martes, 22 de septiembre de 2009

El arte de Cádiz

Adoro a los gaditanos. Son mi debilidad. Durante muchísimos años, veraneé en la capital. Luego, lo hice en El Puerto de Santa María. Hace la eternidad de trece años, inicié la mili en San Fernando. Ahora, a mi mujer -que tiene media vida de curriculum a orillas del Atlántico- y a este humilde juntaletras, nos encanta escaparnos a Zahara o a Vejer. En fin... motivos tengo porque, no me faltan experiencias vitales, relacionadas con la Bahía y su entorno.

Por eso no me sorprende lo de Juan Antonio García, Juanito el ardentía. Para los que no lo conozcan, decirles que, este señor, no es ni un famoso, ni un poeta, ni siquiera un célebre artista y, sin embargo, todas esas cosas ha sido capaz de sintetizarlas en sus cortas, cortísimas, intervenciones como locutor  porque, a este chirigotero, el arte se le ha escapado a raudales, para formar el taco en ese Falla de arena fina, público de gallinero y ambiente carnavalero que ha sido, este estío, la Playa de La Caleta. Porque lo que ha hecho este socorrista, metido a speaker, ha sido eso, formar un lio de los gordos, un lio de los que pueden hacer que te despidan.

¿Qué ha hecho? se preguntaran. Pues bueno, tampoco ha sido tan grave. Lo que ha hecho ha sido poner una nota de humor, un detallito simpático como colofón a cada intervención desde la torre de vigilancia. Cuando pedía que no se jugase con pelotas, añadía que, por favor, se trajesen mejor un parchís. Cuando daba las horas, añadía alguna coletilla divertida... Pero claro, los que mandan que de guasa, deben andar cortitos, no lo han querido entender así, como lo que es, ha sido, el punto simpático del verano y, las mentes enfermizas de los que venden que, el buen trabajador, tiene que estar serio en su puesto, amagaron con ponerlo de patitas en la rue...

Y saben que. Que si tal cosa hubiese sucedido doy fe que, en Cádiz, cuna de la Libertad y de la Democracia, este cajonazo a las entrañas mismas de su forma de ser, de su modo de vida entre socarrón y resignado, de sus tipos tan conseguidos y de un estilo que es singular y genuino, no lo hubiesen perdonado porque, ¡pisha!, como cojones van a poné a un nota en el paro por hablar las mismas pamplinas que hablan la Teo y compañía, en cualquier Pleno.