y romántico. Fueron capaces de superar las adversidades que se les presentaron, integrarse en los entornos contrarios y hacerse querer tanto como se querían ellos.
Con esta previa, entenderán, que lo que se celebró fue una boda pero, eso sí, no una cualquiera, sino La Boda, con mayúsculas. Fue hace trescientos sesenta y seis días. Los mismos que han desfilado en medio de una continua fiesta... y lo que queda. El enlace, como habrán deducido, fue el mio y, con una mujer que es mi delirio, mi devoción, mi vida. Si me siguen asiduamente, sabrán, que esta negra página, es la manera que he encontrado de hacer llegar mi voz al mundo. Nunca, hasta ahora, les he contado que parte de lo que aquí se cuenta, lo inspira un ángel celestial que Dios me envió, para que terminase de ser, plenamente, feliz. Las primeras letras que se escribieron, fueron para ese ser. Recuerden las, si quieren, leyendo ese breve artículo. Pienso lo mismo, aún, y, además, pienso que soy un tipo con suerte, con la inmensa suerte de tener en mi existencia a Pilar. Quería decirlo y, como estoy algo acatarrado, las palabras no salen de mi garganta y, aunque chille por la ventana, no me puede escuchar pues -cosas del destino- está en la otra punta de la piel de toro, lo escribo para que lo sepa todo el cosmos. Que la quiero con todo mi ser. Que daría mi sangre y mi aliento por ella. Que la adoro. Que, simplemente, mi niña, te amo.
Ven como es cierto que, a veces, no les cuentan las verdaderas noticias. Que les decía, hay o no hay efemérides, que no salen más que en sus propios periódicos.