lunes, 9 de agosto de 2010

Señora Obama: Enhorabuena por ser tan inteligente

Como me precio de tener un mínimo de rigor y de no dar pábulo al sensacionalismo, no voy a empezar diciendo, que los catalanes están de psiquiatra. Voy a tener la seriedad, con la que exijo se juzgue a nuestra amada Andalucía. Así, aunque podría colocar ese titular, aunque podría cargar las tintas sobre eso, aunque, en suma, podría agarrar el rábano por las hojas, no voy a hacerlo pues, pienso, no puede entenderse a un colectivo, viendo el comportamiento de unos pocos de sus componentes. Por eso, solo voy a mandar que se lo miren (con detenimiento y por buenos profesionales. Recomiendo al sevillano, con mando en la plaza mundial con más locos, Nueva York, Rojas Marcos) a los personajes, que han opinado, en los diarios La vanguardia y El periódico de Cataluña, con tanta alegría, sobre el supuesto folklorismo de nuestra región, con motivo de la visita de la primera dama norteamericana. Y, se lo tienen que mirar, porque no se puede tener tanta mala baba, ser tan desahogado y, sobre todas las cositas, no se puede disparar contra la economía nacional, por una cuestión de celos y de envidia.
Que la señora Obama haya venido a veranear a la Costa del Sol, no es algo ni buscado, ni pagado. Ha sido una elección personal y libre (de eso, con lo de los toros, no estáis, como colectivo, legitimados para dar lecciones a nadie).
Que la negrita haya querido visitar la Alhambra y Ronda, no es algo tan extraño. Es, ni más ni menos, que dos terceras partes del recorrido habitual que hacen, el noventa por ciento de los turistas que recibimos, aquí abajo. Lo raro, es que no haya querido venir a ver el tercio que le faltaba, o sea, el centro histórico sevillano. Otra vez será.
Que no haya querido ir, a las maravillosas Costa Brava, al archipiélago de las Baleares, o a la Costa Azahar, no es por culpa de los empresarios turísticos sureños. No, queridos míos, es, porque, cuando un extranjero decide venir a nuestro país, lo hace, al reclamo de los símbolos más genuinos que nos representan y, os guste más o menos, ninguno, son de ese trozo del terruño, que tantos encantos tiene y, desde el que masculláis vuestra rabia, en papel impreso.
Hasta ahí, ¿vamos entendiéndonos o no?
Sí, verdad. Pues, si así es ¿por qué tenemos que aguantar que nos ofendáis? ¿por qué tenemos que soportar, que comparéis nuestra amabilidad con la que se veía en el cine de Berlanga? ¿por qué debemos recibir una reprimenda, de aprendices en esto de recibir foráneos? ¿por qué nuestras autoridades han hecho el ridículo, por volcarse en el recibimiento si, las vuestras, se dedican a abrir embajadas por todo el planeta, para hacer lo mismo? ¿por qué os atrevéis a insinuar, que la Presidenta consorte y su séquito, no han estado a gusto por el agobio de los andaluces? ¿No se veía en su rostro y en el de su hija, la felicidad de ser tratadas como reinas? ¿Veíais hartura?
En serio, dais pena. Tela de pena. Pena grande, pena honda. Pena, penita, pena -que diría Lola Flores- ¿como podéis ser tan mamones y dormir tan tranquilos, cargándose la manera de ganarse la vida de otras personas?
Menos mal que, Michelle Obama, lo ha tenido claro y, para disfrutar de la Spanish experience, ha venido al sitio más auténtico de la piel de toro. Al pionero, al inimitable, al mejor. Ahora solo falta que, sus paisanos, vengan por la misma ruta: la ruta de la España que no se avergüenza de ser España. Y ustedes lo vean, comiéndose los mocos, pataleando o promoviendo una colecta de firmas, para prohibir el veraneo de la Casa Blanca en Villa Padierna.