lunes, 15 de junio de 2009

Yo, voy

Revolviendo papeles apareció, oculta entre recortes gastados por el tiempo, una página suelta, de un cuaderno de dos rayas, donde, con trazo irregular, un pequeño había escrito unas inocentes líneas. En ellas, daba gracias a la vida por el tesoro que acaba de recibir, emocionado. En sus torpes letras solo acertaba a explicar que lo que había sentido, en aquella atardecida de un estío que se iba irremediablemente, era la sensación más bonita de su corto existir. Parece ser que, su Padre, sacrificando algunos caprichos propios, le había sacado el carné. Aquel día fue, por tanto, su debut oficial como socio. Continuaba una estirpe, seguía una saga. Contaba como había hecho caso a quien le había dado lo que tanto le pidió. No se portó mal, no dio la lata, ni a la tía Concepción ni a su marido el Moreno, se comió el bocadillo que la Abuela le preparó con tanto amor, no habló cuando los mayores lo hicieron. Esa noche jugaron con el Sabadell. Era la primera jornada de Liga. Hasta el último minuto, cuando Gaby Calderón transformó un penalty, no se resolvió el partido. Agarrado a la baranda de la escalerilla de Preferencia, contempló como el argentino batía al portero catalán y estalló en un goool que se escuchó en todo el campo. Un señor le dijo a su tío que, el niño, era de los buenos y este le replicó al hombre que, se fijara si era así, que le había dicho que no se fueran pues, precisamente ese día, no iba a fallarle su equipo para que se le quedase ese mal recuerdo. Terminaba la misiva con una frase minúscula pero rotunda: Se que siempre seré del Betis.
Hoy, aquel chiquillo que soy yo -como, no dudo, a estas alturas ya sabían- va a manifestarse, para que le devuelvan la dignidad de aquel viejo equipo, el suyo, el de su Madre, el de todos los que le rodearon, el que le pintaron en el corazón a fuerza de contarle calamidades y sufrimientos, pero también gozos y alegría. Las viejas banderas, que con fuerza ondearon cuando la Copa del 77, han vuelto a salir de los cajones. Las bufandas que resguardaron las gargantas de su fiel infantería en las, no tan lejanas, noches de Champions, lucen lustrosas en los cuellos de su gente. La parada del autobús que tantas veces se llenó de hombres y mujeres de la Peña, vuelve a estar repleta. Hoy, Betis, vas a dejar de estar solo en manos de un malage ditero que cree que tú, solo eres un apunte en una de sus sucias libretas. Vamos a rescatarte de quien cree que te salvó. Palabra.