domingo, 24 de mayo de 2009

El triunfo de la paciencia

Diganmelo ustedes mismos: ¿Trabajarían para que el fruto de su dedicación lo recogiesen sus nietos?. Piensenlo detenidamente: ¿Serían capaces de crear algo para que lo disfrutasen otros?. Recapaciten: ¿Está nuestra sociedad educada para disfrutar de un esfuerzo sostenido en el tiempo, sin más premio que la satisfacción personal y la certeza de haber hecho algo que transciende nuestra propia existencia?. Pues, les puedo decir que, todo esto, sucede: En La Palma del Condado, provincia de Huelva, para más señas.
Allí, la familia Rubio, desde la fundación de su empresa en 1946, por Don Antonio Rubio, defiende con pundonor y constancia, con esmero y buen hacer, un producto que se comercializa con el nombre de Brandy Luis Felipe, en honor a unas barricas encontradas y que se hallaban señaladas, desde 1893, con tal denominación pues, parece ser, eran las reservadas a Don Antonio de Orleans, Duque de Montpensier e hijo del Rey de Francia Luis Felipe I, que residía en el sevillano Palacio de San Telmo.
Recientemente, he tenido la inmensa fortuna, el enorme placer y el gran privilegio de visitar sus bodegas y, constatar que, aparte de que saben lo que se traen entre manos, son conscientes de que, lo que hacen, no solo es respetado por la inmensa calidad del producto, sino por el amor que ponen en su crianza. Son sabedores de que han recibido un legado que tienen que cuidar y preparar para que salte, inmaculado y en las mejores condiciones, a la siguiente generación. Son conocedores de que económicamente, la relación tiempo empleado- coste final del néctar, es deficitaria. Saben que, elaborar estos licores, nunca será una manera de ganarse la vida y sí, un costoso pasatiempo o afición, por más que ganen dinero con el. Pero, no por eso, dudaron, ni dudan, ni van a dudar, continuar, con esta tradición, que pone a los brandys andaluces en el gran club de los mejores.
Ahí van mis respuestas: Mi humilde parecer es que no. Mi experiencia es que pocos lo harían. Mi sensación es que, hoy, perdurar, no es una aspiración de muchos. Afortunadamente, aún quedan tipos como los Rubio para desmontar todas estas teorías. Y que sea por otras cuantas centurias, por lo menos.