jueves, 30 de julio de 2009

Conozco un sitio

Conozco un sitio donde pasar el estío. Un sitio donde huele a jazmín o a barbacoa -según te orientes-, la gente no para de moverse y se está fresquito. Un sitio donde no hay más techo que las estrellas y la Luna. En ese sitio, todo comienza cuando se marcha el Sol a dormir. Entonces, justo cuando inicia su reinado la noche, cualquier cosa puede suceder. Unos días vienen Russell Crowe y Peter Fonda montados en El tren de las 3.10. Otros John Wayne y James Stewart. Unas veces aparecen por allí contándote Mentiras y Gordas, Mario Casas y Ana de Armas. Otras te hacen El truco del manco, Langui y Ovono Candela. Este sitio, a veces, mira al mar para que veas La ola. Otras es un vergel donde crecen Los limoneros, de Eran Riklis o, Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda. En mi sitio, aunque se entra por una puerta que da, frente a los sevillanos Jardines de Murillo, a veces puedes llegar a Australia, otras a París, donde bailaras El último tango, lo mismo Al final del camino o, quizás, Lejos de la tierra quemada.
Mi sitio me recuerda a otros de la niñez. Unas veces estoy, en la castillejana Calle Jesús del Gran Poder y, otras, en la trianera Pagés del Corro pero, siempre, donde la imaginación se hace séptimo arte, en forma de luz proyectada en una encalada pared. Entrar no es caro, puedes ir siempre que tengas lo que valen dos cafés, no te piden que lleves ropa de los días señalaitos pues, no hay derecho de admisión y, lo que es mejor, aunque te ofrecen su comida, no te prohiben que lleves la tuya.
El sitio que conozco, desgraciadamente, tiene un problema: abre, únicamente, sesenta veces consecutivas al año e, inevitablemente, cuando el calor te empuja de tu casa a la calle. Lo bueno es que ya está abierto. Lo malo es que queda una muesca de almanaque menos para ir, aunque, eso sí, como ni tienen, ni quieren, la exclusiva de nada, comparten su entrada. Así que, si no quieres pillar el metro, el autobús o ir en tu coche, porque te da pereza o te cae lejos, siempre te dejan colarte desde Tomares o Espartinas, donde tienen otros pasadizos que no son, precisamente, secretos.
Bueno, como ya sabes donde me puedes encontrar, mejor te dejo, que están pidiendo silencio pues, aquí, solo tienen permiso para hablar, los grillos que se ocultan entre el escaso follaje de las aún más escasas plantas.
Como dices, ¿qué, todavía, no te dije como se llama mi sitio?. Tienes razón, ¡qué despistado soy!. A ver, debes abrir bien los ojos, pues, es fácil que no esté donde siempre, aunque dudo que, pese a la mudanza, sea distinto a como lo recuerdas. Estoy en el Cine de verano. En el Cine Rosales o, en ese que ves, mientras bajas con el carro por la Cuesta del Caracol, en el Cine de La Pañoleta. Solo que, hoy en día, para ahorrar, el proyector lo han traído al patio de la casa de toda la provincia, la Diputación.
¿Qué te parece?. ¿Te animas a venir?. Hay sitio para ti, seguro. Trae te también a cualquier amigo o amiga. Estaremos encantados de estar todos juntos.