martes, 8 de junio de 2010

Amar el vino con Antonio Barbadillo.

Me inicié en el mundo del vino con casi veinte años. No era una edad temprana, precisamente. Quizá influyese el hecho de que, en casa, no había una tradición especial. Tampoco ayudó a hacer crecer esta afición, el entorno que me rodeaba pues, de quienes me honran con su amistad, casi ninguno es amante de nuestra bebida por antonomasia. No vayan a pensar que soy un erudito, ni siquiera un entendido. Solo soy alguien que disfruta con una buena copa y que no tiene más pretensión que, conocer mejor, algo que le parece maravilloso por artesanal, respetuoso con la naturaleza y saludable (con moderación, se entiende).
Pero si no tuve una suerte especial con todos los antecedentes, desde luego, no me puedo quejar de los maestros que me han tocado: Rafa Bellido, Hiniesta Toro y, muy especialmente, Antonio Barbadillo.
Rafa, con mi amigo Santi Rodríguez, nos regaló una velada espectacular en Soravito, en el sevillano barrio del Porvenir. Allí, disfrutamos de un Denominación de Origen Alicante, Berinna, en su añada más conseguida, la del 2005. No todas las noches se degusta un noventa y cinco puntos en la lista de Parker pero, sobre todo, no todas las noches se hace, con un maitre de uno de los dos restaurantes de nuestra provincia con estrella Michelín, Benazuza.
Lo de Hiniesta fue más buscado. Conociendo ese santuario del néctar del los dioses, la tienda del PISA, De la tierra, saber que va a regalar sabiduría, toda una Nariz de oro y no ir a aprender, tendría delito. Gracias a ella, tuvimos la ocasión de asistir a una cata de todos los caldos de la familia riojana Eguren, los Sierra Cantabria, en el clásico de la Calle Betis (¡ y Olé!), Río Grande.
Mas, si hay alguien a quien tengo que agradecer un saber más amplio en este asunto, ese, sin duda, es mi amigo Antonio Barbadillo, un señor con nombre de vino y un cónsul de Sanlucar de Barrameda en la vieja Híspalis. Antonio nos concedió el privilegio de ser fundadores de su aula Amar el vino, a mi mujer y a mi. Lo hizo en su emplazamiento inicial del Hotel Inglaterra. Lo hizo con varias sesiones en las que nos condujo por alguna de las diferentes D.O. que tenemos en España: Rioja, Priorato, Ribera del Duero, Albariño, Pirineos, Valdepeñas, Montilla-Moriles, Xerez-Sherry, Sanlucar, Cava, etc... Lo hizo acompañando sus interesantes exposiciones, con la bebida de productos de las bodegas principales.
Imaginen que les explicase los fundamentos de la Fórmula Uno, un poné, Luca Cordero di Montemozolo. Imaginen que les hubiese iniciado en la pintura, por ejemplo, Picasso.
Pues, ese privilegio, lo tuvo quien firma justo al final de esta historia.
Por eso, hoy, cuando me ha llegado un correo en el que me pide, con la amabilidad habitual, de publicidad a un nuevo evento que organiza pero, sobre todo, a su nuevo blog, no he podido dejar de hacer lo que, en justicia, Barbadillo merece. Por eso, cumplo con la publicación de sus señas virtuales:
antoniobarbadillo.blogspot.com.
Ahí, van a encontrar lo que, hace unos años, encontré yo, las claves para amar el vino.