jueves, 12 de agosto de 2010

Sobre el odio a Sevilla

Cierta vez leí que, en el reparto de los estereotipos andaluces, a los sevillanos les había tocado la peor parte. Según la teoría, los gaditanos eran los que tenían la gracia. Los malagueños, los innovadores y emprendedores. Los granadinos, por Historia, los más ricos. Los cordobeses, los habitantes de la capital de la tolerancia. Los jiennenses y onubenses, los más trabajadores. Los almerienses, los más productivos y, finalmente, los sevillanos, unos engreídos, soberbios, que despreciaban a los demás y se creían los mejores de la región. De ahí, salía la animadversión que tenían, el resto de paisanos, a los sevillanitos. De ahí, el odio atávico. De ahí, el mantra del centralismo acaparador. Tópicos que habían calado en la sociedad sureña.
A mi, que quieren que les diga, los tópicos no me gustan, pues sé distinguir entre este término y típico. Lo tópico es dañino, impide crecer y suele servir, para tapar carencias. Lo típico, es otra cosa, es tradición que hay que mantener, que alimentar, un legado que nos debemos obligar a conservar para nuestros descendientes. Lo tópico suele estar anticuado y superado. Lo típico suele ser antiguo pero vigente.
Es cansado tener que andar disculpándose de no se sabe bien qué, cuando conoces a, un poné, un choquero, un jerezano o un motrileño y, tras las presentaciones de rigor, una vez entrado en conversación, sale, indefectiblemente, el tema de como somos en nuestra provincia. Sobre todo, cuando uno es crítico, como es mi caso. ¿Por qué tenemos que justificarnos? Somos culpables de estar enamorados de nuestra Semana Santa y pensar que es la mejor del universo. Acaso en otros lares, no sienten lo mismo. O, somos más fanáticos que, por ejemplo, los granadinos con la suya. Tenemos que pedir disculpas, por tener una Feria de Abril, donde tiene preferencia el nativo porque, jerezanos o malagueños, tengan una más abierta. Hay que lincharnos por ser la Capital de esta Comunidad Autónoma. Nos tienen que mandar al cadalso, por recibir las inversiones que una conurbación, de millón y medio de personas, merece. Y, la pregunta del millón: ¿Tenemos que estar todos juzgados por una minoría que es idéntica a la existente en otras partes? ¿O, me van a decir, que en Málaga todo el mundo es innovador, que en Cádiz, to quisqui, tiene arte y que, en Jaén, todos viven del olivo?
Estas clasificaciones, hirientes y falsas, hacen mucho mal en la creación de una verdadera identidad andaluza. Porque esa es la única realidad que me interesa. Me pone pensar que, en el futuro, superemos estos prejuicios y nos unamos como un verdadero poder, para luchar por lo que nos corresponde. La evidencia de que somos una nacionalidad que, está denostada en el conjunto del país, con una Historia rica, con un futuro mejorable, que ha avanzado poco para lo que le correspondía y que, quizás, tenga una explicación diáfana, en el hecho de que es, por rencillas absurdas.
Sevilla no es perfecta. Están los que no quieren verlo, recreándose en un ideal y, los que somos contrarios. Como en todos los rincones del mundo, por otra parte. ¿Piden perdón por sus convecinos chouvinistas las demás provincias? A ver porque tiene que estar justificándose todo el día el sevillano por serlo.