martes, 31 de agosto de 2010

Serva Labari, el sueño de un chalado de la música

Eran, cuatro niños cantando, sentados en sillas de plástico blanco, en lo que hoy es un lavacoches. Cuatro majaretas con mucho arte y muy poca vergüenza. Cuatro amigos que solo querían que alguien los escuchara y, si de paso se sacaban unas perrillas, mejor que mejor. Ese es mi recuerdo de la noche de su debut. Al poco, el Safari y ese conjunto, bajaron la persiana... pero Él, no. Él no iba a bajarla nunca y eso lo sabíamos ambos. Porque Él, es un testarudo con cuatro amores: sus Montses, su familia, sus amigos... y la música; además de un tío muy fiel a si mismo, a sus cosas y a su palabra. A mi, al menos, me lo ha demostrado. Como también me ha demostrado, que no le van a hacer la estatua con las manos en los bolsillos y mira que, de esto último, hemos dudado un taco de gente.
Así que, cuando hace unos meses, me llamó una noche y me obligó -lo de pedir ni se lo planteaba- a escribirle unas letras para la portada de su disco, me dio por recordar lo importante de no rendirse jamás, sobre todo si, rendirse, implica renunciar a un sueño. Las cuatro pamplinas que le escribí, son parte de un librillo que es, a la misma vez (que diría el ditero que esperemos acabe donde Al Capone), un compendio de imágenes de la grabación de Serva Labari, haciendo música de calidad. Ahí están, mi compañero de aula Sofío, el flamante Hermano Mayor del Rocío de Tomares, José Alberto, el neoyorquino Luisma, un pedazo de deportista llamado Luis Pino y seis canciones como seis toros, a las que han hecho la faena de sus vidas para, Dios quiera, cortarle orejas y rabo en el ruedo del artisteo. Aunque, la verdad, Él, me cuenta que lo hace, para ponérselo a su chiquilla cuando se le acabe la voz. Cosa que me creo, aunque espere, el mayor de los éxitos de este proyecto.
Y si no, no pasa nada, que el triunfo no es ser famoso y millonario. El verdadero triunfo es, afeitar cada amanecer, frente al espejo, a un nota que se parezca al que soñaste ser, cosa que Él, mi compadre y hermano Pepe Montero, hace -y añado- con la misma honradez y dignidad que hace todas las de su vida.
Por eso lo quiero.