viernes, 16 de julio de 2010

La Libertad de expresión ha muerto en el Ayuntamiento. Descanse en paz.

Hubo un tiempo en que creí, que eran solo unas personas las que poseían ese talante en el PSOE de Castilleja de la Cuesta. Pobre iluso. Hoy, rebasados los veinticinco años de régimen socialista, en lo que ha devenido en aldea aljarafeña, teniendo como punto de partida la inmensa prosperidad de una villa industrializada, tengo, tenemos todos, claro que, para nuestra desgracia como colectivo, aquellos jóvenes de familia bien, que nos vendían el camelo pseudo-progresista, lo que estaban haciendo era engañarnos porque, lo único que pretendían, era perpetuar el sistema de señoritos y siervos, la dictadura mamada en sus casas.
Se que estas líneas son duras, mas es la conclusión de alguien al que, para deslegitimar su opinión, se acusa de fascista y que, si tiene una satisfacción, es no tener que haber cantado el Cara al Sol en la cruz de los caídos y, poder decir con admiración que, ni su Padre ni nadie de su familia, vivió del régimen. Esa es mi memoria histórica. Lo mismo, algunos que tanto alardean de demócratas y de ADN de izquierdas, no pueden decir eso, repasando sus vivencias.
Por eso, viendo de donde venimos, no podíamos descartar que sucediese, lo que ha sucedido en el Pleno Ordinario de esta calurosa mañana de julio aunque, en honor a la verdad, el hecho lo han protagonizado, los dos que menos tienen que ver con nuestra población, de todos los que nos mal-gobiernan: El Alcalde ficticio y el real.
Hoy, han mostrado el cadáver de una Democracia en la que ellos no creen y a la que llevan matando muchas lunas, con nocturnidad y alevosía, en su sede de la calle Majón y en la vivienda de cierto periodista. Hoy, en la casa de TODOS los castillejanos, se ha vejado a una Concejala, se le ha negado la palabra y se la ha instado a irse, si no le gustaba lo que había. Tal cual, en vivo y en directo, con la presencia de ese cuerpo de Policía al que niegan sus conquistas laborales y al que tienen en pie de guerra. Los colegas de los del recortazo, los vástagos políticos de Pablo Iglesias, los adalides de los derechos, negando el mayor de los mismos, la Libertad de expresión. O callaitos o a la puta calle que, aquí, mandamos nosotros, traducido a garbanzos y chícharos.
No me sorprende porque, si pudiesen, a mi me amordazaban. Lo que sí lo ha hecho, ha sido el hecho de catalogar a la portavoz de la oposición, como el mayor peligro del Ayuntamiento de esta, la capital de mi maravillosomundo. Ante esta afirmación, tan equivocada, solo me queda, porque a muchos, como a este humilde junta letras, no vais a poder callarnos, una contestación encerrada entre interrogaciones: ¿Pero eso no sois vosotros, criaturitas mías, o nos puede pasar algo peor que lo que nos lleva pasando desde que llegasteis?