jueves, 11 de marzo de 2010

11-M

¿La verdad?. Ahí va. Hoy es once de marzo. Sí, once de marzo. Los calendarios no deberían tener once de marzo, ni once de septiembre. Al menos no en España. Al menos no en EEUU. Tampoco deberían tener cierto número de julio. Al menos no en Inglaterra. Pero claro -dirán- si vamos a andar quitándole las fechas que no nos gustan a los almanaques, ¿en qué va a quedarse un año?.

Un año son trescientos sesentaicinco días. Me da igual lo que digan ciertos tocapelotas que vienen aquí a poner el punto sobre mi i. Repito, alto y claro: un año son trescientos sesentaicinco días y el de febrero, me la trae al fresco. ¿Comprendido?. Conque me entienda yo, a ustedes, los que vienen aquí a leer de buena fe, les sobra. ¿Por donde iba?. ¡Ah, sí!. Once eme. ¡Uff!.

¿La verdad?. Claro que sí. El once eme un trocito de este país se partió en mil pedazos. Para mi, ciertas cosas sucedieron, como dice mi gran amigo Enrique Santos, porque estaban escritas. El once de marzo estaba escrito en la sangre de nuestra vieja España, muchísimo antes de que pasara. Estaba escrito en la política exterior de todos los Presidentes, que unas veces se sentaban a comer en una mesa y otras en la contraria. Estaba escrito en las caras de todos los que cruzan el Estrecho, o vuelan desde Iberoamerica, o desde China. Estaba escrito en lo que sembramos entonces y en lo que estamos sembrando ahora. En las amistades de Bush y Blair y en las de Chavez y los Castro. Estaba escrito en el alma de una nación que no es capaz de encontrar su sitio en el mundo. Ni antes, ni ahora.

Así que, por la misma regla de tres, como aquello nos lo teníamos merecido los habitantes de este cachito de tierra, ahora también podemos estar en peligro. Porque el mal, está a un lado y al otro. Porque tan tenebrosos, tan peligrosos, son los radicales de la derecha, como los de la izquierda. Lo de siempre. El maniqueísmo barato. Lo que hagan los míos está bien y lo que hagan los otros, fatal.

Pobre España que ni muriendo doscientas personas aprende.