lunes, 16 de febrero de 2009

Raúl

Que todavía haya, idiotas que cuestionen al ciudadano que atiende por Raúl González Blanco, de profesión, futbolista del Real, es una sinrazón que escapa al común de los sentidos. Que sostengan que es, un ex-jugador que compite en el club de más exigencia del mundo, por su influencia, una soberana tontería. Que le nieguen cualquier reconocimiento, es una ignominia, una mera cuestión de celos y, sobre todas las cosas, la muestra más constatable de que, dentro de muchos españoles, lo que hay, no es más que envidia visceral a los logros ajenos que se consiguen con esfuerzo, constancia, dedicación y tenacidad. Que, tengamos, a estas alturas, que andar haciendo esfuerzos por encontrar motivos para creer, en quien durante tres lustros casi, de actividad profesional, no ha sido jamás expulsado, ha defendido con honra nuestra zamarra nacional en ciento dos ocasiones, siendo, su máximo goleador, además; ha obtenido dos pichichis y un balón de plata (habría que ver por qué no, de oro), venció en seis Ligas, cuatro Súper-Copas españolas, tres Copas de Europa, una Súper-Copa europea, dos Copas Intercontinentales y es, máximo goleador, de siempre, de todas las competiciones del continente y, principalmente, de la denominada Champions League, además de lo que consiguió ayer que, por si no se han enterado, es convertirse en el máximo goleador de la más que centenaria y gloriosa leyenda, de uno de los muchos motivos -creánme, lo he constatado viajando por tres continentes- que poseemos los ibéricos para sentirnos orgullosos, el Real Madrid, es -perdón por enumerar la lista enorme de méritos que posee el individuo- de ciegos que no quieren ver, que son los peores. Pero que digan, como, he escuchado, ha dicho, esta mañana, un señor mientras desayunaba en el Horno San Buenaventura de la Calle Real, que este muchacho no sabe jugar a ese deporte que nos trajeron los ingleses por Huelva, es, únicamente, para contestarle como le ha contestado otro: "Pos menos mal, porque si supiera, la fila para levantarlo en hombros iba a salir de la Puerta del Sol y tendría, a los que dan la vez, en Puerta Tierra".
En fin, si quieren saber mi impresión personal, soy raulista, aparte de por todos estos hitos (a los que sólo falta ser el máximo goleador en las enciclopedias de la Liga y quién más se vistió con el célebre siete merengue, amén de una Copa de Su Majestad, que -estoy convencido- conseguirá) porque, particularmente, a mi, en casa, mi Padre, me enseñó a ser del bando de los currantes y, completó su lección añadiendo que, intentase, aparte de dominar algo especialmente bien, hacer alguna que otra cosa decentemente y cuando miro a este nota, vestido siempre con la misma camisola desde que debutó, sólo puedo pensar que, eso precisamente, era lo que quería él que fuese, un tío integro que, lejos de dejarse llevar por los debates que se hacen sobre su persona, hace bien su trabajo, admirablemente bien, añado y que no compite más que consigo mismo en, una carrera que, cuando se vaya a sentarse en la pila de millones que está juntando, será motivo de admiración y de reverencia unánimes.