lunes, 12 de julio de 2010

Campeones del Mundo de fútbol

Se cerró el círculo. Desde anoche, la España deportiva puede presumir de una nueva muesca en su revolver: el Campeonato Mundial de Fútbol, quizás, de las pocas presas que nos quedaban por cobrar. Tras un intenso mes de calores y sudores frente a la tele, la Selección Nacional culminó con el solitario gol de Andrés Iniesta, un triunfo que se ha celebrado en nuestro país, con una unión insólita. De La Coruña a Barcelona, de Palma de Mallorca a Santa Cruz de Tenerife, de Bilbao a Sevilla, de Madrid a Valencia. En todos los rincones de la península, la alegría se desbordó. No hubo población, por pequeña que fuese, que no se tirase a la calle a celebrarlo. No hubo casa que no permaneciese con la luz encendida tras la medianoche. No hubo ciudadano que no sonriese ante el mágico movimiento de las banderas rojigualdas, afortunadamente, reclamadas como propias por todos sin excepción.
Campeones del Mundo de Fútbol, como antes lo fuimos de Fútbol-Sala, Baloncesto, Balonmano, Waterpolo o Tenis, entre otros deportes. El eterno sueño, tantas veces ansiado y frustrado, se hizo realidad. La culminación a la Edad de Oro de la actividad física patria.
Desde ayer, el Estadio del Fútbol de la Capital de Sudáfrica, forma parte de la leyenda de la Roja. Desde ayer, una misteriosa línea une un lugar de la Mancha y el fin del continente africano. Ni las presiones bastardas de la prensa inglesa, primero; argentino-chilena, después y, finalmente, holandesa, han podido con nuestra plantilla. Ni las malas artes de un cocainómano metido a entrenador. Ni los desmanes consentidos por un trencilla inglés, en forma de violencia disfrazada de transgresión al reglamento. Nada ha podido evitar que, nuestro Iker, besase anoche a nuestra Sara, mutado en capitán de la octava campeona mundial.
Y, si así ha sucedido, ha sido, sencillamente, por una única razón: porque somos los mejores, desde la base hasta la cúspide. Somos los más organizados, los que mejor empleamos nuestros medios, los que contamos con el personal más preparado y los que más esfuerzo dedicamos a formar competidores. No les hablo únicamente de Fútbol. Tienen ejemplos, en casi todas las disciplinas. El deporte de las tierras íberas, es el mejor del universo, hoy. Pueden repetirlo donde quieran que no faltaran a la verdad. Esa es una realidad que no admite discusión, que es irrefutable, que nos tiene que hacer tremendamente felices y que, a poco que acompañen las circunstancias, es extrapolable a otros órdenes de la Sociedad. Convendría tenerlo presente y ser capaces de aplicarnos a la tarea, con la misma intensidad que lo hacemos desde 1992. Miren que poco se tarda en pintarle la cara al mundo entero, en sentir la admiración del resto de naciones pero, sobre todas las cosas, que poco se tarda en sentir su infinito respeto.