miércoles, 1 de septiembre de 2010

El elixir de Motril

Quienes suelen venir por esta negra página, sabrán de la predilección, de este humilde junta letras, por las historietas de abuelo cebolleta. Sabrán, asimismo, que me encantan las curiosidades de las empresas andaluzas, que ofrecen algo diferente: Inés Rosales, Bodegas Rubio, Antonio Barbadillo, etc, etc, etc. Hoy, toca cuento. El cuento de un abuelo al que se le ocurrió hacer una bebida, supuestamente caribeña, en la costa que moja la Alpujarra, tras toda una vida trabajando entre cañaverales.
Pocos saben que, en realidad, la caña de azúcar no vino del Nuevo Mundo; era conocida, ya hacia el 6000 A.C. en la India y China y utilizada, para la alimentación humana, desde el 3000. El recorrido de este cultivo, contrariamente a lo que se dice, es de Oriente a Occidente, o sea, del Índico al Mediterráneo y de este mar, al Océano Atlántico. De hecho, quienes trajeron a Europa esta planta, fueron los hombres de Alejandro Magno en el 325 A.C... Quienes introdujeron y adaptaron su plantación, fueron los musulmanes (tenemos textos de geógrafos como Al-Razi y Yakut, que hablan de la agricultura de las márgenes del granadino Guadalfeo)... Y, finalmente, quienes la pasaron a América, fueron los españoles en el segundo viaje de Colon, tras haberla dado a conocer en Canarias y las Azores. Es tan diáfano que no vino de allí, donde, sin discusión, ha arraigado que, ya anteriores al siglo XV, constan datos de la existencia de Aduanas de azúcar, en el Motril previo a la conquista del Reino de Granada.
Hecho este preámbulo histórico. Hecho este aclaratorio y reivindicativo recorrido, por su devenir, por el conocimiento de la materia prima, hablemos del resultado final, del elixir de la Costa Tropical, un tesoro que empieza a ser conocido y valorado, como lo que es: Un monumento al trabajo abnegado de Francisco Montero Martín, el tío Paco, que desde 1963, nos viene ofreciendo sus célebres Ron Montero y Ron Montero Gran Reserva que, como se ha explicado, son netamente andaluces, desde la raíz a la terminación.
El tío Paco, nacido en Abril de 1929 y, vinculado desde siempre, a la elaboración de azúcar por herencia familiar, tiene, a la hora de elaborar sus rones, dos máximas. Una, no tener prisa por vender. Dos, producir máxima calidad a buen precio. Por eso, construye su brebaje en barricas vírgenes de quinientos litros, rompiendo la tradición de emplear las ya usadas para bourbon o whisky. Lo hace por el sistema de envejecimiento de solera y criaderas, heredado de Jerez.
Mas, donde tiene un curioso sistema, es a la hora de comercializar. De todas las posibilidades, siempre, reitero, siempre, escoge la más económica. Así, su botella es la más barata y, en consecuencia, la más fea. Su etiqueta es la más simple y, hasta hace poco, era adherida a mano y, por ahorrar, hasta hace escasas fechas, su bodega tenía la luz ¡a 125! Casi ná. Sigo. Su embotelladora es de segunda mano y, su volumen de producción, está muy alejado de los estándares al uso, porque es minúsculo. Su ron tiene 40 grados, en lugar de los 37 habituales, porque empezó fabricándolo así y, al cambiar la normativa y bajar la graduación, considero que, adaptarlo, era encarecer costes. Por eso, su recipiente es de un litro, en vez de los tres cuartos usuales, porque ese cambio, implicaba dar menos cobrando lo mismo y, a eso, no estaba dispuesto este peculiar señor.
Podría continuar y contarles muchísimas más cosas pero, la verdad, no me apetece. Tienen la oportunidad de degustar esta bebida por solo diez euros el envase, y, en realidad, de lo que se trata es de luchar porque perviva, porque defender lo nuestro, es nuestra obligación y porque está en nuestra mano. ¿O acaso creen que, en otras regiones, no venderían esta Historia y esta bebida como algo singular y único? Pues eso, hagamos nosotros lo mismo. Verán como Andalucía, crece, realmente imparable.