domingo, 11 de abril de 2010

Por qué de una portada

Durante los últimos meses, hemos asistido, atónitos, al montaje de la portada de Feria 2010. La citada estructura, representa el célebre símbolo NO-Madeja-DO y es atravesada por un avión de época. Por su espectacularidad, singularidad y originalidad ha merecido no pocos elogios y, sin duda, es un magnífico homenaje a la aviación sevillana y a Tablada, dehesa en la que han arrancado no pocos hitos de la aeronáutica hispana. Aunque es cierto que, hasta dentro de unos días, no podremos observarla finalizada, no es menos cierto que, en lo esencial, su contemplación es posible desde hace algunas fechas. Así que, como la puerta principal de acceso al Real este año, es tan especial, he querido acercar el por qué de esa elección a mi maravillosomundo.
Todo empezó, un veintiocho de marzo, cien años atrás. Ese día, el belga Jan Olieslagers, a bordo de un Bleriot XI, protagonizó los dos primeros vuelos de Sevilla, de Andalucía y, de esa manera, convirtió a nuestra ciudad, en la segunda del país, tras Barcelona, en contemplar aviones en su cielo. Fueron escasos veinte y cien metros. No llegaron ni a cuatro, los minutos en el aire. El dos de abril, se repitió la escena con idéntico protagonista. El seis, siete, ocho y nueve, diferentes compañeros se sumaron para, finalmente, el diez, este señor de nombre con pronunciación imposible, alzarse como vencedor de unos Juegos Aéreos, diseñados como colofón y presenciados por lo más selecto de nuestra urbe. Había comenzado así, la Historia de un amor que, terminó con la inauguración de una Base Aérea que, con sucesivas reformas y muy disminuida, continúa activa pero, sobre todo, lo que se plantó fue el germen, de una peripecia vital, que deparó alguna de las mayores proezas tecnológicas de la industria española y, alguna de las aventuras más insólitas que, héroes de carne y hueso, vivieron para poner el nombre de nuestra patria, en los libros de records.
Sin esa hora, no habríamos tenido el celebre, misterioso y trágico vuelo de Barberán y Collar, que unió sin escalas, por vez primera, la ciudad de la Giralda y Cuba, a bordo del desaparecido Cuatro Vientos. Sin esos cinco minutos cortos, no habríamos vivido el épico vuelo del Plus Ultra, con Ramón Franco, Julio Ruíz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada (aunque aquí, prometo contarles, otra vez, una bonita anécdota de, por qué, fue este hombre y no otro, quien hizo las comprobaciones mecánicas), vuelo que unió Palos y Argentina, cuyo regreso fue un homenaje del Rey Alfonso XIII y el General Primo de Rivera, a nuestra magna población, permitiendo que, quien cruzara el Puente con su nombre y que, como innovación y adelanto, tenía la capacidad de abrirse, que quienes surcasen a modo de inauguración, las fluviales aguas del Guadalquivir por el tramo de la Corta, fuesen, a bordo del Crucero Buenos Aires, estos personajes que tanta gloria acababan de traer. Sin ese día, nombres como los de Fernando Solís, fundador del Aero, o Joaquín García Morato, no tendrían ningún valor.
Así que, recuerdenlo, cuando se encienda, dentro de unas cuantas noches, la Portada de Feria de este año, que homenajea el centenario del sueño de unos locos visionarios. Esas luces, llevan el alma de estos señores y no son simples bombillas. Son las estrellas que ponen luz al anonimato de tantos y tantos trabajadores, de tantos y tantos operarios solitarios, personas sin cuya colaboración, este año no tendríamos el privilegio de decir que, como en tantas cosas, en Sevilla, somos pioneros.