martes, 27 de julio de 2010

En la despedida del siete más grande

Se acabó lo que se daba. Raúl ya no es futbolista del Real Madrid. Recién cumplidos los treinta y tres años, el siete merengue abandona su casa desde que debutó en Primera División. Lo hace dejando unos registros inconmensurables, enormes, espectaculares, soberbios. Lo hace, con gratitud, con respeto, con honradez, con decencia; valores que deja como referencia, a quienes porten en el futuro la sagrada zamarra blanca. Lo hace, como el grande que ha sido, es y será.
Basta echar un simple vistazo a su currículum como madridista, para saber que será eterno, quien sabe si el más mítico que jamás pasará como local, por el coliseo de Concha Espina.
Máximo goleador de la historia del realísimo. Máximo goleador liguero de la entidad. Tercer máximo goleador del histórico de la Liga. Máximo goleador de los del Bernabéu en competición continental. Máximo goleador de la Copa de Europa. Segundo máximo goleador de las competiciones UEFA. Máximo goleador de la Selección española.
Jugador que más partidos ha jugado con los madrileños en todas las competiciones y, en particular, en la liguera, de la que es segundo en su tabla histórica. Jugador que más partidos ha disputado en Champions League y, en la roja, jugador de campo con más internacionalidades.
Seis Ligas, cuatro Súper-copas nacionales, una europea, dos Intercontinentales o Mundial de clubes y tres, de las copas orejonas.
Medalla de oro de la R.F.E.F.
Medalla de oro de la Real Orden al Mérito deportivo.
Medalla de oro de la Comunidad de Madrid.
Balón de plata, bota de bronce y tercero en el FIFA World Player.
Dos veces Pichichi liguero y otras dos, de la Champions.
Máximo goleador Mundial de 1999, para la IFFHS.
Mejor jugador de la Intercontinental 98-99.
Dos veces mejor delantero de Europa: 2001 y 2002.
Trofeo Alfredo Di Stefano al mejor jugador de la Liga y cinco veces Premio Don Balón al mejor de nuestra competición doméstica, más una a la mejor revelación.
Marca Leyenda desde 2009.
Y, para finalizar la inmensa hilera de galardones principales, olímpico en Atlanta.
Creo que, a la vista de la transcendencia de tales guarismos, no exagero un ápice si digo que, el ciudadano Gonzalez Blanco, es merecedor del aplauso unánime de un país al que dio, si quiera un poco, del gen competitivo que ahora derrochamos en el mundo. Creo que, no me paso, si digo que su modélica vida, ha sido clave para otros deportistas que, por imitación, se han hecho igualmente gigantes. Creo que, cuando corra el reloj, será un orgullo haberlo visto jugar, pero, por encima de otras consideraciones, creo firmemente, que su ejemplo de superación pues, sin ser el más fuerte, ni el más rápido, ni el más hábil, ha vencido a quienes si lo eran, creo reitero, es el legado más cierto que nos deja.
Adiós, Raúl. Que seas tan feliz como nos has hecho a muchos de nosotros.