jueves, 1 de octubre de 2009

Un español en Ferrari

Para los que somos seguidores de la Fórmula Uno, la fecha de ayer, quedará, por siempre, grabada en nuestra memoria. Recordaremos el instante y reviviremos lo que estábamos haciendo, sentiremos la misma íntima satisfacción, seremos tan felices como lo fui, cuando me enteré, mientras regresaba a casa a bordo de mi autobús, escuchándolo en Onda Cero.
Porque la oficialización del fichaje de Fernando Alonso, nuestro Fernandito, por ese monumento vivo que es la escudería Ferrari, no puede catalogarse, de otro modo que no sea como uno de los grandes hitos de la Historia del deporte de este país. Porque, que un español de Asturias, vaya a ser, a partir de la próxima temporada, el piloto principal de esa marca no puede tomarse, mas que como lo que es: la constatación de que, hoy por hoy, incluso haciendo sextos y séptimos la mayor parte de las dos últimas campañas, el mejor, el jefe, es de nuestra nación.
Y eso es mucho, que quieren que les diga. Muchísimo, pues no estamos hablando de una actividad cualquiera. Estamos hablando de la actividad que más invierte en tecnología, de la especialidad que más prima la destreza, de la competición donde más luce el talento. Estamos hablando de combinar el diseño, la innovación, la velocidad, la seguridad y de ponerlo todo en práctica, en una carrera por ser el más rápido. Y ahí, Ferrari, tiene pocos enemigos capaces de doblegarlo a lo largo de toda una trayectoria en el mundo del automovilismo deportivo. Por eso, no ponen a uno cualquiera al mando de su monoplaza. Buscan al más grande. Buscan un Rey para ponerle un trono con volante y pedales.
Por todas estas cosas, la transcendencia de la novedad informativa, de la tarde del último día de Septiembre del dos mil nueve, solo podrá ser juzgada, cuando pasen una pila de años, como un momento capital en la vida de una España, que quiere volver a intentar el sueño olímpico. Lo mismo es, porque nunca coincidieron, en el mismo tiempo, tantos genios bajo la misma bandera y necesitamos decirle al mundo que, en esto, tampoco van a poder con la vieja piel de toro porque, si un ovetense es capaz de llegar a la meca roja de Maranello, ningún reto puede ser imposible para los que compiten bajo esa rojigualda, que tanto respeto inspira en la arena donde se miden los campeones con sus oponentes.