martes, 27 de octubre de 2009

La historia de un hotel

Me van a permitir que les cuente, una pequeña historia, un cuento. Es breve, sucedió, relativamente hace poco, en el siglo pasado. Es parte de la leyenda de un establecimiento mitológico. Ahí va:
"Llovía copiosamente sobre la ciudad de Filadelfia cuando, un matrimonio mayor, entró en la recepción de un pequeño hotel. Allí, pidieron una habitación para pasar la noche y resguardarse del temporal. Por desgracia, el recepcionista que les atendió, se vio en la obligación de comunicarles que, ni en su establecimiento, ni en los colindantes, encontrarían acomodo pues, en esas fechas, se celebraba en la ciudad una convención. En ese instante, la pareja se dio la vuelta y se resignó a no encontrar ningún sitio donde dormir, encaminándose hacia la entrada. Lo cierto es, que al recepcionista, le dio por pensar que, en esa situación, podía encontrarse cualquier fecha él, por lo que, ni corto ni perezoso, tomó una decisión que decía mucho de su humanidad. Abandonando el mostrador, salio a su encuentro proponiéndoles, pasar la noche en la habitación que, para su descanso, le facilitaba a los empleados la propiedad y, sin aceptar el no por respuesta, agarró fuertemente el equipaje de ambos y los condujo hacia el cuarto.
Pero las sorpresas no habían acabado. Por la mañana, cuando intentaron abonar la cuantía en recepción, el joven empleado se negó a cobrarles aduciendo que, no existía tarifa y que, la dirección no consentiría cobrar por dormir en las estancias de los empleados. Agradecido, el señor, pronunció la siguiente frase:
"Usted es el Director que pondría en mi propio Hotel. Quizás, algún día haga uno y así, le pagaría este enorme favor", tras lo que, ambos, rieron y se despidieron.
Dos años después, aquel recepcionista recibió una carta en su puesto de trabajo. En ella, se le invitaba a una visita, recordándole la anécdota sucedida. La misiva venía acompañada por un billete de avión de ida y vuelta a Nueva York y, en ella, se le emplazaba a una cita, a una hora y en lugar concreto: A las doce del mediodía, en la esquina de la Quinta Avenida con la Treintaicuatro.
Allí, a aquella hora, bajo un sol que hacía más reluciente aún, la enorme mole rojiza del edificio, un anciano dijo: "Este es el hotel que he construido para usted". La única respuesta que recibió fue: "¿Es una broma, no?.
Y, así fue, como William Waldorf Astor, construyó el Waldor Astoria original y contrató a su primer gerente, al que la Historia recordará como George C."
Como estamos en crisis y la cosa está, digamos regular, les dejo, también, como conclusión, una cita que tomo prestada a Virgilio:
"Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido".