domingo, 10 de enero de 2010

¡Nieva!

Esta mañana ha nevado en la capital de mi maravillosomundo, Castilleja de la Cuesta. No sucedía desde el cincuenta y cuatro. Por desgracia, me lo he perdido pues, como saben, donde amanezco es en Tomares. Por suerte, también ha nevado aquí, como en Palomares, en Castilleja de Guzmán, en Valencina, en Gines... Da lo mismo, todas esas nevadas -que son la misma- me han sorprendido en otro sitio y, allí, realmente, lo que ha caído ha sido agua-nieve.
A la hora de autos, transitaba, en coche, por San Bernardo que tiene, como se han dado cuenta, nombre de perro de montaña. Era sorprendente ver a toda la vecindad, asomada a sus puertas y balcones, en una estampa más propia de pueblo que de ciudad. Pero es que, en ese barrio tan especial, sus habitantes viven como en cualquier otra aldea del Aljarafe lo hacemos. Tienen los mismos tics y, han festejado como blanco manto, lo que solo ha sido un espejismo.
El caso es que, una de las leyendas urbanas más extendidas, tras lo de Anastasia, la única Romanov que sobrevivió; tras lo de Elvis, el rockero que no falleció realmente; tras lo del enterramiento fantasmagórico de Lorca, se ha materializado para dejar de ser, eso, cuento, porque, aunque hay testimonios gráficos de lo de, hace más de cincuenta años, también los hay del alunizaje de los de la NASA y, aquello, tampoco se lo creen muchos.
Ahora, no hay duda, en la ciudad de la gracia y olé, también nieva, aunque, algunos, como este paria, no lo hayan sufrido. Son las paradojas de una urbe donde no gobierna la lista más votada y, donde el más antipático del mundo manda en el equipo de la simpatía. Son, las cosas de Sevilla, el sitio donde algunos ven una primavera eterna... y hoy andamos bajo cero.