lunes, 2 de febrero de 2009

La peatonalización

Ahora que ha pasado un tiempo más que prudencial y luego de haber paseado, a conciencia, repetidas veces y con espíritu crítico, por esta zona de mi, su, nuestra, muy noble, leal y novelera ciudad, tengo que decirles que, a mi particularmente, me encanta la peatonalización del centro de Sevilla y la aplaudo. Es más, la aplicaría a otras zonas como, por ejemplo, a la calle Asunción de Los Remedios. También, me parece una extraordinaria idea el Metro-Centro. Sí, sé, que van a decirme que va de ninguna parte a ningún sitio, que el recorrido es corto, que es lento y que ha costado un pastón. Lo que dicen todos los que -aunque no lo reconozcan y alardeen de lo contrario- también se han montado. Lo que piensan quienes pretenden que la capital de Andalucía se quede como en las postales. Pero les digo ahora yo: Si fuese la inutilidad, que algunos individuos de esos que se creen que su verdad es la buena, nos dicen que es, ¿iba a tener los niveles de uso que tiene?.
Queda claro que nunca llueve a gusto de todos (rico refranero el hispano) pero, con esta iniciativa, como con Sevici, el alquiler de bicicletas, como con las propuestas arquitectónicas tipo Plaza de la Encarnación o Torre Pelli, en La Cartuja, como con la construcción del Estadio mal llamado Olímpico, como con el traslado de la Feria al Charco de la Pava, como con tantas y tantas cosas que se pueden y deben hacer en la vieja Híspalis, estamos poniendo a nuestra urbe en el camino de la modernización. ¿Qué deberíamos mejorar nuestros niveles de seguridad?. Por supuesto. ¿Qué deberían construirse más aparcamientos y mejorar el transporte público?. Claro que sí. ¿Qué habría que mejorar las instalaciones deportivas y aumentar nuestra oferta cultural, más allá de eventos multitudinarios puntuales?. Sin duda. Pero a ver si vamos a ser más papistas que el Papa y cuando una cosa se haga bien no vamos a disfrutar de ella porque falten las otras. Sevilla es una ciudad que está muy viva y que tiene que recuperar la alegría y el orgullo de sus habitantes y, ¿saben por qué? Porque, en nuestra mano, está el hacer todas estas cosas tan nuestras, como hicieron nuestros antepasados todas aquellas, de las que nos sentimos tan satisfechos ahora.