jueves, 16 de julio de 2009

La trilogía Millennium de Stieg Larsson

Como Dan Brown, Chris Stewart y Murakami, años atrás, Stieg Larsson ha sido el indiscutible fenómeno literario de la presente temporada. Su trilogía, compuesta por los volúmenes titulados Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y, la última en aparecer, La reina en el palacio de las corrientes de aire, es, sin discusión, la sensación del planeta de las letras, ojo, no sólo en nuestro país, sino también, en otros cuarenta más.
Stieg Larsson, desgraciadamente, no ha podido asistir al triunfo de una narrativa, la suya, que te atrapa desde la primera línea. Falleció en 2004, a la edad de cincuenta años, justo cuando acababa de entregar el desenlace y en los instantes previos al lanzamiento del primer libro. Por suerte, tampoco asiste al espectáculo que están dando su compañera sentimental y sus familiares, con los que no tenía relación alguna, en la pelea por los derechos de estas novelas.
Pero, ¿qué tiene este sueco, comprometido con las causas sociales y que escribía de noche, además en secreto, para ser tan vendido?. Mi opinión, luego de leer las más de dos mil doscientas páginas que, así contado, pueden parecer una barbaridad, si eres poco aficionado a la lectura (no es mi caso) es que, desde la portada, con un diseño que escapa a lo habitual, hasta los títulos, aquí se ha hecho un campañón de marketing que, todo hay que decirlo, ha tenido éxito porque el producto es, bueno no, buenísimo. Porque las vicisitudes de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist son tan inverosímiles que, lo dificil, es no quedarte enganchado. Porque la prosa de este periodista y reportero de guerra, es clara, directa, fresca. Porque la crudeza de esta intriga es no tener ni idea de como se va a resolver todo ni para bien, ni para mal. Porque los héroes tienen un alto sentido del honor, de la justicia y de la amistad. Porque no hay secundarios. Ni Erika Berger ni Dragan Armanskjij lo son. Porque los malos, Zalachenko y su hijo Ronald Niedermann, son terriblemente malos.
En fin, no les puedo recomendar otra cosa, que no sea que la lean. Tienen, desde luego, tiempo y tarea por delante, si deciden hacerlo pero, seguro, no se sentirán defraudados cuando lo hagan. Es una auténtica novela negra.