lunes, 19 de julio de 2010

Sabina y Duato

No entiendo a Sabina ni a Duato. Magníficos artistas que pretenden seguir viviendo de éxitos pretéritos. Personas que viven de un arte ya caduco que se resisten a abandonar la luz del triunfo. ¿Tan difícil es bajarse de la nube? ¿Tan difícil es reconocer que tu tiempo ya pasó? Preguntas incómodas que debieran hacerse, por respeto a un público que no paga por ver caricaturas de ayer.
Como tampoco entiendo, la mofa gratuita, ni la falta intolerable de sensibilidad. Porque, díganme, ¿que se gana insultando a los sevillanos desde un escenario? ¿que se gana vejando al aficionado al fútbol? Nada. Solo empequeñecer la trayectoria con salidas de pata de banco. Solo granjearse enemistades y que, el inmenso cariño ganado tras largos años de trabajo, se vaya -si quiera un poquitín- al traste.
Pero, aunque no os entienda, hay algo que nos diferencia a los tres. Vosotros dos, sois unos intolerantes; este junta letras que escribe blanco sobre negro, no. Por eso, respeto que podáis expresaos en esos términos. Como también vosotros, vais a tener que respetar lo que, para concluir, os voy a decir yo: Mientras más vaciláis de progres, de intelectuales, de modernos menos lo parecéis. Mientras más lucháis por alejaos de la imagen de la derecha hispana, más os acercáis. Mientras más criticáis, más ridículos parecéis. Porque, en el fondo, vuestro problema es de auto confianza y de complejos. Lo que usted, Joaquín Sabina, quisiera, es ser sevillano. Lo que, usted, Nacho Duato, desearía, es que le quisieran como queremos los españoles a nuestra Selección de Fútbol y, para vuestra desgracia, cuando miramos a los atrios donde os subís, para tapar, con palabrería hueca, vuestra manifiesta incapacidad, lo único que vemos es fósiles parlantes, vestigios de unos artistas que ni han sabido retirarse, ni saben vivir el ocaso de sus carreras con dignidad.